Novedades de Graciela Zárate

sábado, septiembre 16, 2017

"A contraluz de embargo" es un poemario sobre un desahucio, el de la propia autora que escribe en tiempo real su primer año de vida tras la pérdida de todo lo material, su casa. Habla de la lucha, el desgarro, la esperanza, el valor de lo inasible para renovarse, cicatrizar y continuar camino.

 
"La lucidez de Esquizo" es una inmersión en la mente y realidad de un enfermo de esquizofrenia. El inusual punto de vista que nos presenta la autora al hablar en primera persona desde la posición del esquizofrénico, añade aún más valor a este libro para el que ha necesitado 3 años de documentación. Está prologado e ilustrado por Princesa Inca y Josep Grifoll, una poeta y un artista plástico que conocen la problemática desde dentro.




"Hoy todo huele a niña", la autora realiza un diario poético cuando viaja 12.000 km para presenciar la muerte de su padre con el que tuvo una relación traumática que la obliga a incursionar en la oscuridad de su infancia, el autoritarismo, la pérdida del germen...


"Poemas para dibujar en voz alta", un romancero interactivo para niños y niñas de 4 a 12 años. 
Se convierten en coautores ya que la propuesta de la autora es que lo ilustren e inventen los títulos de cada poema.
20 poemas sobre 20 temas de absoluta actualidad que exigen debate y reflexión en la realidad de la infancia de hoy.

Recital poètic Toni Clapés, Joan Vigó i Josep-Ramon Bach

jueves, septiembre 14, 2017

Avinguda de la Catedral, 08002 Barcelona

Acufènia - Mostra d'experimentació sonora i visual


Taller de Experimentación Poética


Javier Marías i Almudena Grandes a la Biblioteca Jaume Fuster / 'Star Trek, la nova generació': 30 anys d'aventures

Dilluns 18 de setembre, 19 h
Javier Marías conversa amb Antonio G. Iturbe
Javier Marías conversarà sobre la seva nova novel·la Berta Isla (Alfaguara, 2017) amb l’escriptor i periodista Antonio G. Iturbe.




Hi col·laboren: Alfaguara i Barcelona Ciutat de la Literatura
Segueix i comenta aquesta activitat amb #ParlemAmbJavierMarías
Accés lliure fins a exhaurir places



Dimarts 19 de setembre, 19 h
Almudena Grandes conversa amb Jacinto Antón
Almudena Grandes parlarà amb Jacinto Antón de la seva darrera obra, Los pacientes del doctor García (Tusquets, 2017), una nova narració de la sèrie «Episodios de una Guerra Interminable», que es presenta com una trepidant novel·la d’espies i d’intriga.
Més informació
Hi col·laboren: Tusquets Editores i Barcelona Ciutat de la Literatura
Segueix i comenta aquesta activitat amb #ParlemAmbAlmudenaGrandes
Accés lliure fins a exhaurir places











Dissabte 16 de setembre, de 10 a 21 h
'Star Trek, la nova generació': 30 anys d'aventures
La Biblioteca Ignasi Iglésias – Can Fabra celebra el trentè aniversari de Star Trek, la nova generació amb una jornada en què podràs gaudir d'una àmplia programació (xerrades, jocs, tallers i projeccions) al voltant de la sèrie.
Biblioteca Ignasi Iglésias - Can Fabra
Segre, 24-32
Tel 93 360 05 50
b.barcelona.ii@diba.cat
www.barcelona.cat/bibcanfabra

Homenaje a Agustín García Calvo


Homenaje a Agustín García Calvo
 
 

   
Sábado 16 de Sept. 19,30h.
Àgora Juan Andrés Benítez
Carrer de l'Aurora, 08001 Barcelona
 
Presenta: Iñaki García
                            
Recital: AiguaMaria
                     Llum Ventura
                     Nuria Basté
                     César Larriba
                     José Luis Ruiz Castillo
Guitarra flamenca: Raúl Vermejo
Cante flamenco: Juan Pedro Ríos Calatayud
Baile flamenco: Judit Barahona
Clausura: Felipe Aranguren
 
 

Música i Poesia a la Tardor


Poexcèntric Premià - Víctor López


En El laberinto de Ariadna: Dani Orviz, poeta, vídeo-artista, performer, actor y comunicador

martes, septiembre 05, 2017

PRÓXIMA TERTULIA

15 Septiembre 2017

Dani Orviz, poeta, vídeo-artista, performer, actor y comunicador


Dani Orviz

Es poeta, vídeo-artista, performer, actor y comunicador. En el año 2012 se proclamó Campeón Europeo de Poetry Slam tras hacerse con el título de campeón nacional ese mismo año. También, en el año 2013, consiguió la medalla de bronce en la Copa del Mundo de Poetry Slam celebrada en París. Ha viajado con sus palabras por los festivales más importantes del mundo, como los de Voix Vives (Francia), Festival Internazionale de la Poesia de Genova (Italia), Felix Poetry (Bélgica) Weiter Sagen (Alemania), Sziget (Hungría), Runo Viikko (Finlandia), Crazy Tartu (Estonia), Hit the Ode (UK) o el Festival de la Palabra de Puerto Rico, entre otros muchos. Cuenta, además, con una amplia experiencia como formador en los ámbitos escénicos y de la comunicación, realizando talleres, charlas y masterclasses para entidades nacionales e internacionales tan prestigiosas como el Instituto Cervantes, la Casa de las Letras Letterenhuis de Amberes (Bélgica), el Lycée Franklin Roosevelt de Reims (Francia), el Liceo Francés de Barcelona o el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), entre muchos otros. Ha publicado los libros de poemas “Mecánica Planetaria” (2009), “Muere sonriendo” (2012) y “La del medio de las Ketchup” (2014) “Viejo caos Universal” (2015) y “Massaslam volumen uno” (2016). Actualmente representa por escenarios nacionales e internacionales sus dos espectáculos poéticos: “Mecánica Planetaria” (basado en el libro homónimo) y “Massaslam”.

Con POLLOPOPOESÍA se ha propuesto volcar toda su vasta experiencia escénica y poética para intentar transmitir a los más pequeños la belleza y felicidad que puede proporcionar el trabajo poético.



Lugar: Aula dels Escriptors de la ACEC - Canuda, 6 - 5ª Ateneu - Barcelona
Horario: 18.00 h
Organiza: El Laberint d’Ariadna
Presenta: Anna Rossell

Entrevista a Carina Sedevich: “Para crear hay que conservar una mirada fresca sobre las cuestiones de este mundo”, por Rolando Revagliatti

Carina Sedevich: “Para crear hay que conservar una mirada fresca sobre las cuestiones de este mundo”



Carina Sedevich nació el 29 de junio de 1972 en Santa Fe de la Vera Cruz, capital de la provincia de Santa Fe, Argentina, y reside en la ciudad de Villa María, provincia de Córdoba. Desde 2003 es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional de Villa María. Es especialista en Semiótica, maestra en Ceremonial por el Centro de Altos Estudios en Ceremonial de Buenos Aires y profesora de Yoga Integral por la Alianza Cordobesa de Yoga. Cursa el instructorado en Técnicas de Meditación en la Escuela de Yoga Clásico y Científico de Córdoba. Participó en festivales de poesía en su país, Uruguay y Venezuela. Entre otros, ha sido incluida en los volúmenes “Antología Concurso Internacional de Poesía ‘José Pedroni’” (1996), “Antología Concurso de Poesía Universidad Nacional de Río Cuarto” (1998), “Muchachas punk vs. Poetas clásicos” (Compilador: Iván Wielikosielek, 2012). Publicó entre 1998 y 2016 los poemarios “La violencia de los nombres”, “Nosotros No”, “Cosas dentro de otra cosa”, “Como segando un cariño oscuro”, “Incombustible”, “Escribió Dickinson”, “Klimt”, “Gibraltar” y “Un cardo ruso”.


1 — Solicitamos el esbozo de un relato de vida, Carina: la tuya.
          CS — Nací casi a la medianoche de un jueves. Llovía y hacía mucho frío. Mi mamá estuvo en trabajo de parto por más de veinticuatro horas. Parece que mi cabeza era enorme y que me resistía a abandonar el útero. Mi papá me cuenta que el médico, un francés desalineado, no se sacó la bufanda durante todo el proceso y en un momento dado, cuando la cosa se puso especialmente complicada, se arrodilló en el piso de mosaicos helados para rezar. Fui la primera de cuatro hermanos.

Mi mamá asegura que al año y medio hablaba perfectamente y que a los tres sabía qué era el desamor. El primer grado de la escuela primaria lo cursé en tres provincias: durante 1978 me mudé con mis padres y hermanos desde Mendoza, donde estábamos viviendo, a Río Negro, y luego regresamos a Santa Fe. En mi ciudad natal cursé hasta cuarto grado y después, en Villa María, hice quinto en una escuela y sexto y séptimo en otra. Quizás todas estas mudanzas contribuyeran a que muy pronto comenzara a comprender el carácter contingente de la existencia y a forjar una personalidad afirmada en mi interioridad por sobre el contexto circunstancial o la pertenencia a grupos de cualquier índole. 

No recuerdo con alegría mi paso por las instituciones escolares. Adoraba leer y escribir pero no disfrutaba estar entre la gente: el contacto con mis compañeros me resultaba traumático y sentía que mis docentes me defraudaban. También sufría la imposición de permanecer en determinados espacios durante horarios establecidos y tener que realizar tareas que no estimulaban mi creatividad ni alimentaban mi espíritu. Para mí fueron tormentos la escuela primaria y la secundaria. Las instancias posteriores —educación terciaria, universitaria, posgrados— las transité apelando a un enfoque más pragmático —es decir, enfocada en el fin último: obtener la certificación— y aprovechando al máximo toda flexibilidad en materia de cursado. Siempre estudié mucho y tuve las mejores notas —recibí, por ejemplo, una distinción por ser la egresada con el promedio más alto de mi colación de grado— pero me incomoda hasta el día de hoy estar atada a horarios, actividades o espacios por pura burocracia institucional.
         
Mi hijo Francisco nació cuando yo tenía dieciocho años: vino al mundo durante la siesta del domingo 21 de abril de 1991, en medio de, quizás, una de las más difíciles etapas de mi existencia. Apoyada por mis padres y mis hermanos, que cuidaban de mi hijo, poco a poco retomé los estudios y comencé a trabajar. Fueron años duros, atravesados por momentos complejos. En 1998 apareció mi primera publicación de poesía, editada por el poeta Alejandro Schmidt para su colección Plaquetas del Herrero. Mi plaqueta se llamó “Una nube decapitada y grave”: esa era una de las líneas del primer poema. Estimulada porque a Alejandro le hubieran gustado mis poemas y también por el hecho de haber sido elegida en un par de concursos para integrar antologías, ese mismo año autoedité mi primer libro: “La violencia de los nombres”. En este punto debo aclarar que no empecé a escribir poesía a los veintiséis años: estimo que escribo desde los ocho, al menos.

          En el 2000 autoedité dos libros más: “Nosotros No” y “Cosas dentro de otra cosa”. Todavía me gustan mis primeras publicaciones —algunos versos más, algunos mucho menos, por supuesto—. Volví a publicar recién en 2012. Durante esos doce años en que no publiqué hice otras cosas: estudié y trabajé mucho, viví en pareja, perdí dos embarazos. Más allá de eso, aunque escribí poco, nunca dejé de escribir. A fines de 2011 terminó mi relación de pareja. Me mudé una vez más —me mudé muchas veces a lo largo de mi vida, por lo menos veinte— y escribí un libro muy doloroso, al que puse por título “Como segando un cariño oscuro”. Empezó para mí una etapa nueva, en la que escribir y publicar se volvieron cuestiones importantes, que me salvaban de la tristeza. La respuesta de los lectores, los colegas, las editoriales, era muy buena, muy alentadora. Sentía que tenía sentido. Escribí y publiqué mucho desde 2012 hasta hoy. Algunos poemarios fueron editados en España, también. Tradujeron poemas míos al italiano, al portugués, al mallorquín. Difundieron parte de mi obra en revistas de diversos países de Europa y de Latinoamérica. Participé de varios festivales internacionales. En el transcurso de esos años, asimismo, algunos músicos hicieron canciones con mis poemas, otros me invitaron a sumarme a shows musicales con mi poesía, varios periodistas y escritores comentaron mis libros o me entrevistaron acerca de mi vida y mi escritura. También hubo artistas plásticos y audiovisuales que se inspiraron en mis poemas. Estoy muy agradecida por la ocurrencia de todas esas cosas maravillosas.  



Ahora vivo sola, con mi gata Mimí, que me acompaña desde 2009. Trato de dedicar tiempo a las cuestiones que me hacen feliz, además de escribir: practicar yoga, cuidar de mi sobrina más pequeña, investigar sobre alimentación, preparar mis alimentos. Soy vegetariana desde hace veinticuatro años y me interesa la medicina oriental. Sé que soy una persona sana, pero a lo largo de mi vida padecí algunas afecciones —anorexia, depresión, ataques de pánico— que me llevaron a interesarme por la profunda conexión que existe entre organismo y espíritu. Hoy puedo decir con alegría que, después de mucho dolor y aprendizaje, transito cada día como si fuera el primero y el último de mi existencia: eso me permite estar en paz.  

2 — ¿Qué añadirías sobre tus poemas musicalizados y tus incursiones en shows?

          CS — El contacto con la música me fascina porque es un lenguaje técnicamente desconocido para mí. Las cosas hermosas lo son más si conservan algo de misterio. Por eso no me interesa saber cómo funciona una melodía o diseccionar un poema. Para poder crear hay que conservar una mirada fresca sobre las cuestiones de este mundo. Asomarme a un lenguaje que no manejo, entregarme a él y disfrutarlo plenamente, hace que recuerde que el arte es mucho más que conocimiento o ejercicio. El arte es revelación de la vida en verdad y en belleza, como dijo alguna vez Ernesto Sábato hablando de poesía.


3 — ¿Cómo es Villa María, su vida social, cultural…?

          CS — Es una ciudad tranquila, no muy grande. Soy agradecida y debo decir que a mí me ha tratado bien. De todas formas no soy la persona más indicada para juzgar el lugar en que vivo. En principio porque siento que no soy de aquí ni soy de allá. En segundo lugar porque de la vida social participo muy poco, lo imprescindible. Suelo pensar que me daría lo mismo vivir en cualquier otro sitio. A veces me complacería tener acceso a cines a los que trajeran las películas que prefiero, que no son las más comerciales, o a ámbitos más diversos para escuchar música en vivo o para comer. Otras veces me agradaría tener más cerca las montañas o el mar. Esas cosas. Pero siempre me las arreglo con lo que tengo a mano. No necesito estímulos extraordinarios ni demasiada compañía, en general, para estar a gusto y en paz. Diría que más bien todo lo contrario.


4 — ¿Prevés para pronto la aparición de algún otro poemario?

          CS — En breve se publicarán mis dos libros más recientes: “Cuadernos de Lolog”, por Postales Japonesas Editora, y “Lavar a la madre”, por Editorial Buena Vista. También estoy incluida en la antología “Atlas de poesía argentina”, que presentará en junio la Editorial de la Universidad Nacional de La Plata (EDULP). Y además, una editorial de Brasil me pidió mi libro “Un cardo ruso” para editarlo en ese país traducido al portugués.


5 — ¿“Estamos listos”, “Estamos a mano”, “Estamos muertos”, “Estamos hechos”, “Estamos hartos”, “Estamos enteros” u “Hoy estamos, mañana no estamos”?...

          CS — Hoy estamos, mañana no estamos. El presente es lo único que existe. Y cómo estamos es harina de otro costal. Una harina que molemos nosotros mismos cada día.


6 — “Me gusta el escritor desarrapado”, declaró el escritor español Enrique Vila-Matas: “Marguerite Duras o Roberto Bolaño, por ejemplo.” ¿Tenés a quién calificar así?

          CS — Leí con entusiasmo a Marguerite Duras en otras épocas. Admiro su originalidad como escritora, seguramente muy vinculada a las particularidades de su experiencia existencial y de su sensibilidad. No sé si desarrapados o no: considero que una expresión artística debe tener belleza, sentido y humanidad, y plasmar todo eso mediante una singularidad que no sea impostada. Es un equilibrio delicado que, sencillamente, ocurre o no ocurre.

7 — ¿Cuándo no hay que llamar, en poesía, “a las cosas por su nombre”?

          CS — En principio, debo decir que considero que la capacidad de expresarse artísticamente es un don: se tiene o no. Después, lo que un artista hace durante toda la vida es trabajar su voz, su estilo. Trabajar en lo que tiene para decir y en cómo. Crear y crearse a sí mismo como artista en ese trabajo. En ese camino y visto desde esa perspectiva, las cosas pueden decirse de maneras muy diversas. No creo en las recetas para escribir. Ni que haya palabras o formas que no deban usarse —aunque tenga, por supuesto, mis preferencias al respecto—. El arte se consigue o no, como un milagro. Como un prodigio se acerca uno, o no se acerca nunca, a esa expresión singular de belleza, sentido y humanidad.


8 — ¿Qué dirías que te pasó cuando finalmente no te pasó lo que, en alguna ocasión, deseabas que te pasara?...

          CS — Creo que nada “le pasa” a uno. Los hechos no suceden por casualidad, sino porque estuvimos actuando, consciente o inconscientemente, para que fuera así. Lo que ocurre puede parecernos inesperado, pero es sin duda lo que en el fondo esperábamos que sucediera aunque no fuésemos del todo conscientes de eso. A veces es difícil asumir lo que uno está haciendo cada día de su vida. Es complejo aprender a verse con lucidez. Puede sonar superficial o vacuo pero me parece que cada uno está donde ha decidido, con mayor o menor consciencia, estar.


9 — ¿Qué calle, qué recorrido de calles, qué pequeña zona transitada en tu infancia y/o en tu adolescencia, y/o en otras etapas de tu vida recordás con mayor nostalgia o cariño, y por qué?...

          CS — Ser melancólico —y yo he sido melancólica casi toda mi vida— es garantía de infelicidad: vivir en el pasado, es decir, fuera del presente, no puede traer a nuestro espíritu otra cosa que no sea tristeza. Si bien tengo buenos recuerdos, considero que todo tiempo presente es el mejor.


10 — ¿Incursionaste en la narrativa, en la dramaturgia o en el ensayo?
          CS — Leí cuentos y novelas ávidamente durante mi infancia y mi adolescencia. Sin embargo, intentar escribir algo así como un cuento o llevar siquiera un diario me mataba de aburrimiento. Ensayos tuve que consumir y escribir como parte de mi carrera académica: pura actividad intelectual, nada de magia. En cuanto a la dramaturgia, cuando era niña disfrutaba de inventar guiones de historias y actuarlos con una amiga. También me divirtió, ya adulta, frecuentar un taller de teatro durante algunos meses. Pero la diversión se terminaba para mí cuando se acababa la improvisación: prefiero, en la expresión histriónica, lo lúdico y lo espontáneo.


11 — ¿Me equivoco si se me da por imaginar que suscribirás en su totalidad estas afirmaciones de Raúl Gustavo Aguirre?: “El ejercicio de la poesía se tratará de una tragedia, y para colmo, de una tragedia solitaria: mal leídos y peor comprendidos, todos los verdaderos poetas, a pesar de las apariencias, son (desde el punto de vista del público) póstumos. La ventura del poeta es otra: consiste en realizarse en su supremo acto de comunicación (que es siempre un don, una entrega de sí mismo a los otros), realizarse en el acto supremo del poema. Y allí termina lo principal. El resto es circunstancia, azar, ruido o silencio de la Feria, y nada más. Literatura: el resto es literatura...”
          CS — El poema es comunión: interpelar a otro o sentirse interpelado por otro a través del arte genera una conexión profunda, maravillosa. Uno lee o escribe para tocar el alma, la propia y la del otro. Por eso es imprescindible ser uno mismo al crear, no mentirse, no impostarse. No concibo la creación si no es desde la propia singularidad y la propia verdad. Tampoco reniego de la soledad del que escribe: como somos únicos, en el fondo todos estamos solos. Es más, a veces la comprensión del mundo y de la vida nos es posible sólo cuando conseguimos aceptar la soledad. Es desde esa consciencia de nuestra soledad esencial que podemos interpelar a otros seres humanos.


12 — Cualidades: ¿en qué orden?: el valor, la bondad, la inteligencia, el humor.

          CS — Ninguna alcanza por sí sola. Sólo adquirir consciencia de las fluctuaciones de esas cualidades en nuestro espíritu puede ayudarnos a tratar de ser mejores. Si tengo que elegir me inclinaría por la humildad y la capacidad de dar y recibir amor.






 13 — ¿Qué talento podés haber sospechado que tendrías y no te empeñaste en desarrollar?

          CS — Tengo facilidad para los idiomas, pero siempre me pareció aburrido estudiarlos en una academia, fuera del contexto del uso cotidiano. Hubiera querido aprenderlos como aprendí el castellano: escuchando, hablando, inmersa en situaciones existenciales reales. No tuve esa oportunidad hasta el momento. De todas formas estudié algunos idiomas cuando fue preciso por distintos motivos: inglés, portugués, francés. También soy bastante histriónica. Me gusta entretener y divertir a la gente en las reuniones, actúo espontáneamente. Disfruto frente al micrófono o sobre el escenario.


14 — ¿Cuál considerás tu mayor extravagancia (sin o con comillas)?

          CS — Un amigo mío, escritor, solía definirme como “un espíritu libre”. Tal vez mi extravagancia sea el ejercicio persistente de la libertad, para mí misma y para con los otros. Respetar y promover la libertad de quienes me rodean es también ser libre. 


15 — ¿Qué esperás y qué no esperás de tus amigos?

          CS — Casi no tengo amigos ni amigas. No espero nada de ellos y me gusta pensar que ellos no esperan nada de mí. De ese modo todo lo que podamos recibir el uno del otro resulta una sorpresa. Siempre confío en que sea una sorpresa agradable, pero estoy preparada para lo desagradable, también.


16 — ¿Cuál ha sido tu recorrido en el específico área de la docencia? ¿En qué instituciones?

          CS — Nunca fue mi vocación dar clases. Lo hice en la universidad durante unos años porque me ofrecieron el trabajo y el dinero me venía bien. Me di cuenta de que como docente lo pasaba mal porque carecía de fe: fe en la disciplina que dictaba y en la institución. Eso provocaba que tampoco tuviera ninguna confianza en el proceso de enseñar y de aprender. Lo terminé de comprender cuando tuve la oportunidad de dar una clase de yoga: me sentí muy bien, porque sí creo en la disciplina y en quienes la practicamos. De todas formas tampoco es mi objetivo enseñar yoga: estudié y sigo estudiando con la intención de mejorar mi práctica diaria.



17 — ¿Cuál de tus poemarios considerás que más te conforma y por qué?

          CS — No lo sé. No es algo que me interese analizar. En lo más reciente suelo reconocerme más, pero no reniego de lo publicado —por más que, si me enfrentan a un libro viejo, pueda avergonzarme de una palabra, de un verso o de todo un poema—. El arrepentimiento es el más inútil de los sentimientos. Procuro confiar en mi criterio, en mi intuición, en mi trabajo: selecciono y corrijo intensamente antes de publicar. Es mucho más lo que he desechado que lo he publicado en mi vida. Tampoco invierto tiempo en revisar lo ya publicado: ya no soy la misma, no soy la que escribió ayer. Vivo y escribo hoy.


18 — Rodolfo Walsh infería que “la literatura es, entre otras cosas, un avance laborioso a través de la propia estupidez.” ¿Qué es para vos, entre otras cosas, la literatura?

          CS — La palabra literatura remite para mí a una asignatura académica: no me habla de poesía. Por eso no me interesa gran cosa el concepto de “literatura” ni las obras literarias que no son poesía. La poesía entró en mi vida espontáneamente, se me reveló, me deslumbró. Eso no me pasó nunca con otro tipo de escritura literaria. Creo que lo que es capaz de tocarnos de esa manera es arte, el resto no. 


19 — ¿Cómo procediste en la concepción de ese poemario que lleva por título el apellido del pintor austríaco Gustav Klimt (1862-1018)?

          CS — Procuro que cada uno de mis libros constituya realmente una obra, es decir, que guarde coherencia semántica y estilística. Suelo ordenar los poemas en capítulos, atendiendo a los matices que en ese sentido van apareciendo: cada sección tiene su propio clima, su color particular. Y el título de los libros es siempre un verso o el fragmento de un verso que, además de gustarme y parecerme atractivo para el lector, condensa, de alguna manera, el espíritu del libro. “Klimt” no habla del pintor: se refiere en un poema a uno de sus cuadros. La conexión que guarda el título con los diferentes componentes de la obra es múltiple, difícil de explicar: prefiero que cada lector la conciba por sí mismo.


Carina Sedevich selecciona poemas de su autoría para acompañar esta entrevista:

Oración para la piedra de la mesa


Piedra de la mesa
con salteadas estrellas
de mica de los ríos
bajo el sol:
consuélame.

*

Piedra de la mesa
que mi alma
repasa
como frente a un espejo:
¿hay consuelo?

*

Piedra de la mesa
más pacífica
que el río y que los árboles:
acógeme.

*

Piedra turbia
sobre la que escribo una palabra
sin sujetarme, aún,
a tu silencio.

*

Piedra dulce
en la que se fijan
las piedras de mis ojos
como anclas.

*

El viento se mueve.
Mi corazón se mueve
pero ansía ser como la piedra
constelada
que sostiene mis brazos
mientras mis brazos
sostienen mi frente.

*

Piedra de la mesa
perfumada en verano
por partículas de sal.
Demasiado dura
para estar con otros.
Demasiado vieja
para no callar.

*

Piedra de la mesa
dulce como un muerto:
hace mucho tiempo
no miro mis manos.

*

Piedra de la mesa:
olvida mis palabras.
Seres amados:
olviden mis palabras.
Campanas de la catedral:
escriban
sobre mis palabras.
Caireles de la florería:
eleven sus palabras
por mi niña.

—Pájaros:
busquen el agua.
Es domingo.—



                    (de “Lavar a la madre”)


***


El maestro de tai chi (fragmento)



1

Dice el maestro
que si dispongo el corazón
para transcurrir cada jornada
como si el cuerpo ya estuviese muerto
podré concebir la libertad.

*

Regreso a casa.
Atiendo mi frágil organismo.  
Lo nutro
con vegetales poderosos.
Por más que ya no río
y ya no lloro
procuro, a diario,
estirar mis músculos.

*

Es acuciante
elegir entre vivir o morir,
dice el maestro.

*

Pero es verano.

Tremolan, invisibles,
las cigarras.
Una vez encontré una
entre la arena.
No parecía
dispuesta a morir
aquella tarde.

*

Dice el maestro:
una cigarra
puede vibrar intensamente
hasta morir.


2

Tarde de enero.
Enjuago mi ropa y mi vajilla.
El agua viene tibia.
Es un mal día.
Hace diez años
perdimos un bebé.  

*

—Si cocino cebolla
mis fluidos son dulces
y mi piel se vuelve
más sedosa.—

*

Hay sitios donde guardan una piedra
por cada ser perdido. Una piedra
por alguien no nacido
es demasiado sólida, quizás.
Podría procurarme una ligera,
que hubiera sido alisada por el agua.

*

—Con un ancho cuchillo cebollero
rebano mi repollo colorado.
Abro sus fibras blancas y violetas.
Cuando las mojo el agua se azuleja.
Cae la tarde. Lenta. Encapotada.—

*

Así escribió el guerrero apuñalado:
si no supiera que me encuentro muerto
lamentaría perder la vida hoy.


3

Somos menores que una piedra.
De ahí que elijamos una piedra
para señalar las sepulturas.

*

—Sobre la hierba seca corre mejor el viento.
Sobre las grandes extensiones de hielo
es sólido el silencio.
Sobre la piedra
reverbera el sol de la estación
y guarda el frío
el paraje umbrío
en su interior.—

*

En medio de una gran catástrofe
la complexión del tiempo
se revela.
Provisoria, siempre,
hasta el final.

—¿Es distinta la vida cualquiera
a la de un prisionero de batalla?—


                                
                                     (de “Cuadernos de Lolog”)


***


La eufórica luz de los membrillos


1

Alcancé tu mano por primera vez
como una niña
tocaría un membrillo entre las ramas.
Cítrica, cruda,
era la ofrenda de tu mano muda.


2

Porque esa noche pude tocar tu mano
hoy que vuelve la escarcha
yo me amparo
en la eufórica luz de los membrillos.


3

Quiero abrazar un arpa y que sus cuerdas
dejen caer las voces de los pájaros
que merodean el árbol de membrillos.


4

—Y si un membrillo por azar se cae
podré mirarlo como miré tu mano:
aquella dulce materia sobrehumana.—


5

Existe una manera limpia
en cada gesto de tus manos finas.
Miro con pena como el aire oxida
la carne dura del membrillo roto.


6

Tarde de octubre. Fascinada 
—bajo el lapacho que arrasó el granizo—
en una oración por el membrillo
repito el fragor del amarillo.



                                  (de “Un cardo ruso”)


***


En una película oriental
los muertos eligen un recuerdo
para vivir en él como un insecto
inmóvil en un ápice de ámbar.

Buscan momentos sin exaltaciones
en los que no pudieron vislumbrar
resabios de pasado o porvenir.

Al fin,
prefieren recordarse solos.



                                (de “Un cardo ruso”)


***


Unas láminas de sarro se desprenden
y golpean las paredes de mi jarra.

Pienso en brillantes filamentos de mica
ocultos en la arena de los ríos.

Pienso en las mangas mojadas
que los poetas chinos
prefieren nombrar para no hablar
de sus lágrimas.



                                     (de “Gibraltar”)


***


El olvido es un fruto que requiere trabajo.

Casi siempre tardío, pero rara vez dulce.
No es uva ni es la parra donde pende el racimo.

No es como la sombra que daría la parra
ni como sus raíces contraídas y bruscas.

Se parece a la piedra del cantero y la fuente
que apisona la parra, que la ordena y la ciñe.

*

Hay que hacer saltar el olvido de un golpe
como a una piedra caliza en la cantera.

Que se entibie en la mano que quiera tallarla.
Sea opaca a los ojos. Sea venérea y ajena.

*

Una piedra tan blanca es casi como un niño.
Casi un sacramento para mí.

Inclino mis huesos como panes ácimos
sobre cunas que guardan el amor ajeno.

Qué fue de la ternura que pude sentir.
La siento en la garganta bajar como una hostia.



                                  (de “Gibraltar”)


***

Entrevista realizada a través del correo electrónico: en las ciudades de Villa María y Buenos Aires, distantes entre sí unos 570 kilómetros, Carina Sedevich y Rolando Revagliatti, 2017.

www.revagliatti.com 






Mem

jueves, agosto 31, 2017

Montserrat Cortadellas.
Exposició del 10 de setembre al 15 d'octubre

L'aigua i la casa com a símbol

Aquest treball pretén recuperar la nostra memòria simbòlica, afegint-hi nous símbols basats en imatges, conceptes i problemàtiques actuals.

Les imatges fotogràfiques han estat construïdes a partir de dos elements bàsics: l'element aigua en els seus diversos estats (líquid, sòlid) i l'element casa com a habitatge. També s'ha jugat amb la simbiosi entre ambdós conceptes —casa i aigua—, en diferents proporcions, situacions, ubicacions, proporcions i emplaçaments.

D'aquí emergeixen conceptes com el control, la mesura, el perill, les circumstàncies, la memòria, l'oblit; i sensacions primàries com la por, l'angoixa, el desconeixement o retrobar sensacions perdudes.

En la presentació es confronten referents simbòlics de diverses tradicions i cultures, tan ancestrals com contemporànies (psicoanàlisi, religió, prehistòria, Egipte, ecologisme), a partir d'adjectius que ens remeten, cadascun d'ells, a un concepte, una metàfora, un símbol o un fet.

MCB

POESÍA A ESTE LADO DEL RÍO

lunes, agosto 14, 2017


II Festival de Novel·la Negra del Garraf Cubelles Noir

martes, agosto 01, 2017



II Festival de Novel·la Negra del Garraf Cubelles Noir

Del 17 al 20 d'agost de 2017.

Programa i informació:
www.cubellesnoir.com

"Ardua" de Rolando Revagliatti / 3ª edición corregida

Se encuentra disponible para ser leída, impresa o incorporada a bibliotecas virtuales, blogs u otras plataformas, sin previa autorización, la tercera edición electrónica (corregida) en PDF y en versión FLIP (Libro Flash) del poemario "Ardua" de Rolando Revagliatti. Hemos agregado links recíprocos (de ida y vuelta desde el índice a los poemas y viceversa) para una navegación más cómoda por el documento. El diseño integral y la diagramación es de Patricia L. Boero. Para acceder a la versión FLIP, directamente a través de la página de inicio del Sitio. 

http://www.revagliatti.com/arduanee_e.html

Nueva reseña de "El INSOMNIO DE LOS VERBOS CANSADOS", a cargo de Mª Pilar Blanco Unzué

domingo, julio 30, 2017

RESEÑA DE  “EL INSOMNIO DE LOS VERBOS CANSADOS” DE MARIAN RAMÉNTOL

Existe un elemental pacto entre la vida mortal y la genuina muerte que vive.

No trataré de ser trivial en la apreciación del conjunto poético de Marian ni de enmascarar gratuitamente el principio de “belleza” a base de palabras impostadas que a poco conducirían; no.

Para ser justos,  la razón primordial,  toda vez que simple,  en cualquier análisis de la obra,  bien  debiera  partir del conocimiento previo de la persona.
 
Surge  el primer impacto. Otorgar el perdón, la virtud exigible
qué hacer si ante unos ojos atónitos urge adelgazar la tristeza y además conciliarla con el perdón.
 
Es un riesgo necesario adentrarse en la amabilidad de la noche tanto como  hacerla plegaria, quasi advocación.

La muerte deja de ser la misteriosa fuerza motriz que tal vez  solo la autora domine hasta el punto de prestárnosla para encararla como sublime.

Y fluye sin espina dorsal el mar,  más ímpetu que figura retórica,  adversa transacción de mi Heráclito oculto…

 
Qué fue antes, la verdad o la poesía.

Qué misterio   anida en la peculiar   verdad irreversible  que la autora dibuja, perfila y pule con buril sin otra finalidad que alumbrar  el patetismo de la palabra nunca leída,  jamás interpretada.
 
Cómo elucidar con éxito el origen del poeta sin antes aventurar que únicamente a él (a ella, en este caso)  incumbe ser dueño de su silencio, premisa sine qua non el corazón es el que habla.

Desasirse de la muerte viene a ser  el  reto constante  en  la obra para abrazarse  a  sospechosos amaneceres.

Mas el pronóstico se precipita. Y  bien cerquita del ciclón de anónimas humedades,  discurre plácida una suerte del tan cantado “vivo sin vivir en mí” teresiano, solo que ahora, sin miramientos, la autora nos conduce  con mano certera, firme, segura,  a su terreno para  resolver en una espléndida oda a la vida donde absolutamente la muerte carezca de esquinas y acaso el augurio inalienable  sea  eso nada más: preámbulo  de todo un nombre  (sic pág 22)

Quién sino un aspirante a la derrota osará poner en duda que la muerte sea la máxima pedagogía vital. El exquisito maridaje entre el peso pesado de la inmortalidad con el dolor más intolerable sin adornos hueros, sin concesiones al verso valuado apenas en humo inconsistente.

Será pretencioso abordar íntegramente el ‘Insomnio de los verbos cansados’ sin siquiera  la garantía de haberse zambullido por entero en tan proceloso maremagnum de términos, a veces piezas inconexas de puzzle  con el  resultado no siempre feliz que una  construcción lógica exigiese.

Mirar a los ojos a Marian hace  necesario  desterrar la falsa ilusión de que con justeza  su  opus  nos eporte al fin  un como  bálsamo al modo de remedio inocuo.  He  expuesto, incluso advertido, con anterioridad la escasa o nula tregua a lo amable si como tal amabilidad admitimos en exclusiva el discurso ortodoxo, siempre trufado de los cánones  que un hipotético lirismo impone.

Siempre, omnipresente y a nuestro favor, el mecenazgo del verso solidario, nunca complaciente,  que dejó de ser tea encendida para  hacerse ceniza unitaria  con cada lector.

Guía  y asamblea desarticulada en que todo parece estar perdido salvo  el relevante codo con codo del miedo  con la extrema paz que solo lo amado justifica.

En otras palabras, ‘no seré yo quien a mí se aferre’ una vez abocados al mismo abismo de sal del que surgimos.

Y el denso dilema del yo sin mí.

Establezcamos  un principio de ecuanimidad  si queremos ser condescendientes con este opus insomne, que nos hiere el alma que a todo riesgo confraterniza,  con extraordinario vigor, con  quienes hemos apostado desde el principio por no  ser letales ni ser frágiles ni ser causa primera del  perdón. Y a quienes, también desde el principio, nos imprimían a fuego  resurrección, muerte, vida, estrofa , esplendor, liviandad y miseria a un tiempo, a partes iguales.

-las palabras manchan porque los silencios mueren-

Como ejercicio sensual,  con pericia y paciencia monacales,  nos tienta  Marian al doble juego de adivinar a qué huele el drama, a qué saben el invierno  y su incendio,   qué pesadilla irisa en mil tonalidades grises el azul mar deshabitado, qué más nos quedará por trenzar que el poema desoiga.

La respuesta no querrá  hacerse esperar.

Es así.  Es el colofón  sin réplica , inigualable a mi juicio:

Ay, la última mirada.

El anchuroso  abrazo  maternofilial envolvente que a solas  tan solo la belleza derrama a su antojo

“he venido para erosionar tu ausencia,
vertebrar el ruido del agua en tus pulmones
y convertirlo en un réquiem bellísimo
para todos mis pedazos…”



Y para cerrar esta suerte de círculo excéntrico.

 “Existe un elemental pacto entre la vida mortal y la genuina muerte que vive”

tanto, como para disentir  del modus operandi en esta indubitable pieza maestra de Marian, ilustrado con que

“las palabras mienten, sobre todo las de Dios”


Firmado: María Pilar Blanco Unzué
En La Almunia de Doña Godina Julio del 2017
Mª Pilar Blanco (Zaragoza 1943). Docente de educación primaria y secundaria especializada en música.
Ha publicado el libro de poemas "Séptima sensible". Alkaid ediciones 2016.








Patricia Severín: “Sandor Marai tiene personajes femeninos increíbles” Entrevistada por Rolando Revagliatti

martes, julio 25, 2017

Patricia Severín: “Sandor Marai tiene personajes femeninos increíbles” Entrevistada por Rolando Revagliatti

Patricia Severín nació el 10 de agosto de 1955, en la ciudad de Rafaela, provincia de Santa Fe, Argentina, y reside en Santa Fe, capital de la provincia. Es Profesora de Castellano, Literatura y Latín, egresada del Instituto Ángel Cárcano de la localidad de Reconquista, y ha obtenido un postgrado en Sicología Gestáltica en la Asociación Gestáltica de Buenos Aires. Participó en simposios nacionales y de Paraguay, Chile y Perú con trabajos de ensayo y crítica literaria. Poemas y narrativa breve de su autoría han sido incorporados a numerosas antologías de su país y del extranjero. Publicó los volúmenes de cuentos “Las líneas de la mano” (Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores 1998) y “Sólo un amor”(Premio Único Publicación ASDE 1999); la novela “:salir de cacería” (2013); los poemarios “La loca de ausencia” (Faja de Honor de la SADE 1992), “Amor en mano y cien hombres volando” (en colaboración con Adriana Díaz Crosta y Graciela Geller), “Poemas con bichos” (Premio Fondo Nacional de las Artes 2001 y Premio Municipalidad de Buenos Aires por obra édita, bienio 2002-2003; dos ediciones), “Libro de las certezas” (Mención Especial del Jurado Premio Macedonio Fernández 2008), “El universo de la mentira” y “Abuela y la niña”. Entre otros, recibió el Primer Premio en cuento en el Concurso Nacional Alicia Moreau de Justo, el Primer Premio en cuento “Las Tierras Planas”, Premio Publicación Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Santa Fe. 

1 — Agosto del ‘55…

          PS — Nací en el mes que comienza con la caña con ruda y termina con la tormenta de Santa Rosa; mes frío y ventoso, aquí en Santa Fe, y sobre todo en el campo. El año fue el de la revolución que se dijo “libertadora”. Quizá estos sucesos marcaron mi vida; tanto alboroto dio como resultado que mis días siempre fueran dispersos: campo ciudad, ciudad campo, de aquí para allá enlazando escritura, trabajo, casas, viajes, amigas de las buenas, tres hijas mujeres, un varón, y una constancia a toda prueba haciendo de éste, mi pedacito de mundo, el paraíso que siempre anhelé.

          Escribo todo y a pesar de todo, desde mis lugares ocultos, desde la furia y el abismo, la garra y el desamparo. Me gusta conjurar palabras y usar las del amor (las que mejor me suenan), pero también invoco a las perversas, las gastadas, las superfluas, las bastardas. A lo largo del camino aprendí a callar y evito que me roce el miedo. Vivo y viví siempre en la llanura, con calor, río y distancia. Girando en mi provincia entre campo monte mosquitos y ciudades. Y por mucho tiempo, mi trabajo, fue el de productora agropecuaria: cría de ganado en el noroeste de la provincia.


2 — Rafaela. Pormenoricemos sobre las dispersiones de aquella y de esta Patricia, siempre residiendo en su provincia.

          PS — Nací en Rafaela, ciudad gringa, colonia de piamonteses. Me fui de ella a los dieciocho a estudiar a la capital de la provincia, pero en vez de estudiar me casé y tuve cuatro hijos. Mi padre murió no bien yo me fui a estudiar, y creo que una rebeldía me tomó por dentro e hizo que cambiara el rumbo casándome tan joven. A los pocos años murió mi hermana y otra vez se modificó mi camino: me fui a vivir a Reconquista, cerca de mi madre. Después vino la separación, a los veintiocho, quedarme con mis cuatro hijos, todos chiquitos, trabajar en el campo (Huanqueros) y paralelamente estudiar Letras. Es por ello que el ir y venir siempre fue una constante. Comencé a escribir desde niña pero recién en ese momento —después de la separación y con la carrera de Letras— me sistematicé. Por ese entonces (1983), María Angélica Scotti y su marido, Walter Operto, vivían en Reconquista, en ese exilio interior en el cual migraron algunas familias en el tiempo de la dictadura. Con ella me inicié en los talleres literarios y, junto a la carrera de Letras, me ordené en las lecturas. Nunca más deje de escribir. Y algunos premios importantes, como el de Alicia Moreau de Justo, me confirmaron definitivamente el rumbo de mi destino.

          Desde hace casi diez años vivo en Santa Fe capital. Como soy reincidente, volví a casarme y rearmé mi vida en este lugar. Amo deambular y por ello, con mi marido, compramos una casita en las sierras para seguir yendo y viniendo.


3 — Editorial Palabrava, por un lado, y Lectobus Alas de Papel, por otro, te tienen desde hace unos años “al frente”.

          PS — Editorial PALABRAVA surge ante la necesidad de modificar los términos autor-editor-distribución-libreros. Junto a Alicia Barberis y Graciela Prieto Rey, una calurosa siesta del enero santafesino, nos juntamos a delinear un proyecto diferente. Nos dimos cuenta de que lo que queríamos para nosotras (derechos de autor justos, por ejemplo, y visibilizar nuestros libros) lo podíamos extender hacia los demás escritores y escritoras de la provincia. Hablamos con diario “El Litoral”, empresas, organismos e instituciones, y así nació el primer proyecto de narrativa que distribuimos con el diario: “Las cuatro estaciones de la palabra”, a muy bajo costo para que todos pudiesen adquirirlos. Allí publicamos nuestros libros y también los de Enrique Butti, Carlos Morán, Sara Zapata, Alfredo Di Bernardo y Ángel Balzarino. Paralelamente editamos una colección de poesía, “Anamnesis”, dos libros infantiles en una colección que se llama PALABRUJULA, y coeditamos otros con la Universidad Nacional del Litoral. Este año comenzamos un nuevo proyecto: DOS RÍOS, en una salida anual de dos libros juntos; una autora de amplia y reconocida trayectoria, Angélica Gorodischer, de la ciudad de Rosario, y un autor novel, Jerónimo Rubino, de la ciudad de Rafaela. Además, en “Anamnesis”, publicaremos —ampliando nuestro proyecto— a Olga Zamboni, de la provincia de Misiones y a Lucía Carmona de la provincia de La Rioja. Estos libros, trabajados con fotografías, que se entrelazan con los poemas, son la vedette de la editorial.

          El Proyecto del “Lectobus” viene de la mano de Alicia Barberis y consiste en llevar la lectura a barrios vulnerables y pequeños pueblos de la provincia. La idea es ofrecer a los niños, a través de la lectura, un mundo más amplio y —a su vez— dejar personas capacitadas que faciliten, desde su lugar, la pasión por leer. Si queremos una sociedad lectora tenemos que comenzar despertando el amor por los libros en los chicos.

4 — ¿Cómo fue “escribir junto a” otras dos poetas ese volumen con firme resonancia refranera? ¿Se trata de poemas compuestos por las tres?

           PS — ¿“Amor en mano y cien hombres volando”? Fue un proyecto extraordinario que escribimos con Graciela Geller y Adriana Díaz Crosta en épocas de cartas enviadas por correo. No había e-mail en ese entonces. Yo viajaba de tanto en tanto desde Reconquista a Santa Fe, donde me juntaba con ellas y hacíamos una especie de taller: un poema contestaba al otro o continuaba la temática o la disparaba hacia otro lugar. Fue un libro revolucionario del cual aún tengo grandes satisfacciones. Mis dos amigas fallecieron en distintos años en dos 25 que no se pueden olvidar: 25 de mayo y 25 de diciembre. Eran dos poetas que marcaron rumbo. Con Graciela publicamos luego las obras completas de Adriana, y el año que viene sacaremos en “Anamnesis” el libro inédito que quedó de Graciela.

          Te cuento una anécdota: hace un tiempo, por face, me conectó un dramaturgo de la provincia de Entre Ríos —al que no conozco— pidiéndome un ejemplar. Le contesto que ese libro está agotado, pero ante su insistencia le fotocopio el mío, se lo envío por correo y le pido que me cuente para qué lo necesita con tanta urgencia. Me narra lo siguiente: tiene un sueño en el cual aparece en las marquesinas de la muy porteña calle Corrientes, una obra suya titulada “Amor en mano y cien hombres volando”, escritas claramente sobre un gran cartel. Como él no tiene ninguna obra así llamada ni jamás escuchó ese título, cuando se despierta googlea para ver qué encuentra en Internet y le sale mi nombre y el del libro. ¡Qué maravilla!, ¿no es cierto?


5 — Si bien carezco de certeza, no puedo menos que suponer que María Victoria López Severín, artista plástica, con quien compartís un Sitio, es hija tuya. ¿Puedo pedirte unas líneas sobre ella?... ¿Tenés otros hijos u otros familiares vinculados a un quehacer artístico?

          PS — Mi hija María Victoria, que aún vive en Reconquista, es una artista plástica con un talento único y exquisito. En este momento esta abocada a lo social a través de la creación de cooperativas textiles. Pero el arte no la abandona, por suerte. Mi padre fue pintor y ella heredó esta capacidad, que parece se transmite de abuelos a nietos. Mi hija menor, María Virginia, es bailarina y ejerce su profesión en el Ballet Nacional de Danza Contemporánea en Buenos Aires. Mi otra hija, Soledad, es Doctora en Biología, vive en Santa Fe, a unas cuadras de mi casa. De ella tengo dos nietos: Alfonsina y Nicanor, que por supuesto, son mi debilidad. Leandro está en la construcción. Todo muy variado pero haciendo cada uno lo que le gusta. Siempre los impulsé a que trabajaran por sus sueños. Creo que es el único modo de realizarse en la vida y de ser feliz. De la misma manera que yo soy feliz escribiendo. El bienestar interior va por delante de lo económico. Es decir, cuando una persona hace lo que quiere en la vida y desenvuelve sus sueños, lo otro viene solo.

           El arte llega por el lado de mi padre, de mi madre viene el trabajo en el campo, al que nunca quise que quedaran “pegados” mis hijos por obligación o mandato. Trabajar en el campo es hermoso (sobre todo porque es independiente y al aire libre, contrarrestando el encierro de la escritura) pero sólo si se elige como tal. Es tremendo quedar prisionero de una herencia o de un mandato.


6 — ¿Qué hacía tu padre?

          PS — Estudió arquitectura pero su pasión fue la astronomía. Él me guió en las primeras lecturas de filósofos y de arte en general. Tuvo que encargarse del campo que le dejó su padre, para sostener a nuestra familia, a su madre viuda y a su hermana. Tanta obligación acabó con su vida a los 47 años. Terminé una novela, que me llevó años de escritura, “La Tigra” (el título es el nombre de una estancia), que es también un pequeño homenaje a este hombre innovador, fuera del tiempo que le tocó vivir, que se pasaba las noches observando las estrellas desde el observatorio astronómico que construyó en la terraza de su casa paterna. Se iba en los inviernos a Campo del Cielo —provincia del Chaco— a investigar junto al Dr. William Cassidy —astrónomo de la NASA que viajaba cada año desde los Estados Unidos—, a buscar el Mesón de Fierro. De hecho fueron ellos los que encontraron las mayores piezas del meteorito. El más grande se denominó “El Chaco” y pesa  37 toneladas; es la segunda de mayor masa que se conoce en el mundo


7 — ¿Y tu madre?

          PS — Mi madre aún reside en Reconquista. Tiene 87 años, y creo que va a vivir muchos más, gracias a Dios, pues viene de una familia sana y longeva. Fue docente y la geografía era lo que amaba enseñar. Este fue un gran punto de encuentro con mi padre. Cuando él no estuvo y ella se jubiló, comenzó a ocuparse del campo. Papá armaba avioncitos de madera balsa con mis hermanos varones, y en el largo patio de nuestra casa de Rafaela, probaba diferentes fórmulas, para el despegue de réplicas de cohetes que lanzaban desde allí. Mamá aprobaba sus investigaciones, y todos los años se iban con mi padre a distintos encuentros de geografía en diversas ciudades del país.


8 — En una entrevista que te realizara María del Pilar Lencina (1937-2011) declaraste: “Hablar de la mujer, ‘desde la mujer’, es muy distinto —creo— que lo que vinieron haciendo los hombres en el correr de la historia de la literatura.” ¿Qué autores (varones) lograron hablar mejor, según tu sentir, “más desde la mujer”?

          PS — Prefiero nombrarte autoras: Flannery O’Connor, Carson MacCullers, Alice Munro, Dorothy Parker, Herta Muller, Virginia Wolf, por supuesto, Mercé Reboreda, Doris Lessing, y la gran Irène Némirovsky, que me hace venir a la mente a Sandor Marai, que tiene personajes femeninos increíbles en “La mujer justa” o en “La herencia de Eszter”; también “Ana Karenina”, del magistral Tolstoi. Luego está lo contrario: Marguerite Yourcenar delineando el personaje masculino en su “Memorias de Adriano”, por ejemplo.

          Los escritores y escritoras tenemos la suerte de vivir muchas vidas y distintos sexos. Pero eso no quita que podamos sentirnos más cómodos en unos que en otros. Yo me siento muy bien en la piel de las mujeres, indagando en su corazón, en sus emociones y en sus cabezas, y también relatando sus historias entremezcladas con las mías.


9 — María del Pilar Lencina ha sido una poeta con la que durante años he mantenido correspondencia postal, cuando dirigía sus Hojas de Poesía “Hermano Luminoso”. No nos hemos conocido personalmente. ¿Cómo la recordás vos, Patricia?

          PS — Con muchísimo cariño. María —como le decíamos en el norte— era un personaje de la ciudad. Escribía en un bar tradicional de Reconquista, “Cheroga”, que era una prolongación de su casa; allí te hacía las entrevistas, te citaba, conversaba de poesía y sufría por Boca Juniors. Fue una poeta exquisita; trabajó con ahínco por la pasión de su vida, la poesía, en esas hojas, “Hermano Luminoso”, que hicieron historia en el país y en el extranjero.


10 — En otra entrevista —para la revista literaria electrónica “Remolinos” de Perú— afirmaste que provenías de la línea de autores más viscerales y/o intimistas que intelectuales.

          PS — Yo elijo autores/as que me conmuevan. Puedo admirar lo intelectual pero lo que no me conmueve no deja huella en mí. Entre el grandioso Borges, por ejemplo, y Cortázar, me quedo con Cortázar o con Jamaica Kinkard o con Selva Almada o Julián López.


11 — En su momento, aseveraste que después de tu deslumbramiento ante “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera, había cambiado tu concepción de la literatura. ¿Cómo cambió entonces? ¿Volvió a cambiar después?

          PS — Absolutamente. Ese libro abrió mi mundo literario. El impacto de estar leyendo una ficción, que además te dice que es tal, y al mismo tiempo logra hacerte vibrar de la mano de pasiones y mentiras, aventuras y desventuras de personajes que sentís reales, fue una conmoción. Esta concepción de la escritura se fue mezclando luego con otra vertiente que viene de la narrativa de Carson MacCullers. Ella dice que todo lo que escribió es algo “que le pasó, le pasa o le pasará”. Yo creo lo mismo. Convertir tu vida y la de los que te rodean en tu materia prima, en tu mezcla preferida para levar lo literario, ya sea poesía o narrativa, es mi modo de encarar la escritura.


12 — Tenés un libro que no darás a conocer: “La voz bajo la falda” (consta en la Red). Capciosamente pregunto: ¿qué tenés —o retenés— teniendo un libro que no darás a conocer?

          PS — Se me fue la obsesión, como dice mi amiga, la escritora Marta Nos. Y sin obsesión no hay libro. Aunque está escrito se desactualizó para mí. Y si se desactualizó ya no tengo la necesidad de editarlo. Del mismo modo, aunque un libro mío se haya publicado, si siento que debo modificar algo para una edición posterior, lo hago. Por ejemplo, reescribir un cuento. La obra es del autor (autora), quien tiene todos los derechos sobre la misma. Esto me lo enseñó hace muchos años Mempo Giardinelli, y me pareció una postura válida, correcta.
13 — El también rafaelino narrador y poeta Hugo Borgna en un análisis de tu obra literaria encomilla de “:salir de cacería” lo que ahora reproduzco: “todo lo que se pudre se convierte en familia”. Tremendo. ¿Qué obras artísticas te han estremecido?

           PS — Esta frase que comentás me estremeció en lo más profundo y me mostró otro costado del concepto de familia; es del poeta Fabián Casas. Y ahora que la traés a colación me doy cuenta de que casi toda la idea de la novela “:salir de cacería”, gira alrededor de ese tremendo enunciado… que en realidad no es mi creencia, pero sí es el comportamiento y la creencia de muchos de los personajes de la novela.

           Me estremecieron —en literatura— por ejemplo: “Tres luces” de Claire Keegan; muchos de los cuentos de Alice Munro, sobre todo de su libro “Demasiada felicidad”; “Middlesex” de Jeffrey Eugenides; “Todo cuanto amé” de Siri Hustvedt; “La historia del amor” de Nicole Krauss; los libros de Némirovsky; los de Laura Alcoba; “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” de Murakami; algunos de la brasileña Clarice Lispector; los de Irma Verolín tanto en narrativa como en poesía…; es larga la lista, podría seguir dos páginas más. En poesía te nombro a Joaquín Giannuzzi, a Laura Yasan, algunos libros de Santiago Sylvester, Gelman y Boccanera, los de Marossa Di Giorgio y Fernando Pessoa… y también los de Orlando Van Bredam. De hecho, todos estos libros y los que —por cuestión de espacio no te nombré— están en el lugar de privilegio de mi biblioteca.

           Me estremecen también las pinturas de mi hija María Victoria; las esculturas de Camille Claudel y de Lola Mora, los cuadros de Frida Khalo.
             

14 — “Helada negra” se titula un libro tuyo de cuentos que pronto aparecerá a través de Ediciones UNL.

          PS — Tendrá diez cuentos. Justamente el título del mismo, que como verás es ambiguo, pues puede interpretarse como “helada negra” o “el hada negra” —depende de la manera en que lo nombres—, lleva en sí mismo la carga emocional que porta cada uno de los cuentos. Hay dolor por la muerte. La muerte de una prima, de una hija, un padre, una hermana, una mano, de la amistad, del amor, de la confianza, la pérdida y el reencuentro de la identidad, de los bienes, y también la herida que años atrás se le hizo a nuestra Patria con tantas otras muertes. Es un libro de pérdidas aunque también creo que puede vislumbrarse en alguno de ellos un nuevo nacimiento, una esperanza, después de tanto dolor.


15 — Además de la novela “La Tigra”, ¿tenés otros libros inéditos?

          PS — Tengo un libro de poemas que se denomina “Muda” —otro título ambiguo si se quiere, pues se refiere a la falta del habla o quedarte sin habla, y a su vez al cambio, a la mudanza de las cosas y de las personas—. El libro es muy duro al inicio y luego se va convirtiendo en algo más luminoso, en su travesía hacia el final.

          Estoy terminando una novela breve, “Dos abuelas” y otro poemario que como título provisorio lleva “Difícil decir que no”. Ah… y también estoy escribiendo un libro de Qhabala, cuyos conceptos los vierte mi profesora Beatriz Ulrich, y cuyo fin es que este Conocimiento pueda ser comprendido y aprehendido por todo el que lo desee; que ya no sea hermético ni para un grupúsculo de escogidos.


16 — Roberto Fernández Retamar se pregunta en una carta-poema: “¿Qué le ocurre al novelista cuyos personajes, de pronto reales, se ponen a vivir por su cuenta?” ¿Qué te ocurre, Patricia, cuando algún personaje se pone a vivir por su cuenta?

          PS —Te sorprende. Te sorprende muchísimo… y se los deja crecer. No queda otra. Y luego estás maravillada por el rumbo que han tomado. Esas criaturas se inventaron sus vidas ellas mismas. Y más tarde viene lo contrario, los personajes que sobran en la historia, que no encajan en ningún lado, que no van a ninguna parte y tenés que sacrificar. Es muy triste, te lo aseguro. Es penoso. Me resisto… pero al final lo hago: elijo la historia. Esos mueren y es difícil enterrarlos. Hago lo que sea para que sobrevivan. En “La Tigra” por ejemplo, muchos personajes tuvieron que quedar de lado… pero irán a cuentos. Es más, ya están en cuentos que aún no he juntado para un volumen. Pero, y va otro ejemplo, tengo una novela que transcurre en Uruguay —escrita a medias— y no sé que haré con ella y su gente… y me resisto a perderlos de vista.


17 — ¿Qué relación existe entre obra y experiencia poética? ¿Son inseparables?

          PS — Para mi son inseparables. Absolutamente. Porque emocionalmente no tengo manera de separar las dos.


18 — ¿Influyó en algo tu trabajo de productora agropecuaria?

          PS — Muchísimo. Los climas de mis obras —en general— están traspasados por la naturaleza, por los animales, los árboles, el silencio, la lluvia, el campo. Y a veces me pasa algo que no es del todo grato. Leyendo novelas de autoras —en este caso argentinas—, veo que colocan cosas incorrectas —sobre lo que se hace o pasa en el campo—, y esto me saca de la historia y me cuesta volver a ella. En la que termino de leer, la autora nombra en simultáneo al trigo, el girasol y la soja, como sembrados que pueden ir a la par. Esto no es así. El trigo se siembra en invierno y cuando se lo recoge se siembra la soja y puede sembrarse también girasol. Dice también que con la brisa la soja oscilaba…; el trigo, quizá… y cuando larga la espiga y oscila, es muy bello de ver. Pero nunca vi oscilar la soja.

          En otra novela, un auto viejo se descompone y es tirado con una soga, mientras sus ocupantes se trasladan a la camioneta que los auxilia. ¿Cómo va a ser guiado el auto descompuesto sin nadie al volante y arrastrado por una soga?  Hay cosas que para el que trabajó en el campo son obvias. Abelardo Castillo, por ejemplo, tiene cuentos magistrales que suceden en el campo, y escribe con una precisión y un rigor tal, que parece que ha vivido allí.

         Sé que no es fácil para alguien de la ciudad entender cómo funcionan algunas cosas en el campo. Pero ahora con Internet la información está al alcance de todos.


19 — ¿Cómo te resuenan las palabras “tributo”, “endeblez”, “hipocondría”, “retahila”, “atrabiliario”, “bolonqui”, “disperso”?
 

          PS — Tributo: homenaje ganado, bien merecido; endeblez: falta de voluntad para vivir; hipocondría: lo que no tengo; retahila: madre pesada que no termina nunca de quejarse ante sus hijos; atrabiliario: si es sinónimo de mal carácter, esa no soy yo; bolonqui: lo que hay en mi escritorio aunque siempre me diga lo contrario; disperso: muchos de mis días.


20 — Según he leído, Haruki Murakami habría opinado que escribir una novela es un reto y escribir cuentos, un placer; que es la diferencia entre plantar un bosque o plantar un jardín. ¿De qué otro modo expresarías que escribir una novela es…, y escribir cuentos es…?

          PS — Escribir una novela —para mí— es meterse en un universo que no sabés cómo se va a construir, ni qué resultado tendrás con él. No definiría a un cuento como una escritura de placer pues a veces se hace muy doloroso escribirlos, y otras veces dan muchísimo trabajo para que queden como una quiere dejarlos. En cambio en una novela si hay algo no tan exacto no se nota en el conjunto: es como un río con afluentes, no siempre baja limpio. El cuento es una isla o un lago, si queremos seguir con la comparación del agua, y no debe tener meandros ni costas desprolijas: delinearlo pensando en lo perfecto y acabado, aunque a veces no nos salga tan así.

 
21 — ¿Qué —que puedas y quieras contar— te enorgullece? Y, ¿qué —que puedas y quieras contar— no te enorgullece?
 

          PS — Me enorgullecen mis hijas, haberlas criado con los valores que las crié. Lo que hice con y de mi vida, corrigiendo los errores a medida que avanzo en el camino. Me enorgullece el esfuerzo que puse —y pongo— en la pasión y la responsabilidad de la literatura, y en que cada obra no se repita y pueda tener su propia voz. Las amigas que tengo y el empeño en construir la amistad. Mi nuevo matrimonio y el viraje que di en la concepción de la pareja. Me enorgullece la persona que he llegado a ser a partir del desafío de mi búsqueda interior.

          No me enorgullece la disputa entre hermanos, las pequeñeces o miserias que a veces me descubro pensando, cómo malgasto el tiempo de tanto en tanto. Tampoco me enorgullece criticar o pensar mal de la gente (cosa que trato de enmendar) o algún brote de ira o malhumor, resabios que limpio de inmediato no bien los diviso.


22 — ¿A qué escritores fallecidos —de todos los tiempos— te hubiera gustado conocer en persona?

          PS — A Manuel Mujica Laínez, exquisito diseñador de tramas e historias. Poder quedarme mirando junto a  él, desde “El Paraíso”, su casa de Cruz Chica en la provincia de Córdoba, el paisaje maravilloso de las sierras. Ahora que yo también tengo mi propio paraíso, voy caminando por esas callecitas cerca de donde Manucho pasó gran parte de su vida, y me pregunto por sus escritos —no valorizados aún como corresponde—,  su extravagante existencia, sus pasiones, su amor por la belleza. A Clarice Lispector…: conversar de su mundo literario intangible, esotérico y magnífico; a  Cortázar, por supuesto, para charlar sobre Cronopios y  Famas, y sobre su visión del mundo que deja entrever misterios, vidas paralelas, yuxtaposición de tiempos y personajes; a Irène Némirovsky para decirle cuánta admiración tengo por su obra y por su valentía, y protegerla de los asesinos, que primero la entregaron y luego la mataron a los 39 años, en un campo de concentración. Es increíble que haya escrito semejante obra con tan poca edad.

Patricia Severín selecciona poemas de su autoría para acompañar esta entrevista:


De “Poemas con bichos”:


/Hoy me fui de todos y de todo
 de mí
 de Dios
 tan jodida me fui
 resbalando por mi cuerpo
 haciendo equilibrio       con la sombra de las uñas


 Hoy me fui sin cantar    —yo nunca supe—
 guiñando un ojo a la vergüenza


 desnuda sobre la helada       me fui/



 /quisiera ser un bicho más/ no este animal doméstico/


*
III-con víboras

Tengo encerrada una serpiente en un frasco verde
En realidad el frasco es transparente
la serpiente es verde

No es una serpiente
                                      dice mi hija
es una culebra enorme y larga
destrozada por un perro

Soledad   colecciona     culebras,    serpientes,    víboras
Reptiles

En fin
:mira la belleza donde pocos la ven

Se ha vuelto sabia

Puede raspar escamas
para separar
                      lo que parece
                                              de lo que es


III-con víboras

También yo mudo de piel
de invierno a verano

el que me conoce
no me conoce
y dice que quiere a la otra
la que empuñaba su lengua bífida
en vez de abrazar el silencio


busca a la que no soy

la que vendrá ya esta en mí

*

De “El universo de la mentira”:


ANTICIPO

                     
Todos estaban allí
hurgando dentro de mi boca
respuestas
que no podía darles

Se empeñaban en clavar astillas

Ni vestigios de la que fui
ni presencia de la que soy
un sopor de uva
en el cuenco de la frente

Todos estaban allí
hurgaban
yo quería decirles que lo único mío
eran las esses
las esses de mi nombre que colgaban de mí

Pero no iba a conformarlos

                            Entonces discurrí la manera de partir
dejar la multitud
ya no lloraba
sólo miraba el mundo
como una crema
                                 espesa                    
                                                 negra                  


 *
                           SALDO


                la malparida                     la hermosa
                                se ha sacado los ojos
             para                    quedar allí       definitivamente

   en la casa vacía                     la pequeñita
   que separa el estante    los libros      la cocina
   la pelusa     el polvo      su llavero     el celular
   la tierna desolación que ocultaba tras la nuca
         
            la ocupada                       la desolada
   la maltrecha                     la despenada
                      la desvirgada                      la majestuosa
    la deshojada                        la tenebrosa
                      la malhablada
    la conchuda                          la soñada
                       la ceñuda


hunde las venas       en el vacío       de la gillette        de la casa

*
De “Muda” (inéditos):        

Perspectivas

No tengo un lugar elevado
por donde mirar
a ras del suelo
es difícil ver el mundo
hay hollín por todas partes
la virtud se escurre en la boca de tormenta
Pido sangre para el que está sepultado
:trepo al tapial /gano altura
máscaras móviles no entran en esta cavidad
pasan lentas
como un tren de otoño
como una tos que se expulsa en otro lado
Me juego el todo por el todo
y me elevo un poco más
Hago pulpa de esquirlas con las manos
un líquido negro me emborracha
Tiro anzuelos para cazar pirañas
para no pensar

No hay nada que mirar
desde aquí arriba
que no vea desde abajo

*

Rock


Charly se arrojó desde lo alto a la piscina
y esta bruma no disipa
quizá algo de locura venga bien
algo
no esta barbarie 
que serpentea por el piso
reguero de pólvora
se incrusta en las paredes
dejando boquetes más grandes que una colt
(Nadie se da cuenta
cómo tiemblo
sordomuda encerrada en el altillo
el cuerpo no responde
traqueteo / carromato
que devora hasta la lengua)
¿Vamos a cruzar el charco en barquito de papel?
Siempre nos pasa lo mismo
No veo el cielo en llamaradas
sólo ceniza que se arrastra
babosa rociada con sal
Hay un éxodo dispuesto a dispararse
dame un rock
un rock cargado
Charly
para no escuchar

*

Entrevista realizada a través del correo electrónico: en las ciudades de Santa Fe y Buenos Aires, distantes entre sí unos 467 kilómetros, Patricia Severín y Rolando Revagliatti.

http://www.revagliatti.com/ultinf_severin_full.htm  

Novedades de Graciela Zárate

sábado, septiembre 16, 2017

"A contraluz de embargo" es un poemario sobre un desahucio, el de la propia autora que escribe en tiempo real su primer año de vida tras la pérdida de todo lo material, su casa. Habla de la lucha, el desgarro, la esperanza, el valor de lo inasible para renovarse, cicatrizar y continuar camino.

 
"La lucidez de Esquizo" es una inmersión en la mente y realidad de un enfermo de esquizofrenia. El inusual punto de vista que nos presenta la autora al hablar en primera persona desde la posición del esquizofrénico, añade aún más valor a este libro para el que ha necesitado 3 años de documentación. Está prologado e ilustrado por Princesa Inca y Josep Grifoll, una poeta y un artista plástico que conocen la problemática desde dentro.




"Hoy todo huele a niña", la autora realiza un diario poético cuando viaja 12.000 km para presenciar la muerte de su padre con el que tuvo una relación traumática que la obliga a incursionar en la oscuridad de su infancia, el autoritarismo, la pérdida del germen...


"Poemas para dibujar en voz alta", un romancero interactivo para niños y niñas de 4 a 12 años. 
Se convierten en coautores ya que la propuesta de la autora es que lo ilustren e inventen los títulos de cada poema.
20 poemas sobre 20 temas de absoluta actualidad que exigen debate y reflexión en la realidad de la infancia de hoy.

Recital poètic Toni Clapés, Joan Vigó i Josep-Ramon Bach

jueves, septiembre 14, 2017

Avinguda de la Catedral, 08002 Barcelona

Acufènia - Mostra d'experimentació sonora i visual


Taller de Experimentación Poética


Javier Marías i Almudena Grandes a la Biblioteca Jaume Fuster / 'Star Trek, la nova generació': 30 anys d'aventures

Dilluns 18 de setembre, 19 h
Javier Marías conversa amb Antonio G. Iturbe
Javier Marías conversarà sobre la seva nova novel·la Berta Isla (Alfaguara, 2017) amb l’escriptor i periodista Antonio G. Iturbe.




Hi col·laboren: Alfaguara i Barcelona Ciutat de la Literatura
Segueix i comenta aquesta activitat amb #ParlemAmbJavierMarías
Accés lliure fins a exhaurir places



Dimarts 19 de setembre, 19 h
Almudena Grandes conversa amb Jacinto Antón
Almudena Grandes parlarà amb Jacinto Antón de la seva darrera obra, Los pacientes del doctor García (Tusquets, 2017), una nova narració de la sèrie «Episodios de una Guerra Interminable», que es presenta com una trepidant novel·la d’espies i d’intriga.
Més informació
Hi col·laboren: Tusquets Editores i Barcelona Ciutat de la Literatura
Segueix i comenta aquesta activitat amb #ParlemAmbAlmudenaGrandes
Accés lliure fins a exhaurir places











Dissabte 16 de setembre, de 10 a 21 h
'Star Trek, la nova generació': 30 anys d'aventures
La Biblioteca Ignasi Iglésias – Can Fabra celebra el trentè aniversari de Star Trek, la nova generació amb una jornada en què podràs gaudir d'una àmplia programació (xerrades, jocs, tallers i projeccions) al voltant de la sèrie.
Biblioteca Ignasi Iglésias - Can Fabra
Segre, 24-32
Tel 93 360 05 50
b.barcelona.ii@diba.cat
www.barcelona.cat/bibcanfabra

Homenaje a Agustín García Calvo


Homenaje a Agustín García Calvo
 
 

   
Sábado 16 de Sept. 19,30h.
Àgora Juan Andrés Benítez
Carrer de l'Aurora, 08001 Barcelona
 
Presenta: Iñaki García
                            
Recital: AiguaMaria
                     Llum Ventura
                     Nuria Basté
                     César Larriba
                     José Luis Ruiz Castillo
Guitarra flamenca: Raúl Vermejo
Cante flamenco: Juan Pedro Ríos Calatayud
Baile flamenco: Judit Barahona
Clausura: Felipe Aranguren
 
 

Música i Poesia a la Tardor


Poexcèntric Premià - Víctor López


En El laberinto de Ariadna: Dani Orviz, poeta, vídeo-artista, performer, actor y comunicador

martes, septiembre 05, 2017

PRÓXIMA TERTULIA

15 Septiembre 2017

Dani Orviz, poeta, vídeo-artista, performer, actor y comunicador


Dani Orviz

Es poeta, vídeo-artista, performer, actor y comunicador. En el año 2012 se proclamó Campeón Europeo de Poetry Slam tras hacerse con el título de campeón nacional ese mismo año. También, en el año 2013, consiguió la medalla de bronce en la Copa del Mundo de Poetry Slam celebrada en París. Ha viajado con sus palabras por los festivales más importantes del mundo, como los de Voix Vives (Francia), Festival Internazionale de la Poesia de Genova (Italia), Felix Poetry (Bélgica) Weiter Sagen (Alemania), Sziget (Hungría), Runo Viikko (Finlandia), Crazy Tartu (Estonia), Hit the Ode (UK) o el Festival de la Palabra de Puerto Rico, entre otros muchos. Cuenta, además, con una amplia experiencia como formador en los ámbitos escénicos y de la comunicación, realizando talleres, charlas y masterclasses para entidades nacionales e internacionales tan prestigiosas como el Instituto Cervantes, la Casa de las Letras Letterenhuis de Amberes (Bélgica), el Lycée Franklin Roosevelt de Reims (Francia), el Liceo Francés de Barcelona o el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), entre muchos otros. Ha publicado los libros de poemas “Mecánica Planetaria” (2009), “Muere sonriendo” (2012) y “La del medio de las Ketchup” (2014) “Viejo caos Universal” (2015) y “Massaslam volumen uno” (2016). Actualmente representa por escenarios nacionales e internacionales sus dos espectáculos poéticos: “Mecánica Planetaria” (basado en el libro homónimo) y “Massaslam”.

Con POLLOPOPOESÍA se ha propuesto volcar toda su vasta experiencia escénica y poética para intentar transmitir a los más pequeños la belleza y felicidad que puede proporcionar el trabajo poético.



Lugar: Aula dels Escriptors de la ACEC - Canuda, 6 - 5ª Ateneu - Barcelona
Horario: 18.00 h
Organiza: El Laberint d’Ariadna
Presenta: Anna Rossell

Entrevista a Carina Sedevich: “Para crear hay que conservar una mirada fresca sobre las cuestiones de este mundo”, por Rolando Revagliatti

Carina Sedevich: “Para crear hay que conservar una mirada fresca sobre las cuestiones de este mundo”



Carina Sedevich nació el 29 de junio de 1972 en Santa Fe de la Vera Cruz, capital de la provincia de Santa Fe, Argentina, y reside en la ciudad de Villa María, provincia de Córdoba. Desde 2003 es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional de Villa María. Es especialista en Semiótica, maestra en Ceremonial por el Centro de Altos Estudios en Ceremonial de Buenos Aires y profesora de Yoga Integral por la Alianza Cordobesa de Yoga. Cursa el instructorado en Técnicas de Meditación en la Escuela de Yoga Clásico y Científico de Córdoba. Participó en festivales de poesía en su país, Uruguay y Venezuela. Entre otros, ha sido incluida en los volúmenes “Antología Concurso Internacional de Poesía ‘José Pedroni’” (1996), “Antología Concurso de Poesía Universidad Nacional de Río Cuarto” (1998), “Muchachas punk vs. Poetas clásicos” (Compilador: Iván Wielikosielek, 2012). Publicó entre 1998 y 2016 los poemarios “La violencia de los nombres”, “Nosotros No”, “Cosas dentro de otra cosa”, “Como segando un cariño oscuro”, “Incombustible”, “Escribió Dickinson”, “Klimt”, “Gibraltar” y “Un cardo ruso”.


1 — Solicitamos el esbozo de un relato de vida, Carina: la tuya.
          CS — Nací casi a la medianoche de un jueves. Llovía y hacía mucho frío. Mi mamá estuvo en trabajo de parto por más de veinticuatro horas. Parece que mi cabeza era enorme y que me resistía a abandonar el útero. Mi papá me cuenta que el médico, un francés desalineado, no se sacó la bufanda durante todo el proceso y en un momento dado, cuando la cosa se puso especialmente complicada, se arrodilló en el piso de mosaicos helados para rezar. Fui la primera de cuatro hermanos.

Mi mamá asegura que al año y medio hablaba perfectamente y que a los tres sabía qué era el desamor. El primer grado de la escuela primaria lo cursé en tres provincias: durante 1978 me mudé con mis padres y hermanos desde Mendoza, donde estábamos viviendo, a Río Negro, y luego regresamos a Santa Fe. En mi ciudad natal cursé hasta cuarto grado y después, en Villa María, hice quinto en una escuela y sexto y séptimo en otra. Quizás todas estas mudanzas contribuyeran a que muy pronto comenzara a comprender el carácter contingente de la existencia y a forjar una personalidad afirmada en mi interioridad por sobre el contexto circunstancial o la pertenencia a grupos de cualquier índole. 

No recuerdo con alegría mi paso por las instituciones escolares. Adoraba leer y escribir pero no disfrutaba estar entre la gente: el contacto con mis compañeros me resultaba traumático y sentía que mis docentes me defraudaban. También sufría la imposición de permanecer en determinados espacios durante horarios establecidos y tener que realizar tareas que no estimulaban mi creatividad ni alimentaban mi espíritu. Para mí fueron tormentos la escuela primaria y la secundaria. Las instancias posteriores —educación terciaria, universitaria, posgrados— las transité apelando a un enfoque más pragmático —es decir, enfocada en el fin último: obtener la certificación— y aprovechando al máximo toda flexibilidad en materia de cursado. Siempre estudié mucho y tuve las mejores notas —recibí, por ejemplo, una distinción por ser la egresada con el promedio más alto de mi colación de grado— pero me incomoda hasta el día de hoy estar atada a horarios, actividades o espacios por pura burocracia institucional.
         
Mi hijo Francisco nació cuando yo tenía dieciocho años: vino al mundo durante la siesta del domingo 21 de abril de 1991, en medio de, quizás, una de las más difíciles etapas de mi existencia. Apoyada por mis padres y mis hermanos, que cuidaban de mi hijo, poco a poco retomé los estudios y comencé a trabajar. Fueron años duros, atravesados por momentos complejos. En 1998 apareció mi primera publicación de poesía, editada por el poeta Alejandro Schmidt para su colección Plaquetas del Herrero. Mi plaqueta se llamó “Una nube decapitada y grave”: esa era una de las líneas del primer poema. Estimulada porque a Alejandro le hubieran gustado mis poemas y también por el hecho de haber sido elegida en un par de concursos para integrar antologías, ese mismo año autoedité mi primer libro: “La violencia de los nombres”. En este punto debo aclarar que no empecé a escribir poesía a los veintiséis años: estimo que escribo desde los ocho, al menos.

          En el 2000 autoedité dos libros más: “Nosotros No” y “Cosas dentro de otra cosa”. Todavía me gustan mis primeras publicaciones —algunos versos más, algunos mucho menos, por supuesto—. Volví a publicar recién en 2012. Durante esos doce años en que no publiqué hice otras cosas: estudié y trabajé mucho, viví en pareja, perdí dos embarazos. Más allá de eso, aunque escribí poco, nunca dejé de escribir. A fines de 2011 terminó mi relación de pareja. Me mudé una vez más —me mudé muchas veces a lo largo de mi vida, por lo menos veinte— y escribí un libro muy doloroso, al que puse por título “Como segando un cariño oscuro”. Empezó para mí una etapa nueva, en la que escribir y publicar se volvieron cuestiones importantes, que me salvaban de la tristeza. La respuesta de los lectores, los colegas, las editoriales, era muy buena, muy alentadora. Sentía que tenía sentido. Escribí y publiqué mucho desde 2012 hasta hoy. Algunos poemarios fueron editados en España, también. Tradujeron poemas míos al italiano, al portugués, al mallorquín. Difundieron parte de mi obra en revistas de diversos países de Europa y de Latinoamérica. Participé de varios festivales internacionales. En el transcurso de esos años, asimismo, algunos músicos hicieron canciones con mis poemas, otros me invitaron a sumarme a shows musicales con mi poesía, varios periodistas y escritores comentaron mis libros o me entrevistaron acerca de mi vida y mi escritura. También hubo artistas plásticos y audiovisuales que se inspiraron en mis poemas. Estoy muy agradecida por la ocurrencia de todas esas cosas maravillosas.  



Ahora vivo sola, con mi gata Mimí, que me acompaña desde 2009. Trato de dedicar tiempo a las cuestiones que me hacen feliz, además de escribir: practicar yoga, cuidar de mi sobrina más pequeña, investigar sobre alimentación, preparar mis alimentos. Soy vegetariana desde hace veinticuatro años y me interesa la medicina oriental. Sé que soy una persona sana, pero a lo largo de mi vida padecí algunas afecciones —anorexia, depresión, ataques de pánico— que me llevaron a interesarme por la profunda conexión que existe entre organismo y espíritu. Hoy puedo decir con alegría que, después de mucho dolor y aprendizaje, transito cada día como si fuera el primero y el último de mi existencia: eso me permite estar en paz.  

2 — ¿Qué añadirías sobre tus poemas musicalizados y tus incursiones en shows?

          CS — El contacto con la música me fascina porque es un lenguaje técnicamente desconocido para mí. Las cosas hermosas lo son más si conservan algo de misterio. Por eso no me interesa saber cómo funciona una melodía o diseccionar un poema. Para poder crear hay que conservar una mirada fresca sobre las cuestiones de este mundo. Asomarme a un lenguaje que no manejo, entregarme a él y disfrutarlo plenamente, hace que recuerde que el arte es mucho más que conocimiento o ejercicio. El arte es revelación de la vida en verdad y en belleza, como dijo alguna vez Ernesto Sábato hablando de poesía.


3 — ¿Cómo es Villa María, su vida social, cultural…?

          CS — Es una ciudad tranquila, no muy grande. Soy agradecida y debo decir que a mí me ha tratado bien. De todas formas no soy la persona más indicada para juzgar el lugar en que vivo. En principio porque siento que no soy de aquí ni soy de allá. En segundo lugar porque de la vida social participo muy poco, lo imprescindible. Suelo pensar que me daría lo mismo vivir en cualquier otro sitio. A veces me complacería tener acceso a cines a los que trajeran las películas que prefiero, que no son las más comerciales, o a ámbitos más diversos para escuchar música en vivo o para comer. Otras veces me agradaría tener más cerca las montañas o el mar. Esas cosas. Pero siempre me las arreglo con lo que tengo a mano. No necesito estímulos extraordinarios ni demasiada compañía, en general, para estar a gusto y en paz. Diría que más bien todo lo contrario.


4 — ¿Prevés para pronto la aparición de algún otro poemario?

          CS — En breve se publicarán mis dos libros más recientes: “Cuadernos de Lolog”, por Postales Japonesas Editora, y “Lavar a la madre”, por Editorial Buena Vista. También estoy incluida en la antología “Atlas de poesía argentina”, que presentará en junio la Editorial de la Universidad Nacional de La Plata (EDULP). Y además, una editorial de Brasil me pidió mi libro “Un cardo ruso” para editarlo en ese país traducido al portugués.


5 — ¿“Estamos listos”, “Estamos a mano”, “Estamos muertos”, “Estamos hechos”, “Estamos hartos”, “Estamos enteros” u “Hoy estamos, mañana no estamos”?...

          CS — Hoy estamos, mañana no estamos. El presente es lo único que existe. Y cómo estamos es harina de otro costal. Una harina que molemos nosotros mismos cada día.


6 — “Me gusta el escritor desarrapado”, declaró el escritor español Enrique Vila-Matas: “Marguerite Duras o Roberto Bolaño, por ejemplo.” ¿Tenés a quién calificar así?

          CS — Leí con entusiasmo a Marguerite Duras en otras épocas. Admiro su originalidad como escritora, seguramente muy vinculada a las particularidades de su experiencia existencial y de su sensibilidad. No sé si desarrapados o no: considero que una expresión artística debe tener belleza, sentido y humanidad, y plasmar todo eso mediante una singularidad que no sea impostada. Es un equilibrio delicado que, sencillamente, ocurre o no ocurre.

7 — ¿Cuándo no hay que llamar, en poesía, “a las cosas por su nombre”?

          CS — En principio, debo decir que considero que la capacidad de expresarse artísticamente es un don: se tiene o no. Después, lo que un artista hace durante toda la vida es trabajar su voz, su estilo. Trabajar en lo que tiene para decir y en cómo. Crear y crearse a sí mismo como artista en ese trabajo. En ese camino y visto desde esa perspectiva, las cosas pueden decirse de maneras muy diversas. No creo en las recetas para escribir. Ni que haya palabras o formas que no deban usarse —aunque tenga, por supuesto, mis preferencias al respecto—. El arte se consigue o no, como un milagro. Como un prodigio se acerca uno, o no se acerca nunca, a esa expresión singular de belleza, sentido y humanidad.


8 — ¿Qué dirías que te pasó cuando finalmente no te pasó lo que, en alguna ocasión, deseabas que te pasara?...

          CS — Creo que nada “le pasa” a uno. Los hechos no suceden por casualidad, sino porque estuvimos actuando, consciente o inconscientemente, para que fuera así. Lo que ocurre puede parecernos inesperado, pero es sin duda lo que en el fondo esperábamos que sucediera aunque no fuésemos del todo conscientes de eso. A veces es difícil asumir lo que uno está haciendo cada día de su vida. Es complejo aprender a verse con lucidez. Puede sonar superficial o vacuo pero me parece que cada uno está donde ha decidido, con mayor o menor consciencia, estar.


9 — ¿Qué calle, qué recorrido de calles, qué pequeña zona transitada en tu infancia y/o en tu adolescencia, y/o en otras etapas de tu vida recordás con mayor nostalgia o cariño, y por qué?...

          CS — Ser melancólico —y yo he sido melancólica casi toda mi vida— es garantía de infelicidad: vivir en el pasado, es decir, fuera del presente, no puede traer a nuestro espíritu otra cosa que no sea tristeza. Si bien tengo buenos recuerdos, considero que todo tiempo presente es el mejor.


10 — ¿Incursionaste en la narrativa, en la dramaturgia o en el ensayo?
          CS — Leí cuentos y novelas ávidamente durante mi infancia y mi adolescencia. Sin embargo, intentar escribir algo así como un cuento o llevar siquiera un diario me mataba de aburrimiento. Ensayos tuve que consumir y escribir como parte de mi carrera académica: pura actividad intelectual, nada de magia. En cuanto a la dramaturgia, cuando era niña disfrutaba de inventar guiones de historias y actuarlos con una amiga. También me divirtió, ya adulta, frecuentar un taller de teatro durante algunos meses. Pero la diversión se terminaba para mí cuando se acababa la improvisación: prefiero, en la expresión histriónica, lo lúdico y lo espontáneo.


11 — ¿Me equivoco si se me da por imaginar que suscribirás en su totalidad estas afirmaciones de Raúl Gustavo Aguirre?: “El ejercicio de la poesía se tratará de una tragedia, y para colmo, de una tragedia solitaria: mal leídos y peor comprendidos, todos los verdaderos poetas, a pesar de las apariencias, son (desde el punto de vista del público) póstumos. La ventura del poeta es otra: consiste en realizarse en su supremo acto de comunicación (que es siempre un don, una entrega de sí mismo a los otros), realizarse en el acto supremo del poema. Y allí termina lo principal. El resto es circunstancia, azar, ruido o silencio de la Feria, y nada más. Literatura: el resto es literatura...”
          CS — El poema es comunión: interpelar a otro o sentirse interpelado por otro a través del arte genera una conexión profunda, maravillosa. Uno lee o escribe para tocar el alma, la propia y la del otro. Por eso es imprescindible ser uno mismo al crear, no mentirse, no impostarse. No concibo la creación si no es desde la propia singularidad y la propia verdad. Tampoco reniego de la soledad del que escribe: como somos únicos, en el fondo todos estamos solos. Es más, a veces la comprensión del mundo y de la vida nos es posible sólo cuando conseguimos aceptar la soledad. Es desde esa consciencia de nuestra soledad esencial que podemos interpelar a otros seres humanos.


12 — Cualidades: ¿en qué orden?: el valor, la bondad, la inteligencia, el humor.

          CS — Ninguna alcanza por sí sola. Sólo adquirir consciencia de las fluctuaciones de esas cualidades en nuestro espíritu puede ayudarnos a tratar de ser mejores. Si tengo que elegir me inclinaría por la humildad y la capacidad de dar y recibir amor.






 13 — ¿Qué talento podés haber sospechado que tendrías y no te empeñaste en desarrollar?

          CS — Tengo facilidad para los idiomas, pero siempre me pareció aburrido estudiarlos en una academia, fuera del contexto del uso cotidiano. Hubiera querido aprenderlos como aprendí el castellano: escuchando, hablando, inmersa en situaciones existenciales reales. No tuve esa oportunidad hasta el momento. De todas formas estudié algunos idiomas cuando fue preciso por distintos motivos: inglés, portugués, francés. También soy bastante histriónica. Me gusta entretener y divertir a la gente en las reuniones, actúo espontáneamente. Disfruto frente al micrófono o sobre el escenario.


14 — ¿Cuál considerás tu mayor extravagancia (sin o con comillas)?

          CS — Un amigo mío, escritor, solía definirme como “un espíritu libre”. Tal vez mi extravagancia sea el ejercicio persistente de la libertad, para mí misma y para con los otros. Respetar y promover la libertad de quienes me rodean es también ser libre. 


15 — ¿Qué esperás y qué no esperás de tus amigos?

          CS — Casi no tengo amigos ni amigas. No espero nada de ellos y me gusta pensar que ellos no esperan nada de mí. De ese modo todo lo que podamos recibir el uno del otro resulta una sorpresa. Siempre confío en que sea una sorpresa agradable, pero estoy preparada para lo desagradable, también.


16 — ¿Cuál ha sido tu recorrido en el específico área de la docencia? ¿En qué instituciones?

          CS — Nunca fue mi vocación dar clases. Lo hice en la universidad durante unos años porque me ofrecieron el trabajo y el dinero me venía bien. Me di cuenta de que como docente lo pasaba mal porque carecía de fe: fe en la disciplina que dictaba y en la institución. Eso provocaba que tampoco tuviera ninguna confianza en el proceso de enseñar y de aprender. Lo terminé de comprender cuando tuve la oportunidad de dar una clase de yoga: me sentí muy bien, porque sí creo en la disciplina y en quienes la practicamos. De todas formas tampoco es mi objetivo enseñar yoga: estudié y sigo estudiando con la intención de mejorar mi práctica diaria.



17 — ¿Cuál de tus poemarios considerás que más te conforma y por qué?

          CS — No lo sé. No es algo que me interese analizar. En lo más reciente suelo reconocerme más, pero no reniego de lo publicado —por más que, si me enfrentan a un libro viejo, pueda avergonzarme de una palabra, de un verso o de todo un poema—. El arrepentimiento es el más inútil de los sentimientos. Procuro confiar en mi criterio, en mi intuición, en mi trabajo: selecciono y corrijo intensamente antes de publicar. Es mucho más lo que he desechado que lo he publicado en mi vida. Tampoco invierto tiempo en revisar lo ya publicado: ya no soy la misma, no soy la que escribió ayer. Vivo y escribo hoy.


18 — Rodolfo Walsh infería que “la literatura es, entre otras cosas, un avance laborioso a través de la propia estupidez.” ¿Qué es para vos, entre otras cosas, la literatura?

          CS — La palabra literatura remite para mí a una asignatura académica: no me habla de poesía. Por eso no me interesa gran cosa el concepto de “literatura” ni las obras literarias que no son poesía. La poesía entró en mi vida espontáneamente, se me reveló, me deslumbró. Eso no me pasó nunca con otro tipo de escritura literaria. Creo que lo que es capaz de tocarnos de esa manera es arte, el resto no. 


19 — ¿Cómo procediste en la concepción de ese poemario que lleva por título el apellido del pintor austríaco Gustav Klimt (1862-1018)?

          CS — Procuro que cada uno de mis libros constituya realmente una obra, es decir, que guarde coherencia semántica y estilística. Suelo ordenar los poemas en capítulos, atendiendo a los matices que en ese sentido van apareciendo: cada sección tiene su propio clima, su color particular. Y el título de los libros es siempre un verso o el fragmento de un verso que, además de gustarme y parecerme atractivo para el lector, condensa, de alguna manera, el espíritu del libro. “Klimt” no habla del pintor: se refiere en un poema a uno de sus cuadros. La conexión que guarda el título con los diferentes componentes de la obra es múltiple, difícil de explicar: prefiero que cada lector la conciba por sí mismo.


Carina Sedevich selecciona poemas de su autoría para acompañar esta entrevista:

Oración para la piedra de la mesa


Piedra de la mesa
con salteadas estrellas
de mica de los ríos
bajo el sol:
consuélame.

*

Piedra de la mesa
que mi alma
repasa
como frente a un espejo:
¿hay consuelo?

*

Piedra de la mesa
más pacífica
que el río y que los árboles:
acógeme.

*

Piedra turbia
sobre la que escribo una palabra
sin sujetarme, aún,
a tu silencio.

*

Piedra dulce
en la que se fijan
las piedras de mis ojos
como anclas.

*

El viento se mueve.
Mi corazón se mueve
pero ansía ser como la piedra
constelada
que sostiene mis brazos
mientras mis brazos
sostienen mi frente.

*

Piedra de la mesa
perfumada en verano
por partículas de sal.
Demasiado dura
para estar con otros.
Demasiado vieja
para no callar.

*

Piedra de la mesa
dulce como un muerto:
hace mucho tiempo
no miro mis manos.

*

Piedra de la mesa:
olvida mis palabras.
Seres amados:
olviden mis palabras.
Campanas de la catedral:
escriban
sobre mis palabras.
Caireles de la florería:
eleven sus palabras
por mi niña.

—Pájaros:
busquen el agua.
Es domingo.—



                    (de “Lavar a la madre”)


***


El maestro de tai chi (fragmento)



1

Dice el maestro
que si dispongo el corazón
para transcurrir cada jornada
como si el cuerpo ya estuviese muerto
podré concebir la libertad.

*

Regreso a casa.
Atiendo mi frágil organismo.  
Lo nutro
con vegetales poderosos.
Por más que ya no río
y ya no lloro
procuro, a diario,
estirar mis músculos.

*

Es acuciante
elegir entre vivir o morir,
dice el maestro.

*

Pero es verano.

Tremolan, invisibles,
las cigarras.
Una vez encontré una
entre la arena.
No parecía
dispuesta a morir
aquella tarde.

*

Dice el maestro:
una cigarra
puede vibrar intensamente
hasta morir.


2

Tarde de enero.
Enjuago mi ropa y mi vajilla.
El agua viene tibia.
Es un mal día.
Hace diez años
perdimos un bebé.  

*

—Si cocino cebolla
mis fluidos son dulces
y mi piel se vuelve
más sedosa.—

*

Hay sitios donde guardan una piedra
por cada ser perdido. Una piedra
por alguien no nacido
es demasiado sólida, quizás.
Podría procurarme una ligera,
que hubiera sido alisada por el agua.

*

—Con un ancho cuchillo cebollero
rebano mi repollo colorado.
Abro sus fibras blancas y violetas.
Cuando las mojo el agua se azuleja.
Cae la tarde. Lenta. Encapotada.—

*

Así escribió el guerrero apuñalado:
si no supiera que me encuentro muerto
lamentaría perder la vida hoy.


3

Somos menores que una piedra.
De ahí que elijamos una piedra
para señalar las sepulturas.

*

—Sobre la hierba seca corre mejor el viento.
Sobre las grandes extensiones de hielo
es sólido el silencio.
Sobre la piedra
reverbera el sol de la estación
y guarda el frío
el paraje umbrío
en su interior.—

*

En medio de una gran catástrofe
la complexión del tiempo
se revela.
Provisoria, siempre,
hasta el final.

—¿Es distinta la vida cualquiera
a la de un prisionero de batalla?—


                                
                                     (de “Cuadernos de Lolog”)


***


La eufórica luz de los membrillos


1

Alcancé tu mano por primera vez
como una niña
tocaría un membrillo entre las ramas.
Cítrica, cruda,
era la ofrenda de tu mano muda.


2

Porque esa noche pude tocar tu mano
hoy que vuelve la escarcha
yo me amparo
en la eufórica luz de los membrillos.


3

Quiero abrazar un arpa y que sus cuerdas
dejen caer las voces de los pájaros
que merodean el árbol de membrillos.


4

—Y si un membrillo por azar se cae
podré mirarlo como miré tu mano:
aquella dulce materia sobrehumana.—


5

Existe una manera limpia
en cada gesto de tus manos finas.
Miro con pena como el aire oxida
la carne dura del membrillo roto.


6

Tarde de octubre. Fascinada 
—bajo el lapacho que arrasó el granizo—
en una oración por el membrillo
repito el fragor del amarillo.



                                  (de “Un cardo ruso”)


***


En una película oriental
los muertos eligen un recuerdo
para vivir en él como un insecto
inmóvil en un ápice de ámbar.

Buscan momentos sin exaltaciones
en los que no pudieron vislumbrar
resabios de pasado o porvenir.

Al fin,
prefieren recordarse solos.



                                (de “Un cardo ruso”)


***


Unas láminas de sarro se desprenden
y golpean las paredes de mi jarra.

Pienso en brillantes filamentos de mica
ocultos en la arena de los ríos.

Pienso en las mangas mojadas
que los poetas chinos
prefieren nombrar para no hablar
de sus lágrimas.



                                     (de “Gibraltar”)


***


El olvido es un fruto que requiere trabajo.

Casi siempre tardío, pero rara vez dulce.
No es uva ni es la parra donde pende el racimo.

No es como la sombra que daría la parra
ni como sus raíces contraídas y bruscas.

Se parece a la piedra del cantero y la fuente
que apisona la parra, que la ordena y la ciñe.

*

Hay que hacer saltar el olvido de un golpe
como a una piedra caliza en la cantera.

Que se entibie en la mano que quiera tallarla.
Sea opaca a los ojos. Sea venérea y ajena.

*

Una piedra tan blanca es casi como un niño.
Casi un sacramento para mí.

Inclino mis huesos como panes ácimos
sobre cunas que guardan el amor ajeno.

Qué fue de la ternura que pude sentir.
La siento en la garganta bajar como una hostia.



                                  (de “Gibraltar”)


***

Entrevista realizada a través del correo electrónico: en las ciudades de Villa María y Buenos Aires, distantes entre sí unos 570 kilómetros, Carina Sedevich y Rolando Revagliatti, 2017.

www.revagliatti.com 






Mem

jueves, agosto 31, 2017

Montserrat Cortadellas.
Exposició del 10 de setembre al 15 d'octubre

L'aigua i la casa com a símbol

Aquest treball pretén recuperar la nostra memòria simbòlica, afegint-hi nous símbols basats en imatges, conceptes i problemàtiques actuals.

Les imatges fotogràfiques han estat construïdes a partir de dos elements bàsics: l'element aigua en els seus diversos estats (líquid, sòlid) i l'element casa com a habitatge. També s'ha jugat amb la simbiosi entre ambdós conceptes —casa i aigua—, en diferents proporcions, situacions, ubicacions, proporcions i emplaçaments.

D'aquí emergeixen conceptes com el control, la mesura, el perill, les circumstàncies, la memòria, l'oblit; i sensacions primàries com la por, l'angoixa, el desconeixement o retrobar sensacions perdudes.

En la presentació es confronten referents simbòlics de diverses tradicions i cultures, tan ancestrals com contemporànies (psicoanàlisi, religió, prehistòria, Egipte, ecologisme), a partir d'adjectius que ens remeten, cadascun d'ells, a un concepte, una metàfora, un símbol o un fet.

MCB

POESÍA A ESTE LADO DEL RÍO

lunes, agosto 14, 2017


II Festival de Novel·la Negra del Garraf Cubelles Noir

martes, agosto 01, 2017



II Festival de Novel·la Negra del Garraf Cubelles Noir

Del 17 al 20 d'agost de 2017.

Programa i informació:
www.cubellesnoir.com

"Ardua" de Rolando Revagliatti / 3ª edición corregida

Se encuentra disponible para ser leída, impresa o incorporada a bibliotecas virtuales, blogs u otras plataformas, sin previa autorización, la tercera edición electrónica (corregida) en PDF y en versión FLIP (Libro Flash) del poemario "Ardua" de Rolando Revagliatti. Hemos agregado links recíprocos (de ida y vuelta desde el índice a los poemas y viceversa) para una navegación más cómoda por el documento. El diseño integral y la diagramación es de Patricia L. Boero. Para acceder a la versión FLIP, directamente a través de la página de inicio del Sitio. 

http://www.revagliatti.com/arduanee_e.html

Nueva reseña de "El INSOMNIO DE LOS VERBOS CANSADOS", a cargo de Mª Pilar Blanco Unzué

domingo, julio 30, 2017

RESEÑA DE  “EL INSOMNIO DE LOS VERBOS CANSADOS” DE MARIAN RAMÉNTOL

Existe un elemental pacto entre la vida mortal y la genuina muerte que vive.

No trataré de ser trivial en la apreciación del conjunto poético de Marian ni de enmascarar gratuitamente el principio de “belleza” a base de palabras impostadas que a poco conducirían; no.

Para ser justos,  la razón primordial,  toda vez que simple,  en cualquier análisis de la obra,  bien  debiera  partir del conocimiento previo de la persona.
 
Surge  el primer impacto. Otorgar el perdón, la virtud exigible
qué hacer si ante unos ojos atónitos urge adelgazar la tristeza y además conciliarla con el perdón.
 
Es un riesgo necesario adentrarse en la amabilidad de la noche tanto como  hacerla plegaria, quasi advocación.

La muerte deja de ser la misteriosa fuerza motriz que tal vez  solo la autora domine hasta el punto de prestárnosla para encararla como sublime.

Y fluye sin espina dorsal el mar,  más ímpetu que figura retórica,  adversa transacción de mi Heráclito oculto…

 
Qué fue antes, la verdad o la poesía.

Qué misterio   anida en la peculiar   verdad irreversible  que la autora dibuja, perfila y pule con buril sin otra finalidad que alumbrar  el patetismo de la palabra nunca leída,  jamás interpretada.
 
Cómo elucidar con éxito el origen del poeta sin antes aventurar que únicamente a él (a ella, en este caso)  incumbe ser dueño de su silencio, premisa sine qua non el corazón es el que habla.

Desasirse de la muerte viene a ser  el  reto constante  en  la obra para abrazarse  a  sospechosos amaneceres.

Mas el pronóstico se precipita. Y  bien cerquita del ciclón de anónimas humedades,  discurre plácida una suerte del tan cantado “vivo sin vivir en mí” teresiano, solo que ahora, sin miramientos, la autora nos conduce  con mano certera, firme, segura,  a su terreno para  resolver en una espléndida oda a la vida donde absolutamente la muerte carezca de esquinas y acaso el augurio inalienable  sea  eso nada más: preámbulo  de todo un nombre  (sic pág 22)

Quién sino un aspirante a la derrota osará poner en duda que la muerte sea la máxima pedagogía vital. El exquisito maridaje entre el peso pesado de la inmortalidad con el dolor más intolerable sin adornos hueros, sin concesiones al verso valuado apenas en humo inconsistente.

Será pretencioso abordar íntegramente el ‘Insomnio de los verbos cansados’ sin siquiera  la garantía de haberse zambullido por entero en tan proceloso maremagnum de términos, a veces piezas inconexas de puzzle  con el  resultado no siempre feliz que una  construcción lógica exigiese.

Mirar a los ojos a Marian hace  necesario  desterrar la falsa ilusión de que con justeza  su  opus  nos eporte al fin  un como  bálsamo al modo de remedio inocuo.  He  expuesto, incluso advertido, con anterioridad la escasa o nula tregua a lo amable si como tal amabilidad admitimos en exclusiva el discurso ortodoxo, siempre trufado de los cánones  que un hipotético lirismo impone.

Siempre, omnipresente y a nuestro favor, el mecenazgo del verso solidario, nunca complaciente,  que dejó de ser tea encendida para  hacerse ceniza unitaria  con cada lector.

Guía  y asamblea desarticulada en que todo parece estar perdido salvo  el relevante codo con codo del miedo  con la extrema paz que solo lo amado justifica.

En otras palabras, ‘no seré yo quien a mí se aferre’ una vez abocados al mismo abismo de sal del que surgimos.

Y el denso dilema del yo sin mí.

Establezcamos  un principio de ecuanimidad  si queremos ser condescendientes con este opus insomne, que nos hiere el alma que a todo riesgo confraterniza,  con extraordinario vigor, con  quienes hemos apostado desde el principio por no  ser letales ni ser frágiles ni ser causa primera del  perdón. Y a quienes, también desde el principio, nos imprimían a fuego  resurrección, muerte, vida, estrofa , esplendor, liviandad y miseria a un tiempo, a partes iguales.

-las palabras manchan porque los silencios mueren-

Como ejercicio sensual,  con pericia y paciencia monacales,  nos tienta  Marian al doble juego de adivinar a qué huele el drama, a qué saben el invierno  y su incendio,   qué pesadilla irisa en mil tonalidades grises el azul mar deshabitado, qué más nos quedará por trenzar que el poema desoiga.

La respuesta no querrá  hacerse esperar.

Es así.  Es el colofón  sin réplica , inigualable a mi juicio:

Ay, la última mirada.

El anchuroso  abrazo  maternofilial envolvente que a solas  tan solo la belleza derrama a su antojo

“he venido para erosionar tu ausencia,
vertebrar el ruido del agua en tus pulmones
y convertirlo en un réquiem bellísimo
para todos mis pedazos…”



Y para cerrar esta suerte de círculo excéntrico.

 “Existe un elemental pacto entre la vida mortal y la genuina muerte que vive”

tanto, como para disentir  del modus operandi en esta indubitable pieza maestra de Marian, ilustrado con que

“las palabras mienten, sobre todo las de Dios”


Firmado: María Pilar Blanco Unzué
En La Almunia de Doña Godina Julio del 2017
Mª Pilar Blanco (Zaragoza 1943). Docente de educación primaria y secundaria especializada en música.
Ha publicado el libro de poemas "Séptima sensible". Alkaid ediciones 2016.








Patricia Severín: “Sandor Marai tiene personajes femeninos increíbles” Entrevistada por Rolando Revagliatti

martes, julio 25, 2017

Patricia Severín: “Sandor Marai tiene personajes femeninos increíbles” Entrevistada por Rolando Revagliatti

Patricia Severín nació el 10 de agosto de 1955, en la ciudad de Rafaela, provincia de Santa Fe, Argentina, y reside en Santa Fe, capital de la provincia. Es Profesora de Castellano, Literatura y Latín, egresada del Instituto Ángel Cárcano de la localidad de Reconquista, y ha obtenido un postgrado en Sicología Gestáltica en la Asociación Gestáltica de Buenos Aires. Participó en simposios nacionales y de Paraguay, Chile y Perú con trabajos de ensayo y crítica literaria. Poemas y narrativa breve de su autoría han sido incorporados a numerosas antologías de su país y del extranjero. Publicó los volúmenes de cuentos “Las líneas de la mano” (Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores 1998) y “Sólo un amor”(Premio Único Publicación ASDE 1999); la novela “:salir de cacería” (2013); los poemarios “La loca de ausencia” (Faja de Honor de la SADE 1992), “Amor en mano y cien hombres volando” (en colaboración con Adriana Díaz Crosta y Graciela Geller), “Poemas con bichos” (Premio Fondo Nacional de las Artes 2001 y Premio Municipalidad de Buenos Aires por obra édita, bienio 2002-2003; dos ediciones), “Libro de las certezas” (Mención Especial del Jurado Premio Macedonio Fernández 2008), “El universo de la mentira” y “Abuela y la niña”. Entre otros, recibió el Primer Premio en cuento en el Concurso Nacional Alicia Moreau de Justo, el Primer Premio en cuento “Las Tierras Planas”, Premio Publicación Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Santa Fe. 

1 — Agosto del ‘55…

          PS — Nací en el mes que comienza con la caña con ruda y termina con la tormenta de Santa Rosa; mes frío y ventoso, aquí en Santa Fe, y sobre todo en el campo. El año fue el de la revolución que se dijo “libertadora”. Quizá estos sucesos marcaron mi vida; tanto alboroto dio como resultado que mis días siempre fueran dispersos: campo ciudad, ciudad campo, de aquí para allá enlazando escritura, trabajo, casas, viajes, amigas de las buenas, tres hijas mujeres, un varón, y una constancia a toda prueba haciendo de éste, mi pedacito de mundo, el paraíso que siempre anhelé.

          Escribo todo y a pesar de todo, desde mis lugares ocultos, desde la furia y el abismo, la garra y el desamparo. Me gusta conjurar palabras y usar las del amor (las que mejor me suenan), pero también invoco a las perversas, las gastadas, las superfluas, las bastardas. A lo largo del camino aprendí a callar y evito que me roce el miedo. Vivo y viví siempre en la llanura, con calor, río y distancia. Girando en mi provincia entre campo monte mosquitos y ciudades. Y por mucho tiempo, mi trabajo, fue el de productora agropecuaria: cría de ganado en el noroeste de la provincia.


2 — Rafaela. Pormenoricemos sobre las dispersiones de aquella y de esta Patricia, siempre residiendo en su provincia.

          PS — Nací en Rafaela, ciudad gringa, colonia de piamonteses. Me fui de ella a los dieciocho a estudiar a la capital de la provincia, pero en vez de estudiar me casé y tuve cuatro hijos. Mi padre murió no bien yo me fui a estudiar, y creo que una rebeldía me tomó por dentro e hizo que cambiara el rumbo casándome tan joven. A los pocos años murió mi hermana y otra vez se modificó mi camino: me fui a vivir a Reconquista, cerca de mi madre. Después vino la separación, a los veintiocho, quedarme con mis cuatro hijos, todos chiquitos, trabajar en el campo (Huanqueros) y paralelamente estudiar Letras. Es por ello que el ir y venir siempre fue una constante. Comencé a escribir desde niña pero recién en ese momento —después de la separación y con la carrera de Letras— me sistematicé. Por ese entonces (1983), María Angélica Scotti y su marido, Walter Operto, vivían en Reconquista, en ese exilio interior en el cual migraron algunas familias en el tiempo de la dictadura. Con ella me inicié en los talleres literarios y, junto a la carrera de Letras, me ordené en las lecturas. Nunca más deje de escribir. Y algunos premios importantes, como el de Alicia Moreau de Justo, me confirmaron definitivamente el rumbo de mi destino.

          Desde hace casi diez años vivo en Santa Fe capital. Como soy reincidente, volví a casarme y rearmé mi vida en este lugar. Amo deambular y por ello, con mi marido, compramos una casita en las sierras para seguir yendo y viniendo.


3 — Editorial Palabrava, por un lado, y Lectobus Alas de Papel, por otro, te tienen desde hace unos años “al frente”.

          PS — Editorial PALABRAVA surge ante la necesidad de modificar los términos autor-editor-distribución-libreros. Junto a Alicia Barberis y Graciela Prieto Rey, una calurosa siesta del enero santafesino, nos juntamos a delinear un proyecto diferente. Nos dimos cuenta de que lo que queríamos para nosotras (derechos de autor justos, por ejemplo, y visibilizar nuestros libros) lo podíamos extender hacia los demás escritores y escritoras de la provincia. Hablamos con diario “El Litoral”, empresas, organismos e instituciones, y así nació el primer proyecto de narrativa que distribuimos con el diario: “Las cuatro estaciones de la palabra”, a muy bajo costo para que todos pudiesen adquirirlos. Allí publicamos nuestros libros y también los de Enrique Butti, Carlos Morán, Sara Zapata, Alfredo Di Bernardo y Ángel Balzarino. Paralelamente editamos una colección de poesía, “Anamnesis”, dos libros infantiles en una colección que se llama PALABRUJULA, y coeditamos otros con la Universidad Nacional del Litoral. Este año comenzamos un nuevo proyecto: DOS RÍOS, en una salida anual de dos libros juntos; una autora de amplia y reconocida trayectoria, Angélica Gorodischer, de la ciudad de Rosario, y un autor novel, Jerónimo Rubino, de la ciudad de Rafaela. Además, en “Anamnesis”, publicaremos —ampliando nuestro proyecto— a Olga Zamboni, de la provincia de Misiones y a Lucía Carmona de la provincia de La Rioja. Estos libros, trabajados con fotografías, que se entrelazan con los poemas, son la vedette de la editorial.

          El Proyecto del “Lectobus” viene de la mano de Alicia Barberis y consiste en llevar la lectura a barrios vulnerables y pequeños pueblos de la provincia. La idea es ofrecer a los niños, a través de la lectura, un mundo más amplio y —a su vez— dejar personas capacitadas que faciliten, desde su lugar, la pasión por leer. Si queremos una sociedad lectora tenemos que comenzar despertando el amor por los libros en los chicos.

4 — ¿Cómo fue “escribir junto a” otras dos poetas ese volumen con firme resonancia refranera? ¿Se trata de poemas compuestos por las tres?

           PS — ¿“Amor en mano y cien hombres volando”? Fue un proyecto extraordinario que escribimos con Graciela Geller y Adriana Díaz Crosta en épocas de cartas enviadas por correo. No había e-mail en ese entonces. Yo viajaba de tanto en tanto desde Reconquista a Santa Fe, donde me juntaba con ellas y hacíamos una especie de taller: un poema contestaba al otro o continuaba la temática o la disparaba hacia otro lugar. Fue un libro revolucionario del cual aún tengo grandes satisfacciones. Mis dos amigas fallecieron en distintos años en dos 25 que no se pueden olvidar: 25 de mayo y 25 de diciembre. Eran dos poetas que marcaron rumbo. Con Graciela publicamos luego las obras completas de Adriana, y el año que viene sacaremos en “Anamnesis” el libro inédito que quedó de Graciela.

          Te cuento una anécdota: hace un tiempo, por face, me conectó un dramaturgo de la provincia de Entre Ríos —al que no conozco— pidiéndome un ejemplar. Le contesto que ese libro está agotado, pero ante su insistencia le fotocopio el mío, se lo envío por correo y le pido que me cuente para qué lo necesita con tanta urgencia. Me narra lo siguiente: tiene un sueño en el cual aparece en las marquesinas de la muy porteña calle Corrientes, una obra suya titulada “Amor en mano y cien hombres volando”, escritas claramente sobre un gran cartel. Como él no tiene ninguna obra así llamada ni jamás escuchó ese título, cuando se despierta googlea para ver qué encuentra en Internet y le sale mi nombre y el del libro. ¡Qué maravilla!, ¿no es cierto?


5 — Si bien carezco de certeza, no puedo menos que suponer que María Victoria López Severín, artista plástica, con quien compartís un Sitio, es hija tuya. ¿Puedo pedirte unas líneas sobre ella?... ¿Tenés otros hijos u otros familiares vinculados a un quehacer artístico?

          PS — Mi hija María Victoria, que aún vive en Reconquista, es una artista plástica con un talento único y exquisito. En este momento esta abocada a lo social a través de la creación de cooperativas textiles. Pero el arte no la abandona, por suerte. Mi padre fue pintor y ella heredó esta capacidad, que parece se transmite de abuelos a nietos. Mi hija menor, María Virginia, es bailarina y ejerce su profesión en el Ballet Nacional de Danza Contemporánea en Buenos Aires. Mi otra hija, Soledad, es Doctora en Biología, vive en Santa Fe, a unas cuadras de mi casa. De ella tengo dos nietos: Alfonsina y Nicanor, que por supuesto, son mi debilidad. Leandro está en la construcción. Todo muy variado pero haciendo cada uno lo que le gusta. Siempre los impulsé a que trabajaran por sus sueños. Creo que es el único modo de realizarse en la vida y de ser feliz. De la misma manera que yo soy feliz escribiendo. El bienestar interior va por delante de lo económico. Es decir, cuando una persona hace lo que quiere en la vida y desenvuelve sus sueños, lo otro viene solo.

           El arte llega por el lado de mi padre, de mi madre viene el trabajo en el campo, al que nunca quise que quedaran “pegados” mis hijos por obligación o mandato. Trabajar en el campo es hermoso (sobre todo porque es independiente y al aire libre, contrarrestando el encierro de la escritura) pero sólo si se elige como tal. Es tremendo quedar prisionero de una herencia o de un mandato.


6 — ¿Qué hacía tu padre?

          PS — Estudió arquitectura pero su pasión fue la astronomía. Él me guió en las primeras lecturas de filósofos y de arte en general. Tuvo que encargarse del campo que le dejó su padre, para sostener a nuestra familia, a su madre viuda y a su hermana. Tanta obligación acabó con su vida a los 47 años. Terminé una novela, que me llevó años de escritura, “La Tigra” (el título es el nombre de una estancia), que es también un pequeño homenaje a este hombre innovador, fuera del tiempo que le tocó vivir, que se pasaba las noches observando las estrellas desde el observatorio astronómico que construyó en la terraza de su casa paterna. Se iba en los inviernos a Campo del Cielo —provincia del Chaco— a investigar junto al Dr. William Cassidy —astrónomo de la NASA que viajaba cada año desde los Estados Unidos—, a buscar el Mesón de Fierro. De hecho fueron ellos los que encontraron las mayores piezas del meteorito. El más grande se denominó “El Chaco” y pesa  37 toneladas; es la segunda de mayor masa que se conoce en el mundo


7 — ¿Y tu madre?

          PS — Mi madre aún reside en Reconquista. Tiene 87 años, y creo que va a vivir muchos más, gracias a Dios, pues viene de una familia sana y longeva. Fue docente y la geografía era lo que amaba enseñar. Este fue un gran punto de encuentro con mi padre. Cuando él no estuvo y ella se jubiló, comenzó a ocuparse del campo. Papá armaba avioncitos de madera balsa con mis hermanos varones, y en el largo patio de nuestra casa de Rafaela, probaba diferentes fórmulas, para el despegue de réplicas de cohetes que lanzaban desde allí. Mamá aprobaba sus investigaciones, y todos los años se iban con mi padre a distintos encuentros de geografía en diversas ciudades del país.


8 — En una entrevista que te realizara María del Pilar Lencina (1937-2011) declaraste: “Hablar de la mujer, ‘desde la mujer’, es muy distinto —creo— que lo que vinieron haciendo los hombres en el correr de la historia de la literatura.” ¿Qué autores (varones) lograron hablar mejor, según tu sentir, “más desde la mujer”?

          PS — Prefiero nombrarte autoras: Flannery O’Connor, Carson MacCullers, Alice Munro, Dorothy Parker, Herta Muller, Virginia Wolf, por supuesto, Mercé Reboreda, Doris Lessing, y la gran Irène Némirovsky, que me hace venir a la mente a Sandor Marai, que tiene personajes femeninos increíbles en “La mujer justa” o en “La herencia de Eszter”; también “Ana Karenina”, del magistral Tolstoi. Luego está lo contrario: Marguerite Yourcenar delineando el personaje masculino en su “Memorias de Adriano”, por ejemplo.

          Los escritores y escritoras tenemos la suerte de vivir muchas vidas y distintos sexos. Pero eso no quita que podamos sentirnos más cómodos en unos que en otros. Yo me siento muy bien en la piel de las mujeres, indagando en su corazón, en sus emociones y en sus cabezas, y también relatando sus historias entremezcladas con las mías.


9 — María del Pilar Lencina ha sido una poeta con la que durante años he mantenido correspondencia postal, cuando dirigía sus Hojas de Poesía “Hermano Luminoso”. No nos hemos conocido personalmente. ¿Cómo la recordás vos, Patricia?

          PS — Con muchísimo cariño. María —como le decíamos en el norte— era un personaje de la ciudad. Escribía en un bar tradicional de Reconquista, “Cheroga”, que era una prolongación de su casa; allí te hacía las entrevistas, te citaba, conversaba de poesía y sufría por Boca Juniors. Fue una poeta exquisita; trabajó con ahínco por la pasión de su vida, la poesía, en esas hojas, “Hermano Luminoso”, que hicieron historia en el país y en el extranjero.


10 — En otra entrevista —para la revista literaria electrónica “Remolinos” de Perú— afirmaste que provenías de la línea de autores más viscerales y/o intimistas que intelectuales.

          PS — Yo elijo autores/as que me conmuevan. Puedo admirar lo intelectual pero lo que no me conmueve no deja huella en mí. Entre el grandioso Borges, por ejemplo, y Cortázar, me quedo con Cortázar o con Jamaica Kinkard o con Selva Almada o Julián López.


11 — En su momento, aseveraste que después de tu deslumbramiento ante “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera, había cambiado tu concepción de la literatura. ¿Cómo cambió entonces? ¿Volvió a cambiar después?

          PS — Absolutamente. Ese libro abrió mi mundo literario. El impacto de estar leyendo una ficción, que además te dice que es tal, y al mismo tiempo logra hacerte vibrar de la mano de pasiones y mentiras, aventuras y desventuras de personajes que sentís reales, fue una conmoción. Esta concepción de la escritura se fue mezclando luego con otra vertiente que viene de la narrativa de Carson MacCullers. Ella dice que todo lo que escribió es algo “que le pasó, le pasa o le pasará”. Yo creo lo mismo. Convertir tu vida y la de los que te rodean en tu materia prima, en tu mezcla preferida para levar lo literario, ya sea poesía o narrativa, es mi modo de encarar la escritura.


12 — Tenés un libro que no darás a conocer: “La voz bajo la falda” (consta en la Red). Capciosamente pregunto: ¿qué tenés —o retenés— teniendo un libro que no darás a conocer?

          PS — Se me fue la obsesión, como dice mi amiga, la escritora Marta Nos. Y sin obsesión no hay libro. Aunque está escrito se desactualizó para mí. Y si se desactualizó ya no tengo la necesidad de editarlo. Del mismo modo, aunque un libro mío se haya publicado, si siento que debo modificar algo para una edición posterior, lo hago. Por ejemplo, reescribir un cuento. La obra es del autor (autora), quien tiene todos los derechos sobre la misma. Esto me lo enseñó hace muchos años Mempo Giardinelli, y me pareció una postura válida, correcta.
13 — El también rafaelino narrador y poeta Hugo Borgna en un análisis de tu obra literaria encomilla de “:salir de cacería” lo que ahora reproduzco: “todo lo que se pudre se convierte en familia”. Tremendo. ¿Qué obras artísticas te han estremecido?

           PS — Esta frase que comentás me estremeció en lo más profundo y me mostró otro costado del concepto de familia; es del poeta Fabián Casas. Y ahora que la traés a colación me doy cuenta de que casi toda la idea de la novela “:salir de cacería”, gira alrededor de ese tremendo enunciado… que en realidad no es mi creencia, pero sí es el comportamiento y la creencia de muchos de los personajes de la novela.

           Me estremecieron —en literatura— por ejemplo: “Tres luces” de Claire Keegan; muchos de los cuentos de Alice Munro, sobre todo de su libro “Demasiada felicidad”; “Middlesex” de Jeffrey Eugenides; “Todo cuanto amé” de Siri Hustvedt; “La historia del amor” de Nicole Krauss; los libros de Némirovsky; los de Laura Alcoba; “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” de Murakami; algunos de la brasileña Clarice Lispector; los de Irma Verolín tanto en narrativa como en poesía…; es larga la lista, podría seguir dos páginas más. En poesía te nombro a Joaquín Giannuzzi, a Laura Yasan, algunos libros de Santiago Sylvester, Gelman y Boccanera, los de Marossa Di Giorgio y Fernando Pessoa… y también los de Orlando Van Bredam. De hecho, todos estos libros y los que —por cuestión de espacio no te nombré— están en el lugar de privilegio de mi biblioteca.

           Me estremecen también las pinturas de mi hija María Victoria; las esculturas de Camille Claudel y de Lola Mora, los cuadros de Frida Khalo.
             

14 — “Helada negra” se titula un libro tuyo de cuentos que pronto aparecerá a través de Ediciones UNL.

          PS — Tendrá diez cuentos. Justamente el título del mismo, que como verás es ambiguo, pues puede interpretarse como “helada negra” o “el hada negra” —depende de la manera en que lo nombres—, lleva en sí mismo la carga emocional que porta cada uno de los cuentos. Hay dolor por la muerte. La muerte de una prima, de una hija, un padre, una hermana, una mano, de la amistad, del amor, de la confianza, la pérdida y el reencuentro de la identidad, de los bienes, y también la herida que años atrás se le hizo a nuestra Patria con tantas otras muertes. Es un libro de pérdidas aunque también creo que puede vislumbrarse en alguno de ellos un nuevo nacimiento, una esperanza, después de tanto dolor.


15 — Además de la novela “La Tigra”, ¿tenés otros libros inéditos?

          PS — Tengo un libro de poemas que se denomina “Muda” —otro título ambiguo si se quiere, pues se refiere a la falta del habla o quedarte sin habla, y a su vez al cambio, a la mudanza de las cosas y de las personas—. El libro es muy duro al inicio y luego se va convirtiendo en algo más luminoso, en su travesía hacia el final.

          Estoy terminando una novela breve, “Dos abuelas” y otro poemario que como título provisorio lleva “Difícil decir que no”. Ah… y también estoy escribiendo un libro de Qhabala, cuyos conceptos los vierte mi profesora Beatriz Ulrich, y cuyo fin es que este Conocimiento pueda ser comprendido y aprehendido por todo el que lo desee; que ya no sea hermético ni para un grupúsculo de escogidos.


16 — Roberto Fernández Retamar se pregunta en una carta-poema: “¿Qué le ocurre al novelista cuyos personajes, de pronto reales, se ponen a vivir por su cuenta?” ¿Qué te ocurre, Patricia, cuando algún personaje se pone a vivir por su cuenta?

          PS —Te sorprende. Te sorprende muchísimo… y se los deja crecer. No queda otra. Y luego estás maravillada por el rumbo que han tomado. Esas criaturas se inventaron sus vidas ellas mismas. Y más tarde viene lo contrario, los personajes que sobran en la historia, que no encajan en ningún lado, que no van a ninguna parte y tenés que sacrificar. Es muy triste, te lo aseguro. Es penoso. Me resisto… pero al final lo hago: elijo la historia. Esos mueren y es difícil enterrarlos. Hago lo que sea para que sobrevivan. En “La Tigra” por ejemplo, muchos personajes tuvieron que quedar de lado… pero irán a cuentos. Es más, ya están en cuentos que aún no he juntado para un volumen. Pero, y va otro ejemplo, tengo una novela que transcurre en Uruguay —escrita a medias— y no sé que haré con ella y su gente… y me resisto a perderlos de vista.


17 — ¿Qué relación existe entre obra y experiencia poética? ¿Son inseparables?

          PS — Para mi son inseparables. Absolutamente. Porque emocionalmente no tengo manera de separar las dos.


18 — ¿Influyó en algo tu trabajo de productora agropecuaria?

          PS — Muchísimo. Los climas de mis obras —en general— están traspasados por la naturaleza, por los animales, los árboles, el silencio, la lluvia, el campo. Y a veces me pasa algo que no es del todo grato. Leyendo novelas de autoras —en este caso argentinas—, veo que colocan cosas incorrectas —sobre lo que se hace o pasa en el campo—, y esto me saca de la historia y me cuesta volver a ella. En la que termino de leer, la autora nombra en simultáneo al trigo, el girasol y la soja, como sembrados que pueden ir a la par. Esto no es así. El trigo se siembra en invierno y cuando se lo recoge se siembra la soja y puede sembrarse también girasol. Dice también que con la brisa la soja oscilaba…; el trigo, quizá… y cuando larga la espiga y oscila, es muy bello de ver. Pero nunca vi oscilar la soja.

          En otra novela, un auto viejo se descompone y es tirado con una soga, mientras sus ocupantes se trasladan a la camioneta que los auxilia. ¿Cómo va a ser guiado el auto descompuesto sin nadie al volante y arrastrado por una soga?  Hay cosas que para el que trabajó en el campo son obvias. Abelardo Castillo, por ejemplo, tiene cuentos magistrales que suceden en el campo, y escribe con una precisión y un rigor tal, que parece que ha vivido allí.

         Sé que no es fácil para alguien de la ciudad entender cómo funcionan algunas cosas en el campo. Pero ahora con Internet la información está al alcance de todos.


19 — ¿Cómo te resuenan las palabras “tributo”, “endeblez”, “hipocondría”, “retahila”, “atrabiliario”, “bolonqui”, “disperso”?
 

          PS — Tributo: homenaje ganado, bien merecido; endeblez: falta de voluntad para vivir; hipocondría: lo que no tengo; retahila: madre pesada que no termina nunca de quejarse ante sus hijos; atrabiliario: si es sinónimo de mal carácter, esa no soy yo; bolonqui: lo que hay en mi escritorio aunque siempre me diga lo contrario; disperso: muchos de mis días.


20 — Según he leído, Haruki Murakami habría opinado que escribir una novela es un reto y escribir cuentos, un placer; que es la diferencia entre plantar un bosque o plantar un jardín. ¿De qué otro modo expresarías que escribir una novela es…, y escribir cuentos es…?

          PS — Escribir una novela —para mí— es meterse en un universo que no sabés cómo se va a construir, ni qué resultado tendrás con él. No definiría a un cuento como una escritura de placer pues a veces se hace muy doloroso escribirlos, y otras veces dan muchísimo trabajo para que queden como una quiere dejarlos. En cambio en una novela si hay algo no tan exacto no se nota en el conjunto: es como un río con afluentes, no siempre baja limpio. El cuento es una isla o un lago, si queremos seguir con la comparación del agua, y no debe tener meandros ni costas desprolijas: delinearlo pensando en lo perfecto y acabado, aunque a veces no nos salga tan así.

 
21 — ¿Qué —que puedas y quieras contar— te enorgullece? Y, ¿qué —que puedas y quieras contar— no te enorgullece?
 

          PS — Me enorgullecen mis hijas, haberlas criado con los valores que las crié. Lo que hice con y de mi vida, corrigiendo los errores a medida que avanzo en el camino. Me enorgullece el esfuerzo que puse —y pongo— en la pasión y la responsabilidad de la literatura, y en que cada obra no se repita y pueda tener su propia voz. Las amigas que tengo y el empeño en construir la amistad. Mi nuevo matrimonio y el viraje que di en la concepción de la pareja. Me enorgullece la persona que he llegado a ser a partir del desafío de mi búsqueda interior.

          No me enorgullece la disputa entre hermanos, las pequeñeces o miserias que a veces me descubro pensando, cómo malgasto el tiempo de tanto en tanto. Tampoco me enorgullece criticar o pensar mal de la gente (cosa que trato de enmendar) o algún brote de ira o malhumor, resabios que limpio de inmediato no bien los diviso.


22 — ¿A qué escritores fallecidos —de todos los tiempos— te hubiera gustado conocer en persona?

          PS — A Manuel Mujica Laínez, exquisito diseñador de tramas e historias. Poder quedarme mirando junto a  él, desde “El Paraíso”, su casa de Cruz Chica en la provincia de Córdoba, el paisaje maravilloso de las sierras. Ahora que yo también tengo mi propio paraíso, voy caminando por esas callecitas cerca de donde Manucho pasó gran parte de su vida, y me pregunto por sus escritos —no valorizados aún como corresponde—,  su extravagante existencia, sus pasiones, su amor por la belleza. A Clarice Lispector…: conversar de su mundo literario intangible, esotérico y magnífico; a  Cortázar, por supuesto, para charlar sobre Cronopios y  Famas, y sobre su visión del mundo que deja entrever misterios, vidas paralelas, yuxtaposición de tiempos y personajes; a Irène Némirovsky para decirle cuánta admiración tengo por su obra y por su valentía, y protegerla de los asesinos, que primero la entregaron y luego la mataron a los 39 años, en un campo de concentración. Es increíble que haya escrito semejante obra con tan poca edad.

Patricia Severín selecciona poemas de su autoría para acompañar esta entrevista:


De “Poemas con bichos”:


/Hoy me fui de todos y de todo
 de mí
 de Dios
 tan jodida me fui
 resbalando por mi cuerpo
 haciendo equilibrio       con la sombra de las uñas


 Hoy me fui sin cantar    —yo nunca supe—
 guiñando un ojo a la vergüenza


 desnuda sobre la helada       me fui/



 /quisiera ser un bicho más/ no este animal doméstico/


*
III-con víboras

Tengo encerrada una serpiente en un frasco verde
En realidad el frasco es transparente
la serpiente es verde

No es una serpiente
                                      dice mi hija
es una culebra enorme y larga
destrozada por un perro

Soledad   colecciona     culebras,    serpientes,    víboras
Reptiles

En fin
:mira la belleza donde pocos la ven

Se ha vuelto sabia

Puede raspar escamas
para separar
                      lo que parece
                                              de lo que es


III-con víboras

También yo mudo de piel
de invierno a verano

el que me conoce
no me conoce
y dice que quiere a la otra
la que empuñaba su lengua bífida
en vez de abrazar el silencio


busca a la que no soy

la que vendrá ya esta en mí

*

De “El universo de la mentira”:


ANTICIPO

                     
Todos estaban allí
hurgando dentro de mi boca
respuestas
que no podía darles

Se empeñaban en clavar astillas

Ni vestigios de la que fui
ni presencia de la que soy
un sopor de uva
en el cuenco de la frente

Todos estaban allí
hurgaban
yo quería decirles que lo único mío
eran las esses
las esses de mi nombre que colgaban de mí

Pero no iba a conformarlos

                            Entonces discurrí la manera de partir
dejar la multitud
ya no lloraba
sólo miraba el mundo
como una crema
                                 espesa                    
                                                 negra                  


 *
                           SALDO


                la malparida                     la hermosa
                                se ha sacado los ojos
             para                    quedar allí       definitivamente

   en la casa vacía                     la pequeñita
   que separa el estante    los libros      la cocina
   la pelusa     el polvo      su llavero     el celular
   la tierna desolación que ocultaba tras la nuca
         
            la ocupada                       la desolada
   la maltrecha                     la despenada
                      la desvirgada                      la majestuosa
    la deshojada                        la tenebrosa
                      la malhablada
    la conchuda                          la soñada
                       la ceñuda


hunde las venas       en el vacío       de la gillette        de la casa

*
De “Muda” (inéditos):        

Perspectivas

No tengo un lugar elevado
por donde mirar
a ras del suelo
es difícil ver el mundo
hay hollín por todas partes
la virtud se escurre en la boca de tormenta
Pido sangre para el que está sepultado
:trepo al tapial /gano altura
máscaras móviles no entran en esta cavidad
pasan lentas
como un tren de otoño
como una tos que se expulsa en otro lado
Me juego el todo por el todo
y me elevo un poco más
Hago pulpa de esquirlas con las manos
un líquido negro me emborracha
Tiro anzuelos para cazar pirañas
para no pensar

No hay nada que mirar
desde aquí arriba
que no vea desde abajo

*

Rock


Charly se arrojó desde lo alto a la piscina
y esta bruma no disipa
quizá algo de locura venga bien
algo
no esta barbarie 
que serpentea por el piso
reguero de pólvora
se incrusta en las paredes
dejando boquetes más grandes que una colt
(Nadie se da cuenta
cómo tiemblo
sordomuda encerrada en el altillo
el cuerpo no responde
traqueteo / carromato
que devora hasta la lengua)
¿Vamos a cruzar el charco en barquito de papel?
Siempre nos pasa lo mismo
No veo el cielo en llamaradas
sólo ceniza que se arrastra
babosa rociada con sal
Hay un éxodo dispuesto a dispararse
dame un rock
un rock cargado
Charly
para no escuchar

*

Entrevista realizada a través del correo electrónico: en las ciudades de Santa Fe y Buenos Aires, distantes entre sí unos 467 kilómetros, Patricia Severín y Rolando Revagliatti.

http://www.revagliatti.com/ultinf_severin_full.htm