Presentación de "SI YO TE DIJERA...", de Margaret Van Epp

miércoles, septiembre 05, 2018

Entre los muchos méritos atribuibles al presente trabajo, nos gustaría destacar el de haber escrito sobre un tema cuando ni siquiera lo había: la Memoria Histórica. Así, con mayúsculas. La Memoria Histórica llegó tiempo después, cuando el volumen que tienes en las manos se hallaba agotado. Es por eso que ahora, veinte años más tarde, deviene en fundamental y necesaria su reedición por parte de la Fundación Machado, que ya apostara por sus valores a fines del siglo pasado.

La visionaria hispanista que lleva dentro Margaret Van Epp hace suya en estas páginas, una de las más impagables tareas que puede abordar el ser humano: devolverles la voz a los que tuvieron que permanecer callados casi toda su vida.


Presentación de tres novelas de Úslar Pietri

Úslar Pietri en la Casa de América
Presentación de sus novelas: La visita en el tiempoOficio de difuntos y La isla de Róbinson

Intervendrán:
– Mario Isea Bohórquez, Embajador de la República Bolivariana de Venezuela
– Justo Cuño Bonito, Doctor en Historia de América
– Gastón Segura, escritor

Fecha: jueves 13 de septiembre a las 19:00hs
Lugar: Casa de América. Plaza Cibeles s/n, Madrid.



"La última frontera" de Alberto Fernandez

Dice el autor:

"Escribir “La última frontera” fue una experiencia muy gratificante. He escrito más novelas, y he disfrutado con ellas, pero nunca tanto como con esta. Mi nivel de implicación con la trama ha sido grande y he disfrutado paso a paso los rincones visitados por su actor principal. Para ello han sido imprescindibles tres factores. El primero, mi fuerte deseo de recuperar las calles de Baeza que pisé por primera vez cuando tenía 21 años. El segundo, la música de Felipe Campuzano quien, a golpe de piano, hacía trotar en mi cabeza a los caballos del antiguo Depósito de Sementales de Baeza, o ir al paso, o mostrar la noche andaluza y el olor de sus almazaras, o respirar la brisa de Sierra Magina. El tercero, la fotografía de una hermosa y desconocida mujer morena que actuó de musa para confeccionar el personaje femenino, y cuya ventana tenía abierta en la pantalla de mi ordenador para que se meciera en el piano de Campuzano y recorriera de mi mano las calles de Baeza. Con esos tres pilares era imposible que “La última frontera” no fuese una novela en la que palpitara avariciosamente mi corazón.            Parte de mi servicio militar lo realicé en el Depósito de Sementales donde se inicia la trama, y puedo asegurar que sentado ante el teclado de mi ordenador volví a vivir el calor húmedo de las cuadras y me calcé las botas de taco para seguir tecleando detrás de la mujer de ficción que las musas me regalaron. Pero claro, trabajé haciendo trampa y dejando poco espacio a la invención: solo tenía que tirar de recuerdo, de sentimientos, dejarme arrastrar hasta el año 1978, que es donde se desarrolla parte de la trama, y dejar que tecleara mi corazón.            “La última frontera”, en un principio, iba a ser más corta, pero cuando el sentimiento, que es la maquinaria que nos mueve a los escritores, puja por manifestarse, uno lo deja brotar, que se haga palabra, fantasía. Así fue como prolongué el argumento, desarrollándolo en Madrid, pero siempre con el referente de la ciudad andaluza que da soporte al progreso de la acción.
            Los personajes están seleccionados de lo mejor de aquellos tiempos de mili: Chupa Chups, El Asfixiao, No me Llores. Y cruzando una de las fronteras, en esta parte de la realidad, Amalinda, Ignacio, Tina. Gran parte de ellos existen en la realidad, algunos incluso con el nombre asignado en la novela. Con todos he tomado café virtualmente mientras escribía, y así podía recuperar sus voces, los gestos, la expresión de su mirada. ¿Y Lola, el personaje central femenino? Juro que vivía enamorado de esa criatura que estuvo durante meses asomada a la ventana de mi ordenador, que rastreé cada poro de su cara para no perderme ningún detalle de esa realidad literaria que, junto con los caballos del Depósito y sus dos patios de cal blanca, aventaron el deseo de escribir una gran historia.

           
“La última frontera” nos asoma a muchos balcones, pero sobre todo, nos asoma a la lucha del ser humano contra el destino que lo marca. Y el último balcón al que nos asoma la novela que más partes de mí tiene, es el balcón que cae sobre, precisamente, la última frontera".

Alberto Fernández Pato


Enlaces de inerés:

https://www.edicioneslacre.com/tienda/la-ultima-frontera/https://www.imosver.com/gl/libro/la-ultima-frontera_0010142280https://www.amazon.es/%C3%BAltima-frontera-Alberto-Fern%C3%A1ndez-Pato-ebook/dp/B01N3825IFhttps://www.amazon.es/%C3%BAltima-frontera-Alberto-Fern%C3%A1ndez-Gonz%C3%A1lez/dp/8416815666https://www.buscalibre.us/libro-la-ultima-frontera-spanish-edition/9788416815661/p/47967505 https://www.elcorteingles.es/ebooks/tagus-9788416815678-la-ultima-frontera-ebook/


 Sobre el Autor:

Premio  de Novela Juan Valera
   
  Premio de Relato Cuentos de InviernoIII Premio de Relato  ArtíficeXIV Certamen de Relato Pedro de AtarrabiaII Certamen de Relato Palabras DiversasX Certamen Literario de Relato Letras de BañosXIII Certamen de Relato amudecaVI Certamen Literario de Relato Las Fuentes de la EdadXI Concurso de Relato Corto Leopoldo Alas ClarínXI Certamen Literario de Relato Al-ÁndalusPremio de Relato Iparragirre SariaCertamen de Relato breve GNEAUPP – Fundación Sergio Juan JordánCentenario de los Juegos florales hispanoamericanosIV Premio Antonio Reyes Huertas

Las confabulaciones, de Ignacio Miquel

domingo, agosto 19, 2018

En septiembre en las librerías

Una novela, por su agudeza y su sarcasmo, sin parangón en el panorama literario actual

Las confabulaciones


Ignacio Miquel
Prólogo: Manuel Longares
ISBN: 978-84-946483-9-7
314 páginas
PVP:19’95 €




Las confabulaciones (memorias de un hombre rana) es, contra cualquier predicción, una novela de narrador curtido y, no obstante, es la primera que brota del ingenio de Ignacio Miquel. Un relato que, como señala Manuel Longares, en el prólogo, «al concluirla, el lector se ha reído mucho con las peripecias de Julián e incluso pueden servirle de brújula para no equivocarse. Pero muy probablemente, su identificación con el protagonista no derive tanto de compartir sus hazañas como su filosofía vital. Y es que con ese compañero de viaje no le importaría recorrer el mundo.»
Las confabulaciones (memorias de un hombre rana), convencerá al lector —especialmente al amante de los libros y la cultura literaria—, y además divierte por lo disparatado de una curiosa trama que fluye constantemente de la superficie a la profundidad (intelectual y estética) con una sencillez admirable.

Sinopsis 
Julián Montero, su protagonista, narra los recuerdos de lo sucedido a principios de los años 90. Es huérfano de padre, no tiene buenas relaciones con su hermana Berta ni con su madre, dueña de una agencia que organiza congresos y trabaja con jóvenes modelos. Por su parte, Julián incuba unas grandes aspiraciones literarias y el azar le abrirá la puerta hacia la posible gloria literaria. En ese instante su vida se trastoca.

Tema:
Se podría decir que Las confabulaciones (memorias de un hombre rana) trata un tema universal: el de la madre posesiva y castradora, pero Las confabulaciones es mucho más que una historia de malsanos amores maternofiliales; es una indagación sobre el éxito o el fracaso, y la doblez hipócrita que los mantiene.
Con fuerza prosadora, llena de ironía, profundidad,
trazas de tono trágico e incluso grotescas
Personajes:
Por sus páginas desfilan multitud de personajes de nuestra actualidad aunque vencidos hacia lo grotesco: una madre de ambiciones desmedidas que asegura haber sido doble de Sofía Loren en el Cid; una hermana envidiosa y poco agraciada; unos activistas universitarios de tres al cuarto; un patético escritor fracasado que vaga en pena por las librerías con su manuscrito inédito; un viejo poeta epicúreo y plagiario; una despampanante chica rusa de vida más bien opaca; un enigmático detective jubilado que advierte sobre las mentiras del género negro; un mafioso feroz y salaz; el fantasma catódico y satinado de Roldán, el exdirector de la Guardia Civil;  un cargante profeta de la era del Consumo; una camarera con poderes y gustos paranormales; un cínico periodista y su círculo de adoradores de la Santa Brevedad; un paparazzi sediento de alcohol y de exclusivas... 

Ignacio Miquel

Madrileño de 1964. Vivió sus primeros años en Sevilla y Bilbao, y en Valencia pasó su segunda infancia, hizo el Bachillerato y se licenció en Geografía e Historia, cuando el Arte era solo una especialidad. Vivió un tiempo en Londres, donde perfeccionó su humor y su inglés. En 1990 se trasladó a Madrid, ciudad en la que reside, para estudiar periodismo en la Escuela UAM/EL PAIS.
Salvo esporádicas incursiones en el periodismo cultural, ha desarrollado su carrera en el ámbito de la información económica y en el de la comunicación corporativa en diversos medios y empresas. En la actualidad trabaja en una agencia de comunicación.
Ha sido coautor de dos libros de divulgación de lenguaje publicados por la editorial Espasa y ha escrito dos poemarios inéditos: La marmaridad y Crónicas de BabiaLas Confa-bulaciones (memorias de un hombre rana) es su primera novela.

Para más información:
Nacho Wilhelmi
Responsable de comunicación
Telf: +34 607 23 14 67nacho@editorialdracena.com


"De mi mayor estigma (si mal no me equivoco):" de Rolando Revagliatti / 4ª edición-e corregida

Información
 
 
Se encuentra disponible gratuitamente para ser leída, impresa o incorporada a bibliotecas virtuales, la cuarta edición electrónica corregida y con la mayoría de los textos eliminados definitivamente, en PDF y en versión FLIP (Libro Flash), del poemario “De mi mayor estigma (si mal no me equivoco):” de Rolando Revagliatti. Hemos agregado links recíprocos (de ida y vuelta desde el índice a los poemas y viceversa) para una navegación más cómoda por el documento. El diseño integral y la diagramación es de Patricia L. Boero.



Puede descargarse en:

Las calicatas por la Santa Librada, de Gastón Segura

miércoles, agosto 01, 2018

En septiembre en las librerías

Un relato desbordante sobre un extraordinario hecho real
Resultó finalista absoluta del XXIII Premio Azorín de novela

Las calicatas por la Santa Librada
 

Gastón Segura
ISBN: 978-84-946483-7-3
642 páginas
PVP: 29,95 €




Un hecho real —la desaparición de una locomotora en la inmediata postguerra española y su búsqueda por parte de un teniente y un par de soldados, durante dos años— es el origen de Las calicatas por la Santa Librada; un retrato, por momentos sarcástico y, por momentos, conmovedor, de tan aciago periodo de la reciente historia de España.
Las calicatas por la Santa Librada desborda las convenciones de la novela al uso, por la variedad de materiales(documentos administrativos, sentencias judiciales, artículos de prensa, cartas…) que la constituyen, y por el puñado de relatos que la van trenzando hasta plasmar una vívida estampa de la época, concebida siempre desde el humorismo, a veces, descarnado y, otras, de una emocionante ternura.
Drácena publica por fin este prodigioso y desmesurado relato que resultó finalista absoluto del XXIII Premio Azorín de novela.



Gastón Segura

Nació en Villena en 1961. Se trasladó a Caudete a los siete años, y entre ambos pueblos pasó su vida hasta que, a su debido tiempo, marchó a Valencia para licenciarse en Filosofía. En 1990, se instala en Madrid, y tras probar suerte en diversos oficios, en 1996 decide dejarlo todo para dedicarse a la escritura.
En 1999, resultó finalista absoluto del XXIII Premio Azorín con su primera novela, Las calicatas por la Santa Librada. Ha publicado las crónicas africanas A la sombra de Franco (2004) e Ifni: la guerra que silenció Franco (2006), también la crónica local,El coro de la danza (2006), el ensayo Gaudí o el clamor de la piedra (Asimétricas, 2011), que resultaría seleccionado como lectura recomendada en los cursos de doctorado de Escuela Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid y la novela Stopper (2008), que también sería distinguida como «lectura imprescindible» por el Dpto. Lenguas Modernas de la Universidad Estatal de California. Añadiremos que Drácena le ha editado Los cuadernos de un amante ocioso (2012), Las cuentas pendientes (2015) y Un crimen de Estado (2017).


Para más información:
Nacho Wilhelmi
Telf: +34 607 23 14 67

Una habitación de hospital con vistas al mar, el nuevo poemario de Antonio Cruz, por Beatriz Pérez

jueves, junio 28, 2018

Una habitación de hospital con vistas al mar, el nuevo poemario de Antonio Cruz, reseñado por Beatriz Pérez.


Autor: Antonio Cruz Romero
Editorial: Letras Cascabeleras
Primera edición: Cáceres, abril 2018.
Ilustraciones: Hilario Barrero

Aquí sólo somos el insignificante zumbido de un insecto que ilusos creemos imprescindible para volar

La existencia observada desde la intimidad de un poeta puede asemejarse a pasar las páginas de un álbum de fotos exquisitamente nítidas sobre instantes tristes y duros. Antonio Cruz nos transporta a un escenario de recuerdos y heridas; a una época de su subjetividad, suya porque no puede ser de nadie más, con asideros muy claros y precisos en lo real. Botellas de vino, cafés, asientos de un autobús o una corona de flores conforman un universo lingüístico que te aproximan al lado más doloroso de la muerte, la enfermedad y la vida. Sin hermetismos ni florituras, su llanto es directamente proporcional a la cotidianidad de la verdad del momento. 

Y por fin llegué a casa;
durante unos instantes
el agua hirviendo de la ducha
lavó mis últimas horas
y
las nuevas heridas,
dejándome cubierto de vaho
y terriblemente escuálido:
solo en estos versos, 
sólo en sus cicatrices venideras. 

Una habitación de hospital con vistas al mar es una obra seccionada en cuatro partes todas ellas conectadas entre sí por el dolor. La libertad a la hora de componer el orden y la propia estructura de los poemas son una constante en todo el libro. Ese anarquismo hace que los versos se acomoden en sintonía visual con las ilustraciones de Hilario Barrero. Cruz también integra en sus textos el gusto por la lógica del lenguaje, numerosas citas poéticas, títulos y frases en inglés convirtiéndonos en cómplices de sus lecturas.  

Influenciado por la poesía neerlandesa que el autor tanto admira, los paisajes internos y externos que nos muestra con sus versos son contradictoriamente desoladores y hermosos. La belleza es angustia y ternura a la vez en los textos del poeta. Porque el vínculo afectivo está presente en todo momento como lazo de amor que salva, detiene y provoca que detrás de la oscuridad de la noche llegue el día con su luz. El amor a las hijas transforma el desconsuelo en ternura; te conduce a payasos, camas y despertares matutinos repletos de calidez que entrelazan así la muerte con la vida.

Sé bien que algún día no compartirás ya estas sábanas pesadas 
con las que en vano trato de taparte para que el frío no te muerda;
no estarás sobre el oleaje de este lecho para despertar
nuestro sueño al alba, ni respetar los últimos días de la semana,
con esa, tu sonrisa pícara, y el olor de tu carnecita blanda. 


Y los recuerdos duelen, no perdonan. La existencia vivida con la herida abierta y la cicatriz iniciándose como acompañante del duelo por llegar. Mientras las cicatrices de la poeta Piedad Bonet eran el inicio de algo nuevo, para Cruz son pena en estado puro como forma de mantener un vestigio de aquello que ya no está. 

pues las cicatrices infligen más dolor
que las llagas, y hasta el miedo
a perderlas duele, también olvidarlas: 
el corte en la cara con la cuchilla 
de mi padre; en el pecho la uña 
clavada de mi abuelo un día 
de playa; el arañazo bajo el vientre de Noa, 
que nació de una herida horizontal 
abierta bajo el ombligo, y al mirar 
la cicatriz veo mi propia llaga. 

El autor a veces nos da pistas con fechas, lugares y nombres porque nos quiere hacer testigo de su dolor secuestrándonos un poco más hacia su escenario interior allí donde habitan esos olores a vómito, café, autobús de segunda, vino, cenizas o sal del mar. Pues la noche, las heridas, las llagas, el insomnio y la oscuridad son protagonistas de sus versos. 

Miércoles hoy; mañana serán ceniza.
Las oleadas del mar suplican 
una y otra vez lo inconfesable:
un barco naufragado con el horizonte
es sólo un punto derretido en la noche, nada más. 
¿Y yo? ¿A cuántos versos de distancia
 estoy hoy del vacío? 
¿Cuándo podrán sanar las palabras? 


Una habitación con vistas al mar es una lectura necesaria, oscura, dura y libre que nos conduce a sentir los grandes duelos como manera de estar y valorar la importancia de los afectos que nos vinculan a la vida. 



Beatriz Pérez Sánchez

Barcelona, 18 de junio de 2018.

Antonio Cruz Romero (María, Almería, 1978). Narrador, neerlandista y traductor casual, aunque esencialmente poeta, ha cursado estudios de Magisterio, Música, así como un Máster en Ciencias Judaicas.

Ha publicado la colección de relatos Cuentos macabros ilustrados y la novela El banquete: crónica de un ajusticiamiento. Sus últimos poemarios han sido Grecia: Guía de viaje para antipoetas y soñadores, En el abismo del olvido y Una habitación de hospital con vistas al mar. El número CU4TRO (octubre 2015) de la revista de poesía La Galla Ciencia le publicó una veintena de poemas inéditos bajo el título «El hierro de la lengua marchita», y es autor de la antología y ensayo Poesía experimental de los cincuenta en lengua neerlandesa.  

Ha traducido y antologado al español a los poetas neerlandeses Menno Wigman, Arie Visser e Ilse Starkenburg, al flamenco Paul Snoek, al norteamericano Robinson Jeffers, así como al relevante poeta y novelista neerlandés J. J. Slauerhoff con la antología poética En memoria de mí mismo. En este terreno de la traducción destacar a su vez la edición crítica de El reino prohibido, la transcendental novela modernista firmada también por Slauerhoff, escritor de cuya vida y obra es gran conocedor.        

Sus artículos y poemas han aparecido en diversas publicaciones nacionales e internacionales como La Galla Ciencia, El Coloquio de los Perros, La Voz de Almería, Fábula, El Ciervo, Estación Poesía y Clarín; Carátula. Revista cultural centroamericana (Nicaragua), Galáctica Magazine (Colombia), Revista El Humo (México) o Cuadernos de Humo (EE.UU.).  

Ha sido becado como «Translator in residence» en la Casa del traductor de Ámsterdam (Het Vertalerhuis Amsterdam), y es el fundador y editor de la revista Ravenswood Magazine. Su blog lleva por título Sobre filias y fobias literarias.

"Con dos almas por Palabra" & "Aprehenderse", por Valentín Martín

lunes, junio 25, 2018

UNCHAINED MELODY

No sé por qué me viene a la memoria esta hermosa melodía desencadenada al leer dos libros hechos a cuatro manos entre  la poeta Montserrat Villar González  y el pintor Juan Sebastián González (la sonoridad puede invitar a pensarlo, pero no son primos), y otro de la poeta de Cortegana de Baños a medias con el brasileiro Álvaro Alves  de Faria.
Tal vez se deba a que en los introitos que los acompañan hay una frase contundente  del pintor José María Larrondo en la que afirma que la poesía y la pintura se parecen mucho. Y tanto que yo no soy capaz de diferenciarlas.
Me pone contento que Larrondo en su merodeo por el libro “Aprehenderse” haya desmentido de nuevo al venerado Ortega y Gasset, el mismo que echó a Alfonso XIII (el Borbón se nos fue con 1.000 millones de pesetas de las entonces, como para  pasar hambre sus herederos) pero no condenó el golpe de Estado de Franco a la primera, exigió que todos los intelectuales antifascistas lo hiciesen a su manera, a la manera de Ortega. No sé si su nieta María Antonia, con la que a veces coincido en los rincones poéticos de este Madrid, me va a arrancar los ojos mañana mismo. Pero, al margen de la interpretación de la historia, lo que yo quería recordar aquí es la patochada del filósofo cuando dijo que no se podían mezclar la vida y la poesía. Si son lo mismo, Don José, como dice por extensión Larrondo. Al final vas desmontando estropicios que viviste como axiomas y lo que te queda de Ortega es la anécdota de El Gallo, que su hijo fundó “E País” y que tuvo una nuera francesa que cocinaba muy bien.
Estoy claramente con Larrondo en cuanto al parentesco entre la poesía y la pintura, por eso la poesía de Montserrat Villar González no es consecuencia de la pintura de Juan Sebastián González -aunque la fórmula lo indique- sino que nacieron al mismo tiempo sin saberlo. Y lo que digo de Montserrat, digo de Juan Sebastián.  A la frase de Larrondo, yo le añadiría también la música, ahora que se ha perdido la vergüenza. No en vano el primer poemario de  Montserrat Villar González, “Tríptico de mármol”,  está prologado por Luis Eduardo Aute, ese gigante que alcanzó vida, poesía, pintura, y música. Ahora, que esa vida le tiembla conviene recordarlo, parar el solazo de la mañana y dedicar un instante al fecundo creador.
Ya parece natural que la poesía vuelva a vivirse a través de una  nueva juglaría que toma el rastro tan lejano de aquella medieval, tan maltratada desde la pureza cultural de entonces, que la había. Me acuerdo de que el otro día en Santa Inés yo le decía a Montserrat que el poder ha desamado siempre la cultura. Y mientras hablaba, pensaba yo en tantos poemas llenos de siglos y compuestos por caballeros aristócratas que no querían perder un gramo de prestigio dejando la espada y tomando en sus manos un laúd para cantarlos. Pagaban a los juglares para que lo hicieran por ellos.
Explico (o no sé si explico algo o nada) el por qué de “Unchained”, una canción hija de Alex North, que ha sido versionada (palabra horrorosa) 500 veces desde que nació en 1955. Fue un desahogo de Alex North, un hombre nacido para la música sinfónica (para ello estudió mucho y bien en Nueva York y Rusia) y acabó sucumbiendo al poder del dinero de Hollywood. Él no se atrevió, sujeto al yugo de los contratos (en aquellos años de oro,  músicos y escritores ponían sus oficios al servicio de las grandes productoras a cambio de hacerse ricos), pero Jerry Goldsmith sí se sirvió de la National Philharmonic Orchestra de Londres  para dar a conocer la otra la música de North.
Quizás más sangrante a la rendición del dinero es el caso de Max Steiner, que después de componer y dirigir óperas en Viena, donde nació, puso su sinfonismo clásico en manos del imperio americano. Allí fue un dios, eso es cierto.  Tan dios que intentó fulminar de “Casablanaca” la inolvidable canción “As time goes by”, sólo porque no era suya sino de Herman Hupfeld.  Qué error, qué inmenso error, como escribió Ricardo de la Cierva al día siguiente de que el Rey  nombrase presidente del Gobierno a Adolfo Suárez.
El dios de todos, y el que fortificaba la teoría de Larrondo, fue Charles Chaplin que escribía, dirigía, interpretaba, montaba y hacía la música de sus películas.
Bueno, tengo que volver a Montserrat Villar González, Juan Sebastián González, Álvaro Alves de Faria y hasta el mexicano Dante Medina que también habla en este espléndido mestizaje. Qué feliz ante dos libros donde no existen las fronteras, así debería ser la vida.
En “Aprehenderse” Montserrat y Juan Sebastián van de la paleta a la palabra y de la palabra a la paleta. Y en se viaje de ida y vuelta (que uno desearía no terminase nunca) hay un nacimiento infinitivo, como si la poeta entrase de puntillas o quisiese acudir a una abstracción para hacerse más universal, enseguida pasa al imperativo como si ya estuviese segura de hacer pie y de librarse del viaje de Virginia Woolf, luego se cuenta para volver a refugiarse en un infinitivo que case con todos, da un puñetazo en la mesa, deja columbrar algo parecido a la nostalgia, acude a la primera formulación como área de descanso o de expresividad de un lenguaje más extendido, va y viene de la mano de los cuadros de Juan Sebastián González.
Y en ese viaje de ida y vuelta, está ella misma. No sé si por la incitación de las pinturas, o porque se destapa sin darse cuenta ante la seducción  del ronroneo visual de los cuadros.
Los cuadros de Juan Sebastián González son imágenes para despertar instintos, sensaciones, sentidos, sensibilidades y poemas. A veces son como el paso leve de una muchacha que parece ser va a ir enseguida, pero queda su fragancia y la presencia de una crisálida en la pupila. Si no existiesen, si se esfumasen, habría un vacío entre las horas.
“Dos almas por palabra” (o “De maos dadas”) es un poemario de trigo y de mijo. Tiene la forma del contrapunto entre Montserrat Villar González y Álvaro Alves de Faria, con dos idiomas por  medio, que en el fondo son el mismo idioma, no porque la poeta hable los dos (el poeta brasileiro no sé) sino porque se percibe una corriente atlántica con las mismas pulsaciones, tan hermanas.
Yo creo que en este libro está la mejor poesía de  Montserrat Villar González. En cuanto a Álvaro Alves da Faria, me puede el dulzor de su sonoridad. En cualquier caso estamos ante un suceso poético que nos alarga la existencia.
Dos libros para abonar las noches, los días, los meses, los años, la vida. Tan necesarios como el amor completo que siempre estamos esperando.

Presentación de Spanish Revolution de José Luis Ruiz Castillo

jueves, junio 21, 2018


"Del franelero popular" de Rolando Revagliatti

Se encuentra disponible gratuitamente para ser leída, impresa o incorporada a bibliotecas virtuales, la tercera edición electrónica corregida y con numerosos textos eliminados definitivamente, en PDF y en versión FLIP (Libro Flash), del poemario o refranero “Del franelero popular” de Rolando Revagliatti. El diseño integral y la diagramación es de Patricia L. Boero.

Puede descargarse en:





“RETAZOS DEL NATRAL”, un libro de Charo Alonso, por Valentín Martín

lunes, junio 11, 2018

“RETAZOS DEL NATRAL”, un libro de  Charo Alonso

Donde la poligamia literaria aparece de verdad es en el espléndido “Retazo del natural”, un libro reciente de Charo Alonso.
Charo Alonso entra en el libro con un poema que es un atisbo de lujuria y aviso para navegantes en una lección de lengua. Y enseguida aparece la costurera que zurce crónicas a medida para contar lo que pasa. El horror, las niñas, las hijas, los cubanos de cualquier parte que no viven sólo por vivir.

“Retazos del natural” no es solamente un libro de relatos. Es un lugar donde el  mundo no se acuesta nunca. ¿Quién puede dormir con la barbarie? Charo Alonso tira mucho de ironía para que nadie se acostumbre a este costumbrismo, aunque a veces parezca que tiene el color de la infancia.

Yo creo que ella ha escrito el libro -con una sintaxis muy olorosa- para que ninguno de nosotros concluyamos en la nada después de saber lo que sabemos y que ella nos cuenta o nos recuerda, en ocasiones con la jovialidad del espanto.

“Retazos del natural” tiene médula y tiene luces. He dicho que comienza con un poema, tengo que decir que algunos capítulos son también poemas en prosa, de esa manera tan francesa. 

Poemas incluso “dialogados”, una fórmula nada exótica en la literatura relativamente reciente, porque no hay que olvidar que quizás la mejor poesía de García Lorca no se encuentre en sus poemarios como “Poeta en Nueva York” o “Sonetos del amor oscuro” o “El romancero gitano”, sino en su teatro el escritor guarda siempre monólogos -y bastantes diálogos- donde aparece una vigorosa y bellísima lírica luciendo sus mejores galas.
Ningún parentesco entre García Lorca y este libro de Charo Alonso, pero viene a cuento esta consideración para explicitar un aturdimiento general y un convencimiento personal: que la línea que separa los géneros literarios es a veces tan delgada que parece una constante transfusión de la que todos salimos ganando.

Y es porque Charo Alonso, a la hora de su literatura, resulta una multiplicación muy abundante, con el horno de su casa siempre encendido.

“Retazos del natural” no es un libro desordenado ni tumultuoso. El realismo que hay en él no es una sucesión de historias atormentadas, sino la galanura de quien deposita en él casi todo el amor, o todo el amor, que le queda. Amor que le canta en la sangre una familia numerosa de universos. La rueda gira. Y las palabras abren ventanas para sembrar mensajes como águilas. Y a veces el libro se quiere tanto a sí  mismo que parece que Charo Alonso lo ha escrito para ella.

Es sólo por el correr de su agua, tan fácil como una tarde que irremediablemente va pasando. Pero pasa dejando todo aquello que tenemos más a mano, lo que sucede mientras vivimos.

“Retazos del natural” es un libro tan hermoso y tan fresco que juraría se ha escrito en la calle. Como la tierra de pueblo, como el césped o las piedras, como los niños.

Nadie sabe ni nadie puede asegurar la eternidad, pero yo sí sé que este libro de Charo Alonso no va a oxidarse. O tardará tanto que no lo veremos, desde la finitud de una memoria que ahora mismo está muy contenta.

Las bodas de la araña, de J. Pulido, por Laura Gómez Recas

lunes, junio 04, 2018

El territorio de la infancia

Las bodas de la araña es un libro de poemas que transcurre como un cuento inusitado. Estimulante lectura que atraviesa los parajes olvidados del territorio de la infancia, ese mundo tan fantástico y cercano que cabalga en la memoria con sus huestes increíbles, abriendo senderos fabulosos en otro tiempo, pero que, ahora, se convierten en espejo de los más íntimos y fundamentales pensamientos del adulto. Un recorrido que sorprende y reprende al lector que espera encontrar un libro al uso en el tratamiento de este difícil género literario.
El poema que da título al libro habla, sin nombrarla, de la araña negra y su cruel baile reproductor donde radica uno de los posicionamientos filosóficos del ser humano desde el principio de los tiempos. La excelencia y la sublimación del amor y de la vida requieren un sacrificio mortal, el de la carne. La vida es la moneda que merece la pena pagar para obtener el grado máximo, la excelencia y la excepcionalidad.  El autor se complace en titular así el libro porque el libro entero es un intento por comprender el camino y la materia de la vida, sin dejar, de lado, a veces, una inquietud ética o moral, indispensable por otra parte. La actitud frente al mal y sus ejércitos silenciosos implica una negación irracional porque la lucha parece dolorosa por contagio natural.

Escritura de cicatrices que hablan del dolor
y tratan de pesarlo, miden los daños y tienden
sobre la indignación de la ofensa
una ciega mirada a la justicia como un horizonte
(…)  

José Pulido divide el poemario en tres capítulos de atrayentes títulos. El que abre, El bosque encantado, es el espejo, desde su primer poema, que ilustra una de las ideas fundamentales del libro. El autor establece un juego de alteridad. No somos tan especiales. Los otros, ellos, los habitantes de las leyendas que aderezan nuestro conocimiento, también tienen elaborado un discurso parejo al nuestro. Los otros existen porque estamos leyendo un libro y en un libro puede pasar cualquier cosa. Pulido lo explota. En El Bosque Encantado, nos introduce a esta argumentación:

A los cantores de la Tierra y de la Luna
a veces llegan a escucharse
y aunque entre sí se desconocen, sienten viva en la respuesta
una íntima presencia de lo extraño.

En este acercamiento a la idea que supone el comienzo de cualquier lectura,  en El Bosque Encantado conviven Las ínsulas extrañas, en un bello poema sin versos que nos redime de nosotros mismos, con las hadas, los dragones, los árboles, el rey, las sirenas, el guardián de la noche e, incluso, con los nombres de las Amadas; el autor concede el don a las “amadas” de ser nombradas con mayúscula, lo que las aleja de lo común, porque lo son todo para el navegante de la vida, el lugar que llevamos dentro en nuestro profundo análisis introspectivo y que alude a un universo literario que es posesión inherente a todos.

La idea fundamental comienza a aflorar. No es el Bien, sino  la Belleza. O, ¿no hay bien sin belleza? Porque creeremos en toda criatura / que nuestros deseos alimente y nos dé en ellos / la entrada al laberinto que embellece su existencia. La Belleza convive en estos poemas con el argumento. Hay una admiración hacia lo natural, lo bello. Por ejemplo, El Árbol, elemento mágico, duradero y pleno de honestidad natural. Sin embargo, es en Hadas donde parece estar el fondo argumental del libro. Tocado de la poética refinada, del lenguaje evocador de la poesía, perfume de ruina en el claro del bosque (olfato); vieja fotografía con la memoria velada (vista). La magia de lo mitológico es el asidero imposible que se hace posible al escribirlo, "uno ignora…”; aunque el peso de la realidad sea el contrapeso necesario "cálida ilusión..."

El segundo capítulo, Mágicos Animales, que no es lo mismo que Animales Mágicos, trata de un bestiario delicioso y delicado. Los bestiarios quizás sean terrenos que nos atrapan e inquietan. Existe una atracción inconfesable del ser humano por acercarse a este terreno literario; quizás porque son las grutas que se abren en la literatura para convencernos de la magia de los otros, de los que no son como nosotros, pero con los que compartimos el Bosque, o La Tierra, o la Vida, la Existencia misma.

Por eso, en el bestiario, los animales son ellos, o lo que quedó de ellos, o, simplemente, son los dibujos de sus pieles: las rayas de las cebras y esa dualidad de su cuerpo misterioso, la cabra, las mariposas sobre el hedor del vertedero porque la belleza no es inmaculada, sino parte de la vida y en ella se mancha y se expone y ella misma es hedor y extrañeza. El águila, la tortuga, la tenebrosa blancura de los cisnes que viven en otro territorio de la fantasía universal, en el lago azul que todos sabemos que no es azul y que el autor desenmascara provocando un cierto alivio en el lector, aunque en la página siguiente vuelva a adorar la mitificación de la jirafa, del caracol o del pez que, en el presente, nada junto a su olvido.

José Pulido alude a los animales sin discriminaciones porque éste es un libro de mágicos lugares, tan conocidos por todos como la orografía de nuestras manos. Su bestiario magnífico y fabuloso juega con la asociación a sabiendas de que los lectores son conocedores de este universo; por eso, se atreve a versar sobre el elefante que delata la voracidad de la boa y vemos el dibujo impreso en nuestro cerebro. ---- que si es sombrero, que si no. Que es un elefante dentro de una boa. Que este camino es tan mío como lo es del autor ----. Estos animales no son del mundo, sino de nuestro mundo. Están en el bestiario con sus caracteres construidos a lo largo de los siglos. Incluso los que sólo son muerte o la insospechada huella de la muerte En este epitafio de piedra / ¿dónde quedó el fósil de la última / mirada?

Por último, el tercer capítulo nos vuelve a sorprender. Porque el discurso poético se eleva físicamente, sobrepasa la barrera de lo esperado y nos lleva al insólito mundo de los números, El triple seis te expulsará del juego. La vida de los números desea la cabalística como orientación y llave, como la virtud extrema que ordena el universo.

Porque es la vida un deseo que se abre
y un combate por siempre compartido,
inventamos el dos como respuesta.


Los números, presentes en nuestras paupérrimas vidas, nos abocan a la interiorización de la Belleza y de nuestra propia existencia, tan dispersa, a veces.

La perfecta figura del pentáculo
y su diabólica belleza marcan
el sello de lo eterno cada día.

El autor manipula números en los últimos poemas porque son los que nos conceden la posibilidad de ser y pensar, los que establecen el Orden que será racionalmente explicado para intentar acercarse a la Belleza, a la excelencia que alcanza la araña en sus bodas. Y éste será lugar común y de reunión para los lectores de este libro.

Belleza que de nuevo nos pregunta
cada vez que descubre una respuesta

Definitivamente, tras la lectura de Las bodas de la araña, sorprendemos al mundo mirándonos fijamente detrás de la ventana, del espejo, detrás de la celosía del jardín, detrás de los muros del oprobio, o detrás de la sonrisa de Da Vinci. Da igual dónde estemos, el mundo nos mira con condescendencia porque hemos entrado en el territorio amurallado de la infancia mucho después de haber dejado de ser niños. Y allí, el poeta ha traspasado el límite de la coherencia. Al lector, como a Alicia, no se le concede la vuelta atrás porque el camino del conocimiento, en ese mundo fantástico, es tan real como arduo.

".,, donde los límites desaparecen,
busco el ojo de la aguja y su puerta
que habré de atravesar para salvarme."

Laura Gómez Recas

UN POEMARIO CABAL, por Valentín Martín

sábado, junio 02, 2018

Atención: Antonio Pastor Gaitero ha exterminado la retórica.

Esto se lee a la puerta donde viven los versos con el musical acento de su nombre. Esto se respira en el salón de los vientos que respiran sus páginas. Esto se lee en la alcoba que cobija a los vocablos más tiernos.
Porque este es un poemario de la libertad, de los besos, de la inmigración, de Madrí, de Madrí, de Madrí. De aquello que de vivirlo tanto, casi se pronuncia solo.

Pero sobre todo es un poemario donde los poetas, aprendices o doctorados, al leerlo ya saben que la poesía es más que la rima, bastante más que la métrica, mucho más que el ritmo. Que en él hay un seguro de vida, un contrato con el sentimiento, una pareja de hecho con los dulces vilanos, una herencia de los años 60 donde la poesía sedujo a un muchacho, una luz natural  que alimenta al hombre que al día de hoy vivió tantos árboles.

Antonio Pastor Gaitero lleva siempre algo encendido en los dedos. Yo lo he visto. Y al verlo he escuchado que escribe futuros inacabados, cautividades de embelesos en un beso, el silencio de las dunas en la cama vacía del recuerdo, gritos de nombres que renombra en un verso, los errores, los caminos, los propósitos, los inviernos. Y el desierto.

Para cantar libremente este cántico hay que haber vivido antes mucho. 
Y Antonio Pastor Gaitero sobrevivió a las prohibiciones compañeras de sus dos lenguajes, vive puro la fidelidad precisa de sus antaños, nombra a los objetos impenetrables con la sensualidad de la naturaleza más sensible, interroga a los misterios que ya sabe, suya es la sencilla poligamia con las pasiones. Nos vence.
Porque todo lo que escribe existe.

Nunca vi los baúles de Antonio. Pero estoy convencido de que están llenos de  campanas, de rayos, de cortejos. Y que no hallaré en ellos el frío de un solo adiós que no sea un hasta luego.

“El musical acento de tu nombre” es un manojo de expresiones literarias muy cercanas al lector, como lo fue siempre la poesía tradicional. O eso me parece a mí, que lo leo como vivo con el regocijo quieto de la pequeña sucesión de los días.

No estoy diciendo que estemos ante un libro domesticado, hasta ahí podíamos llegar. Lo que atisbo es que este poemario tan consonante con la poesía popular (la poesía popular puede ser la más culta también), metida en la  misma entraña de la lengua, está sosteniendo lo que aún queda vivo. No hay en él una sola  moda escrita para dar gusto. Aquí no encontrarás una muchachita transformada en arrabal, con el pie agrio y hermana de las húmedas piedras.

La condición humana de Antonio Pastor Gaitero pone de manifiesto que esta poesía queda también cerca del lector o del oyente con la sencillez y la espontaneidad de la expresión. Y estas no se logran de una manera inconsciente sino a través de una poética al alcance de muy pocos, pero que aparece siempre en la larga carrera de Antonio.

En “El musical acento de tu nombre” no hay un solo gramo de poesía circunstancial sino la inspiración renovada en el hecho cotidiano, en la vida.

Y de ahí parte Antonio Pastor Gaitero hacia una poesía cultivada, yo creo que preocupado por individualizar cada poema, con la argamasa de una materia poética amplia, variada  y cuantiosa en un temario que gira sobre sí mismo como una emoción sostenida en un canto siempre en movimiento.

En este libro tampoco se encuentran vaivenes o desmoronamientos, sino la secular prolongación del lenguaje, temas y técnicas que siempre han caminado faenas sencillas, ya sean oceánicas familiares o surcos en las montañas amigas.

A Antonio Pastor Gaitero hay que reconocerle muchas cosas. Entre otras, que jamás trastoca el lenguaje en una sucesión de metáforas entrelazadas. Su poesía -la de este libro también- tiene un lugar destacado por la extrema sensibilidad, la pureza de las palabras, el ritmo y la musicalidad.

Tiene el poemario una construcción intelectual bien diseñada, que se corresponde con una concepción, tan apacible como impetuosa, de la vida sentimental.

Parece que en “El musical acento de tu nombre” no hay una alegría alborozada, pero está, aunque el propio autor no lo vea. Es lo que tiene ser un buen poeta: que entra en la poesía como Pedro por su casa.

Y esa alegría nos la trae el aire del libro a los ojos de los obreros.

https://www.youtube.com/watch?v=JsiMmSH-nGc

Presentación de "SI YO TE DIJERA...", de Margaret Van Epp

miércoles, septiembre 05, 2018

Entre los muchos méritos atribuibles al presente trabajo, nos gustaría destacar el de haber escrito sobre un tema cuando ni siquiera lo había: la Memoria Histórica. Así, con mayúsculas. La Memoria Histórica llegó tiempo después, cuando el volumen que tienes en las manos se hallaba agotado. Es por eso que ahora, veinte años más tarde, deviene en fundamental y necesaria su reedición por parte de la Fundación Machado, que ya apostara por sus valores a fines del siglo pasado.

La visionaria hispanista que lleva dentro Margaret Van Epp hace suya en estas páginas, una de las más impagables tareas que puede abordar el ser humano: devolverles la voz a los que tuvieron que permanecer callados casi toda su vida.


Presentación de tres novelas de Úslar Pietri

Úslar Pietri en la Casa de América
Presentación de sus novelas: La visita en el tiempoOficio de difuntos y La isla de Róbinson

Intervendrán:
– Mario Isea Bohórquez, Embajador de la República Bolivariana de Venezuela
– Justo Cuño Bonito, Doctor en Historia de América
– Gastón Segura, escritor

Fecha: jueves 13 de septiembre a las 19:00hs
Lugar: Casa de América. Plaza Cibeles s/n, Madrid.



"La última frontera" de Alberto Fernandez

Dice el autor:

"Escribir “La última frontera” fue una experiencia muy gratificante. He escrito más novelas, y he disfrutado con ellas, pero nunca tanto como con esta. Mi nivel de implicación con la trama ha sido grande y he disfrutado paso a paso los rincones visitados por su actor principal. Para ello han sido imprescindibles tres factores. El primero, mi fuerte deseo de recuperar las calles de Baeza que pisé por primera vez cuando tenía 21 años. El segundo, la música de Felipe Campuzano quien, a golpe de piano, hacía trotar en mi cabeza a los caballos del antiguo Depósito de Sementales de Baeza, o ir al paso, o mostrar la noche andaluza y el olor de sus almazaras, o respirar la brisa de Sierra Magina. El tercero, la fotografía de una hermosa y desconocida mujer morena que actuó de musa para confeccionar el personaje femenino, y cuya ventana tenía abierta en la pantalla de mi ordenador para que se meciera en el piano de Campuzano y recorriera de mi mano las calles de Baeza. Con esos tres pilares era imposible que “La última frontera” no fuese una novela en la que palpitara avariciosamente mi corazón.            Parte de mi servicio militar lo realicé en el Depósito de Sementales donde se inicia la trama, y puedo asegurar que sentado ante el teclado de mi ordenador volví a vivir el calor húmedo de las cuadras y me calcé las botas de taco para seguir tecleando detrás de la mujer de ficción que las musas me regalaron. Pero claro, trabajé haciendo trampa y dejando poco espacio a la invención: solo tenía que tirar de recuerdo, de sentimientos, dejarme arrastrar hasta el año 1978, que es donde se desarrolla parte de la trama, y dejar que tecleara mi corazón.            “La última frontera”, en un principio, iba a ser más corta, pero cuando el sentimiento, que es la maquinaria que nos mueve a los escritores, puja por manifestarse, uno lo deja brotar, que se haga palabra, fantasía. Así fue como prolongué el argumento, desarrollándolo en Madrid, pero siempre con el referente de la ciudad andaluza que da soporte al progreso de la acción.
            Los personajes están seleccionados de lo mejor de aquellos tiempos de mili: Chupa Chups, El Asfixiao, No me Llores. Y cruzando una de las fronteras, en esta parte de la realidad, Amalinda, Ignacio, Tina. Gran parte de ellos existen en la realidad, algunos incluso con el nombre asignado en la novela. Con todos he tomado café virtualmente mientras escribía, y así podía recuperar sus voces, los gestos, la expresión de su mirada. ¿Y Lola, el personaje central femenino? Juro que vivía enamorado de esa criatura que estuvo durante meses asomada a la ventana de mi ordenador, que rastreé cada poro de su cara para no perderme ningún detalle de esa realidad literaria que, junto con los caballos del Depósito y sus dos patios de cal blanca, aventaron el deseo de escribir una gran historia.

           
“La última frontera” nos asoma a muchos balcones, pero sobre todo, nos asoma a la lucha del ser humano contra el destino que lo marca. Y el último balcón al que nos asoma la novela que más partes de mí tiene, es el balcón que cae sobre, precisamente, la última frontera".

Alberto Fernández Pato


Enlaces de inerés:

https://www.edicioneslacre.com/tienda/la-ultima-frontera/https://www.imosver.com/gl/libro/la-ultima-frontera_0010142280https://www.amazon.es/%C3%BAltima-frontera-Alberto-Fern%C3%A1ndez-Pato-ebook/dp/B01N3825IFhttps://www.amazon.es/%C3%BAltima-frontera-Alberto-Fern%C3%A1ndez-Gonz%C3%A1lez/dp/8416815666https://www.buscalibre.us/libro-la-ultima-frontera-spanish-edition/9788416815661/p/47967505 https://www.elcorteingles.es/ebooks/tagus-9788416815678-la-ultima-frontera-ebook/


 Sobre el Autor:

Premio  de Novela Juan Valera
   
  Premio de Relato Cuentos de InviernoIII Premio de Relato  ArtíficeXIV Certamen de Relato Pedro de AtarrabiaII Certamen de Relato Palabras DiversasX Certamen Literario de Relato Letras de BañosXIII Certamen de Relato amudecaVI Certamen Literario de Relato Las Fuentes de la EdadXI Concurso de Relato Corto Leopoldo Alas ClarínXI Certamen Literario de Relato Al-ÁndalusPremio de Relato Iparragirre SariaCertamen de Relato breve GNEAUPP – Fundación Sergio Juan JordánCentenario de los Juegos florales hispanoamericanosIV Premio Antonio Reyes Huertas

Las confabulaciones, de Ignacio Miquel

domingo, agosto 19, 2018

En septiembre en las librerías

Una novela, por su agudeza y su sarcasmo, sin parangón en el panorama literario actual

Las confabulaciones


Ignacio Miquel
Prólogo: Manuel Longares
ISBN: 978-84-946483-9-7
314 páginas
PVP:19’95 €




Las confabulaciones (memorias de un hombre rana) es, contra cualquier predicción, una novela de narrador curtido y, no obstante, es la primera que brota del ingenio de Ignacio Miquel. Un relato que, como señala Manuel Longares, en el prólogo, «al concluirla, el lector se ha reído mucho con las peripecias de Julián e incluso pueden servirle de brújula para no equivocarse. Pero muy probablemente, su identificación con el protagonista no derive tanto de compartir sus hazañas como su filosofía vital. Y es que con ese compañero de viaje no le importaría recorrer el mundo.»
Las confabulaciones (memorias de un hombre rana), convencerá al lector —especialmente al amante de los libros y la cultura literaria—, y además divierte por lo disparatado de una curiosa trama que fluye constantemente de la superficie a la profundidad (intelectual y estética) con una sencillez admirable.

Sinopsis 
Julián Montero, su protagonista, narra los recuerdos de lo sucedido a principios de los años 90. Es huérfano de padre, no tiene buenas relaciones con su hermana Berta ni con su madre, dueña de una agencia que organiza congresos y trabaja con jóvenes modelos. Por su parte, Julián incuba unas grandes aspiraciones literarias y el azar le abrirá la puerta hacia la posible gloria literaria. En ese instante su vida se trastoca.

Tema:
Se podría decir que Las confabulaciones (memorias de un hombre rana) trata un tema universal: el de la madre posesiva y castradora, pero Las confabulaciones es mucho más que una historia de malsanos amores maternofiliales; es una indagación sobre el éxito o el fracaso, y la doblez hipócrita que los mantiene.
Con fuerza prosadora, llena de ironía, profundidad,
trazas de tono trágico e incluso grotescas
Personajes:
Por sus páginas desfilan multitud de personajes de nuestra actualidad aunque vencidos hacia lo grotesco: una madre de ambiciones desmedidas que asegura haber sido doble de Sofía Loren en el Cid; una hermana envidiosa y poco agraciada; unos activistas universitarios de tres al cuarto; un patético escritor fracasado que vaga en pena por las librerías con su manuscrito inédito; un viejo poeta epicúreo y plagiario; una despampanante chica rusa de vida más bien opaca; un enigmático detective jubilado que advierte sobre las mentiras del género negro; un mafioso feroz y salaz; el fantasma catódico y satinado de Roldán, el exdirector de la Guardia Civil;  un cargante profeta de la era del Consumo; una camarera con poderes y gustos paranormales; un cínico periodista y su círculo de adoradores de la Santa Brevedad; un paparazzi sediento de alcohol y de exclusivas... 

Ignacio Miquel

Madrileño de 1964. Vivió sus primeros años en Sevilla y Bilbao, y en Valencia pasó su segunda infancia, hizo el Bachillerato y se licenció en Geografía e Historia, cuando el Arte era solo una especialidad. Vivió un tiempo en Londres, donde perfeccionó su humor y su inglés. En 1990 se trasladó a Madrid, ciudad en la que reside, para estudiar periodismo en la Escuela UAM/EL PAIS.
Salvo esporádicas incursiones en el periodismo cultural, ha desarrollado su carrera en el ámbito de la información económica y en el de la comunicación corporativa en diversos medios y empresas. En la actualidad trabaja en una agencia de comunicación.
Ha sido coautor de dos libros de divulgación de lenguaje publicados por la editorial Espasa y ha escrito dos poemarios inéditos: La marmaridad y Crónicas de BabiaLas Confa-bulaciones (memorias de un hombre rana) es su primera novela.

Para más información:
Nacho Wilhelmi
Responsable de comunicación
Telf: +34 607 23 14 67nacho@editorialdracena.com


"De mi mayor estigma (si mal no me equivoco):" de Rolando Revagliatti / 4ª edición-e corregida

Información
 
 
Se encuentra disponible gratuitamente para ser leída, impresa o incorporada a bibliotecas virtuales, la cuarta edición electrónica corregida y con la mayoría de los textos eliminados definitivamente, en PDF y en versión FLIP (Libro Flash), del poemario “De mi mayor estigma (si mal no me equivoco):” de Rolando Revagliatti. Hemos agregado links recíprocos (de ida y vuelta desde el índice a los poemas y viceversa) para una navegación más cómoda por el documento. El diseño integral y la diagramación es de Patricia L. Boero.



Puede descargarse en:

Las calicatas por la Santa Librada, de Gastón Segura

miércoles, agosto 01, 2018

En septiembre en las librerías

Un relato desbordante sobre un extraordinario hecho real
Resultó finalista absoluta del XXIII Premio Azorín de novela

Las calicatas por la Santa Librada
 

Gastón Segura
ISBN: 978-84-946483-7-3
642 páginas
PVP: 29,95 €




Un hecho real —la desaparición de una locomotora en la inmediata postguerra española y su búsqueda por parte de un teniente y un par de soldados, durante dos años— es el origen de Las calicatas por la Santa Librada; un retrato, por momentos sarcástico y, por momentos, conmovedor, de tan aciago periodo de la reciente historia de España.
Las calicatas por la Santa Librada desborda las convenciones de la novela al uso, por la variedad de materiales(documentos administrativos, sentencias judiciales, artículos de prensa, cartas…) que la constituyen, y por el puñado de relatos que la van trenzando hasta plasmar una vívida estampa de la época, concebida siempre desde el humorismo, a veces, descarnado y, otras, de una emocionante ternura.
Drácena publica por fin este prodigioso y desmesurado relato que resultó finalista absoluto del XXIII Premio Azorín de novela.



Gastón Segura

Nació en Villena en 1961. Se trasladó a Caudete a los siete años, y entre ambos pueblos pasó su vida hasta que, a su debido tiempo, marchó a Valencia para licenciarse en Filosofía. En 1990, se instala en Madrid, y tras probar suerte en diversos oficios, en 1996 decide dejarlo todo para dedicarse a la escritura.
En 1999, resultó finalista absoluto del XXIII Premio Azorín con su primera novela, Las calicatas por la Santa Librada. Ha publicado las crónicas africanas A la sombra de Franco (2004) e Ifni: la guerra que silenció Franco (2006), también la crónica local,El coro de la danza (2006), el ensayo Gaudí o el clamor de la piedra (Asimétricas, 2011), que resultaría seleccionado como lectura recomendada en los cursos de doctorado de Escuela Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid y la novela Stopper (2008), que también sería distinguida como «lectura imprescindible» por el Dpto. Lenguas Modernas de la Universidad Estatal de California. Añadiremos que Drácena le ha editado Los cuadernos de un amante ocioso (2012), Las cuentas pendientes (2015) y Un crimen de Estado (2017).


Para más información:
Nacho Wilhelmi
Telf: +34 607 23 14 67

Una habitación de hospital con vistas al mar, el nuevo poemario de Antonio Cruz, por Beatriz Pérez

jueves, junio 28, 2018

Una habitación de hospital con vistas al mar, el nuevo poemario de Antonio Cruz, reseñado por Beatriz Pérez.


Autor: Antonio Cruz Romero
Editorial: Letras Cascabeleras
Primera edición: Cáceres, abril 2018.
Ilustraciones: Hilario Barrero

Aquí sólo somos el insignificante zumbido de un insecto que ilusos creemos imprescindible para volar

La existencia observada desde la intimidad de un poeta puede asemejarse a pasar las páginas de un álbum de fotos exquisitamente nítidas sobre instantes tristes y duros. Antonio Cruz nos transporta a un escenario de recuerdos y heridas; a una época de su subjetividad, suya porque no puede ser de nadie más, con asideros muy claros y precisos en lo real. Botellas de vino, cafés, asientos de un autobús o una corona de flores conforman un universo lingüístico que te aproximan al lado más doloroso de la muerte, la enfermedad y la vida. Sin hermetismos ni florituras, su llanto es directamente proporcional a la cotidianidad de la verdad del momento. 

Y por fin llegué a casa;
durante unos instantes
el agua hirviendo de la ducha
lavó mis últimas horas
y
las nuevas heridas,
dejándome cubierto de vaho
y terriblemente escuálido:
solo en estos versos, 
sólo en sus cicatrices venideras. 

Una habitación de hospital con vistas al mar es una obra seccionada en cuatro partes todas ellas conectadas entre sí por el dolor. La libertad a la hora de componer el orden y la propia estructura de los poemas son una constante en todo el libro. Ese anarquismo hace que los versos se acomoden en sintonía visual con las ilustraciones de Hilario Barrero. Cruz también integra en sus textos el gusto por la lógica del lenguaje, numerosas citas poéticas, títulos y frases en inglés convirtiéndonos en cómplices de sus lecturas.  

Influenciado por la poesía neerlandesa que el autor tanto admira, los paisajes internos y externos que nos muestra con sus versos son contradictoriamente desoladores y hermosos. La belleza es angustia y ternura a la vez en los textos del poeta. Porque el vínculo afectivo está presente en todo momento como lazo de amor que salva, detiene y provoca que detrás de la oscuridad de la noche llegue el día con su luz. El amor a las hijas transforma el desconsuelo en ternura; te conduce a payasos, camas y despertares matutinos repletos de calidez que entrelazan así la muerte con la vida.

Sé bien que algún día no compartirás ya estas sábanas pesadas 
con las que en vano trato de taparte para que el frío no te muerda;
no estarás sobre el oleaje de este lecho para despertar
nuestro sueño al alba, ni respetar los últimos días de la semana,
con esa, tu sonrisa pícara, y el olor de tu carnecita blanda. 


Y los recuerdos duelen, no perdonan. La existencia vivida con la herida abierta y la cicatriz iniciándose como acompañante del duelo por llegar. Mientras las cicatrices de la poeta Piedad Bonet eran el inicio de algo nuevo, para Cruz son pena en estado puro como forma de mantener un vestigio de aquello que ya no está. 

pues las cicatrices infligen más dolor
que las llagas, y hasta el miedo
a perderlas duele, también olvidarlas: 
el corte en la cara con la cuchilla 
de mi padre; en el pecho la uña 
clavada de mi abuelo un día 
de playa; el arañazo bajo el vientre de Noa, 
que nació de una herida horizontal 
abierta bajo el ombligo, y al mirar 
la cicatriz veo mi propia llaga. 

El autor a veces nos da pistas con fechas, lugares y nombres porque nos quiere hacer testigo de su dolor secuestrándonos un poco más hacia su escenario interior allí donde habitan esos olores a vómito, café, autobús de segunda, vino, cenizas o sal del mar. Pues la noche, las heridas, las llagas, el insomnio y la oscuridad son protagonistas de sus versos. 

Miércoles hoy; mañana serán ceniza.
Las oleadas del mar suplican 
una y otra vez lo inconfesable:
un barco naufragado con el horizonte
es sólo un punto derretido en la noche, nada más. 
¿Y yo? ¿A cuántos versos de distancia
 estoy hoy del vacío? 
¿Cuándo podrán sanar las palabras? 


Una habitación con vistas al mar es una lectura necesaria, oscura, dura y libre que nos conduce a sentir los grandes duelos como manera de estar y valorar la importancia de los afectos que nos vinculan a la vida. 



Beatriz Pérez Sánchez

Barcelona, 18 de junio de 2018.

Antonio Cruz Romero (María, Almería, 1978). Narrador, neerlandista y traductor casual, aunque esencialmente poeta, ha cursado estudios de Magisterio, Música, así como un Máster en Ciencias Judaicas.

Ha publicado la colección de relatos Cuentos macabros ilustrados y la novela El banquete: crónica de un ajusticiamiento. Sus últimos poemarios han sido Grecia: Guía de viaje para antipoetas y soñadores, En el abismo del olvido y Una habitación de hospital con vistas al mar. El número CU4TRO (octubre 2015) de la revista de poesía La Galla Ciencia le publicó una veintena de poemas inéditos bajo el título «El hierro de la lengua marchita», y es autor de la antología y ensayo Poesía experimental de los cincuenta en lengua neerlandesa.  

Ha traducido y antologado al español a los poetas neerlandeses Menno Wigman, Arie Visser e Ilse Starkenburg, al flamenco Paul Snoek, al norteamericano Robinson Jeffers, así como al relevante poeta y novelista neerlandés J. J. Slauerhoff con la antología poética En memoria de mí mismo. En este terreno de la traducción destacar a su vez la edición crítica de El reino prohibido, la transcendental novela modernista firmada también por Slauerhoff, escritor de cuya vida y obra es gran conocedor.        

Sus artículos y poemas han aparecido en diversas publicaciones nacionales e internacionales como La Galla Ciencia, El Coloquio de los Perros, La Voz de Almería, Fábula, El Ciervo, Estación Poesía y Clarín; Carátula. Revista cultural centroamericana (Nicaragua), Galáctica Magazine (Colombia), Revista El Humo (México) o Cuadernos de Humo (EE.UU.).  

Ha sido becado como «Translator in residence» en la Casa del traductor de Ámsterdam (Het Vertalerhuis Amsterdam), y es el fundador y editor de la revista Ravenswood Magazine. Su blog lleva por título Sobre filias y fobias literarias.

"Con dos almas por Palabra" & "Aprehenderse", por Valentín Martín

lunes, junio 25, 2018

UNCHAINED MELODY

No sé por qué me viene a la memoria esta hermosa melodía desencadenada al leer dos libros hechos a cuatro manos entre  la poeta Montserrat Villar González  y el pintor Juan Sebastián González (la sonoridad puede invitar a pensarlo, pero no son primos), y otro de la poeta de Cortegana de Baños a medias con el brasileiro Álvaro Alves  de Faria.
Tal vez se deba a que en los introitos que los acompañan hay una frase contundente  del pintor José María Larrondo en la que afirma que la poesía y la pintura se parecen mucho. Y tanto que yo no soy capaz de diferenciarlas.
Me pone contento que Larrondo en su merodeo por el libro “Aprehenderse” haya desmentido de nuevo al venerado Ortega y Gasset, el mismo que echó a Alfonso XIII (el Borbón se nos fue con 1.000 millones de pesetas de las entonces, como para  pasar hambre sus herederos) pero no condenó el golpe de Estado de Franco a la primera, exigió que todos los intelectuales antifascistas lo hiciesen a su manera, a la manera de Ortega. No sé si su nieta María Antonia, con la que a veces coincido en los rincones poéticos de este Madrid, me va a arrancar los ojos mañana mismo. Pero, al margen de la interpretación de la historia, lo que yo quería recordar aquí es la patochada del filósofo cuando dijo que no se podían mezclar la vida y la poesía. Si son lo mismo, Don José, como dice por extensión Larrondo. Al final vas desmontando estropicios que viviste como axiomas y lo que te queda de Ortega es la anécdota de El Gallo, que su hijo fundó “E País” y que tuvo una nuera francesa que cocinaba muy bien.
Estoy claramente con Larrondo en cuanto al parentesco entre la poesía y la pintura, por eso la poesía de Montserrat Villar González no es consecuencia de la pintura de Juan Sebastián González -aunque la fórmula lo indique- sino que nacieron al mismo tiempo sin saberlo. Y lo que digo de Montserrat, digo de Juan Sebastián.  A la frase de Larrondo, yo le añadiría también la música, ahora que se ha perdido la vergüenza. No en vano el primer poemario de  Montserrat Villar González, “Tríptico de mármol”,  está prologado por Luis Eduardo Aute, ese gigante que alcanzó vida, poesía, pintura, y música. Ahora, que esa vida le tiembla conviene recordarlo, parar el solazo de la mañana y dedicar un instante al fecundo creador.
Ya parece natural que la poesía vuelva a vivirse a través de una  nueva juglaría que toma el rastro tan lejano de aquella medieval, tan maltratada desde la pureza cultural de entonces, que la había. Me acuerdo de que el otro día en Santa Inés yo le decía a Montserrat que el poder ha desamado siempre la cultura. Y mientras hablaba, pensaba yo en tantos poemas llenos de siglos y compuestos por caballeros aristócratas que no querían perder un gramo de prestigio dejando la espada y tomando en sus manos un laúd para cantarlos. Pagaban a los juglares para que lo hicieran por ellos.
Explico (o no sé si explico algo o nada) el por qué de “Unchained”, una canción hija de Alex North, que ha sido versionada (palabra horrorosa) 500 veces desde que nació en 1955. Fue un desahogo de Alex North, un hombre nacido para la música sinfónica (para ello estudió mucho y bien en Nueva York y Rusia) y acabó sucumbiendo al poder del dinero de Hollywood. Él no se atrevió, sujeto al yugo de los contratos (en aquellos años de oro,  músicos y escritores ponían sus oficios al servicio de las grandes productoras a cambio de hacerse ricos), pero Jerry Goldsmith sí se sirvió de la National Philharmonic Orchestra de Londres  para dar a conocer la otra la música de North.
Quizás más sangrante a la rendición del dinero es el caso de Max Steiner, que después de componer y dirigir óperas en Viena, donde nació, puso su sinfonismo clásico en manos del imperio americano. Allí fue un dios, eso es cierto.  Tan dios que intentó fulminar de “Casablanaca” la inolvidable canción “As time goes by”, sólo porque no era suya sino de Herman Hupfeld.  Qué error, qué inmenso error, como escribió Ricardo de la Cierva al día siguiente de que el Rey  nombrase presidente del Gobierno a Adolfo Suárez.
El dios de todos, y el que fortificaba la teoría de Larrondo, fue Charles Chaplin que escribía, dirigía, interpretaba, montaba y hacía la música de sus películas.
Bueno, tengo que volver a Montserrat Villar González, Juan Sebastián González, Álvaro Alves de Faria y hasta el mexicano Dante Medina que también habla en este espléndido mestizaje. Qué feliz ante dos libros donde no existen las fronteras, así debería ser la vida.
En “Aprehenderse” Montserrat y Juan Sebastián van de la paleta a la palabra y de la palabra a la paleta. Y en se viaje de ida y vuelta (que uno desearía no terminase nunca) hay un nacimiento infinitivo, como si la poeta entrase de puntillas o quisiese acudir a una abstracción para hacerse más universal, enseguida pasa al imperativo como si ya estuviese segura de hacer pie y de librarse del viaje de Virginia Woolf, luego se cuenta para volver a refugiarse en un infinitivo que case con todos, da un puñetazo en la mesa, deja columbrar algo parecido a la nostalgia, acude a la primera formulación como área de descanso o de expresividad de un lenguaje más extendido, va y viene de la mano de los cuadros de Juan Sebastián González.
Y en ese viaje de ida y vuelta, está ella misma. No sé si por la incitación de las pinturas, o porque se destapa sin darse cuenta ante la seducción  del ronroneo visual de los cuadros.
Los cuadros de Juan Sebastián González son imágenes para despertar instintos, sensaciones, sentidos, sensibilidades y poemas. A veces son como el paso leve de una muchacha que parece ser va a ir enseguida, pero queda su fragancia y la presencia de una crisálida en la pupila. Si no existiesen, si se esfumasen, habría un vacío entre las horas.
“Dos almas por palabra” (o “De maos dadas”) es un poemario de trigo y de mijo. Tiene la forma del contrapunto entre Montserrat Villar González y Álvaro Alves de Faria, con dos idiomas por  medio, que en el fondo son el mismo idioma, no porque la poeta hable los dos (el poeta brasileiro no sé) sino porque se percibe una corriente atlántica con las mismas pulsaciones, tan hermanas.
Yo creo que en este libro está la mejor poesía de  Montserrat Villar González. En cuanto a Álvaro Alves da Faria, me puede el dulzor de su sonoridad. En cualquier caso estamos ante un suceso poético que nos alarga la existencia.
Dos libros para abonar las noches, los días, los meses, los años, la vida. Tan necesarios como el amor completo que siempre estamos esperando.

Presentación de Spanish Revolution de José Luis Ruiz Castillo

jueves, junio 21, 2018


"Del franelero popular" de Rolando Revagliatti

Se encuentra disponible gratuitamente para ser leída, impresa o incorporada a bibliotecas virtuales, la tercera edición electrónica corregida y con numerosos textos eliminados definitivamente, en PDF y en versión FLIP (Libro Flash), del poemario o refranero “Del franelero popular” de Rolando Revagliatti. El diseño integral y la diagramación es de Patricia L. Boero.

Puede descargarse en:





“RETAZOS DEL NATRAL”, un libro de Charo Alonso, por Valentín Martín

lunes, junio 11, 2018

“RETAZOS DEL NATRAL”, un libro de  Charo Alonso

Donde la poligamia literaria aparece de verdad es en el espléndido “Retazo del natural”, un libro reciente de Charo Alonso.
Charo Alonso entra en el libro con un poema que es un atisbo de lujuria y aviso para navegantes en una lección de lengua. Y enseguida aparece la costurera que zurce crónicas a medida para contar lo que pasa. El horror, las niñas, las hijas, los cubanos de cualquier parte que no viven sólo por vivir.

“Retazos del natural” no es solamente un libro de relatos. Es un lugar donde el  mundo no se acuesta nunca. ¿Quién puede dormir con la barbarie? Charo Alonso tira mucho de ironía para que nadie se acostumbre a este costumbrismo, aunque a veces parezca que tiene el color de la infancia.

Yo creo que ella ha escrito el libro -con una sintaxis muy olorosa- para que ninguno de nosotros concluyamos en la nada después de saber lo que sabemos y que ella nos cuenta o nos recuerda, en ocasiones con la jovialidad del espanto.

“Retazos del natural” tiene médula y tiene luces. He dicho que comienza con un poema, tengo que decir que algunos capítulos son también poemas en prosa, de esa manera tan francesa. 

Poemas incluso “dialogados”, una fórmula nada exótica en la literatura relativamente reciente, porque no hay que olvidar que quizás la mejor poesía de García Lorca no se encuentre en sus poemarios como “Poeta en Nueva York” o “Sonetos del amor oscuro” o “El romancero gitano”, sino en su teatro el escritor guarda siempre monólogos -y bastantes diálogos- donde aparece una vigorosa y bellísima lírica luciendo sus mejores galas.
Ningún parentesco entre García Lorca y este libro de Charo Alonso, pero viene a cuento esta consideración para explicitar un aturdimiento general y un convencimiento personal: que la línea que separa los géneros literarios es a veces tan delgada que parece una constante transfusión de la que todos salimos ganando.

Y es porque Charo Alonso, a la hora de su literatura, resulta una multiplicación muy abundante, con el horno de su casa siempre encendido.

“Retazos del natural” no es un libro desordenado ni tumultuoso. El realismo que hay en él no es una sucesión de historias atormentadas, sino la galanura de quien deposita en él casi todo el amor, o todo el amor, que le queda. Amor que le canta en la sangre una familia numerosa de universos. La rueda gira. Y las palabras abren ventanas para sembrar mensajes como águilas. Y a veces el libro se quiere tanto a sí  mismo que parece que Charo Alonso lo ha escrito para ella.

Es sólo por el correr de su agua, tan fácil como una tarde que irremediablemente va pasando. Pero pasa dejando todo aquello que tenemos más a mano, lo que sucede mientras vivimos.

“Retazos del natural” es un libro tan hermoso y tan fresco que juraría se ha escrito en la calle. Como la tierra de pueblo, como el césped o las piedras, como los niños.

Nadie sabe ni nadie puede asegurar la eternidad, pero yo sí sé que este libro de Charo Alonso no va a oxidarse. O tardará tanto que no lo veremos, desde la finitud de una memoria que ahora mismo está muy contenta.

Las bodas de la araña, de J. Pulido, por Laura Gómez Recas

lunes, junio 04, 2018

El territorio de la infancia

Las bodas de la araña es un libro de poemas que transcurre como un cuento inusitado. Estimulante lectura que atraviesa los parajes olvidados del territorio de la infancia, ese mundo tan fantástico y cercano que cabalga en la memoria con sus huestes increíbles, abriendo senderos fabulosos en otro tiempo, pero que, ahora, se convierten en espejo de los más íntimos y fundamentales pensamientos del adulto. Un recorrido que sorprende y reprende al lector que espera encontrar un libro al uso en el tratamiento de este difícil género literario.
El poema que da título al libro habla, sin nombrarla, de la araña negra y su cruel baile reproductor donde radica uno de los posicionamientos filosóficos del ser humano desde el principio de los tiempos. La excelencia y la sublimación del amor y de la vida requieren un sacrificio mortal, el de la carne. La vida es la moneda que merece la pena pagar para obtener el grado máximo, la excelencia y la excepcionalidad.  El autor se complace en titular así el libro porque el libro entero es un intento por comprender el camino y la materia de la vida, sin dejar, de lado, a veces, una inquietud ética o moral, indispensable por otra parte. La actitud frente al mal y sus ejércitos silenciosos implica una negación irracional porque la lucha parece dolorosa por contagio natural.

Escritura de cicatrices que hablan del dolor
y tratan de pesarlo, miden los daños y tienden
sobre la indignación de la ofensa
una ciega mirada a la justicia como un horizonte
(…)  

José Pulido divide el poemario en tres capítulos de atrayentes títulos. El que abre, El bosque encantado, es el espejo, desde su primer poema, que ilustra una de las ideas fundamentales del libro. El autor establece un juego de alteridad. No somos tan especiales. Los otros, ellos, los habitantes de las leyendas que aderezan nuestro conocimiento, también tienen elaborado un discurso parejo al nuestro. Los otros existen porque estamos leyendo un libro y en un libro puede pasar cualquier cosa. Pulido lo explota. En El Bosque Encantado, nos introduce a esta argumentación:

A los cantores de la Tierra y de la Luna
a veces llegan a escucharse
y aunque entre sí se desconocen, sienten viva en la respuesta
una íntima presencia de lo extraño.

En este acercamiento a la idea que supone el comienzo de cualquier lectura,  en El Bosque Encantado conviven Las ínsulas extrañas, en un bello poema sin versos que nos redime de nosotros mismos, con las hadas, los dragones, los árboles, el rey, las sirenas, el guardián de la noche e, incluso, con los nombres de las Amadas; el autor concede el don a las “amadas” de ser nombradas con mayúscula, lo que las aleja de lo común, porque lo son todo para el navegante de la vida, el lugar que llevamos dentro en nuestro profundo análisis introspectivo y que alude a un universo literario que es posesión inherente a todos.

La idea fundamental comienza a aflorar. No es el Bien, sino  la Belleza. O, ¿no hay bien sin belleza? Porque creeremos en toda criatura / que nuestros deseos alimente y nos dé en ellos / la entrada al laberinto que embellece su existencia. La Belleza convive en estos poemas con el argumento. Hay una admiración hacia lo natural, lo bello. Por ejemplo, El Árbol, elemento mágico, duradero y pleno de honestidad natural. Sin embargo, es en Hadas donde parece estar el fondo argumental del libro. Tocado de la poética refinada, del lenguaje evocador de la poesía, perfume de ruina en el claro del bosque (olfato); vieja fotografía con la memoria velada (vista). La magia de lo mitológico es el asidero imposible que se hace posible al escribirlo, "uno ignora…”; aunque el peso de la realidad sea el contrapeso necesario "cálida ilusión..."

El segundo capítulo, Mágicos Animales, que no es lo mismo que Animales Mágicos, trata de un bestiario delicioso y delicado. Los bestiarios quizás sean terrenos que nos atrapan e inquietan. Existe una atracción inconfesable del ser humano por acercarse a este terreno literario; quizás porque son las grutas que se abren en la literatura para convencernos de la magia de los otros, de los que no son como nosotros, pero con los que compartimos el Bosque, o La Tierra, o la Vida, la Existencia misma.

Por eso, en el bestiario, los animales son ellos, o lo que quedó de ellos, o, simplemente, son los dibujos de sus pieles: las rayas de las cebras y esa dualidad de su cuerpo misterioso, la cabra, las mariposas sobre el hedor del vertedero porque la belleza no es inmaculada, sino parte de la vida y en ella se mancha y se expone y ella misma es hedor y extrañeza. El águila, la tortuga, la tenebrosa blancura de los cisnes que viven en otro territorio de la fantasía universal, en el lago azul que todos sabemos que no es azul y que el autor desenmascara provocando un cierto alivio en el lector, aunque en la página siguiente vuelva a adorar la mitificación de la jirafa, del caracol o del pez que, en el presente, nada junto a su olvido.

José Pulido alude a los animales sin discriminaciones porque éste es un libro de mágicos lugares, tan conocidos por todos como la orografía de nuestras manos. Su bestiario magnífico y fabuloso juega con la asociación a sabiendas de que los lectores son conocedores de este universo; por eso, se atreve a versar sobre el elefante que delata la voracidad de la boa y vemos el dibujo impreso en nuestro cerebro. ---- que si es sombrero, que si no. Que es un elefante dentro de una boa. Que este camino es tan mío como lo es del autor ----. Estos animales no son del mundo, sino de nuestro mundo. Están en el bestiario con sus caracteres construidos a lo largo de los siglos. Incluso los que sólo son muerte o la insospechada huella de la muerte En este epitafio de piedra / ¿dónde quedó el fósil de la última / mirada?

Por último, el tercer capítulo nos vuelve a sorprender. Porque el discurso poético se eleva físicamente, sobrepasa la barrera de lo esperado y nos lleva al insólito mundo de los números, El triple seis te expulsará del juego. La vida de los números desea la cabalística como orientación y llave, como la virtud extrema que ordena el universo.

Porque es la vida un deseo que se abre
y un combate por siempre compartido,
inventamos el dos como respuesta.


Los números, presentes en nuestras paupérrimas vidas, nos abocan a la interiorización de la Belleza y de nuestra propia existencia, tan dispersa, a veces.

La perfecta figura del pentáculo
y su diabólica belleza marcan
el sello de lo eterno cada día.

El autor manipula números en los últimos poemas porque son los que nos conceden la posibilidad de ser y pensar, los que establecen el Orden que será racionalmente explicado para intentar acercarse a la Belleza, a la excelencia que alcanza la araña en sus bodas. Y éste será lugar común y de reunión para los lectores de este libro.

Belleza que de nuevo nos pregunta
cada vez que descubre una respuesta

Definitivamente, tras la lectura de Las bodas de la araña, sorprendemos al mundo mirándonos fijamente detrás de la ventana, del espejo, detrás de la celosía del jardín, detrás de los muros del oprobio, o detrás de la sonrisa de Da Vinci. Da igual dónde estemos, el mundo nos mira con condescendencia porque hemos entrado en el territorio amurallado de la infancia mucho después de haber dejado de ser niños. Y allí, el poeta ha traspasado el límite de la coherencia. Al lector, como a Alicia, no se le concede la vuelta atrás porque el camino del conocimiento, en ese mundo fantástico, es tan real como arduo.

".,, donde los límites desaparecen,
busco el ojo de la aguja y su puerta
que habré de atravesar para salvarme."

Laura Gómez Recas

UN POEMARIO CABAL, por Valentín Martín

sábado, junio 02, 2018

Atención: Antonio Pastor Gaitero ha exterminado la retórica.

Esto se lee a la puerta donde viven los versos con el musical acento de su nombre. Esto se respira en el salón de los vientos que respiran sus páginas. Esto se lee en la alcoba que cobija a los vocablos más tiernos.
Porque este es un poemario de la libertad, de los besos, de la inmigración, de Madrí, de Madrí, de Madrí. De aquello que de vivirlo tanto, casi se pronuncia solo.

Pero sobre todo es un poemario donde los poetas, aprendices o doctorados, al leerlo ya saben que la poesía es más que la rima, bastante más que la métrica, mucho más que el ritmo. Que en él hay un seguro de vida, un contrato con el sentimiento, una pareja de hecho con los dulces vilanos, una herencia de los años 60 donde la poesía sedujo a un muchacho, una luz natural  que alimenta al hombre que al día de hoy vivió tantos árboles.

Antonio Pastor Gaitero lleva siempre algo encendido en los dedos. Yo lo he visto. Y al verlo he escuchado que escribe futuros inacabados, cautividades de embelesos en un beso, el silencio de las dunas en la cama vacía del recuerdo, gritos de nombres que renombra en un verso, los errores, los caminos, los propósitos, los inviernos. Y el desierto.

Para cantar libremente este cántico hay que haber vivido antes mucho. 
Y Antonio Pastor Gaitero sobrevivió a las prohibiciones compañeras de sus dos lenguajes, vive puro la fidelidad precisa de sus antaños, nombra a los objetos impenetrables con la sensualidad de la naturaleza más sensible, interroga a los misterios que ya sabe, suya es la sencilla poligamia con las pasiones. Nos vence.
Porque todo lo que escribe existe.

Nunca vi los baúles de Antonio. Pero estoy convencido de que están llenos de  campanas, de rayos, de cortejos. Y que no hallaré en ellos el frío de un solo adiós que no sea un hasta luego.

“El musical acento de tu nombre” es un manojo de expresiones literarias muy cercanas al lector, como lo fue siempre la poesía tradicional. O eso me parece a mí, que lo leo como vivo con el regocijo quieto de la pequeña sucesión de los días.

No estoy diciendo que estemos ante un libro domesticado, hasta ahí podíamos llegar. Lo que atisbo es que este poemario tan consonante con la poesía popular (la poesía popular puede ser la más culta también), metida en la  misma entraña de la lengua, está sosteniendo lo que aún queda vivo. No hay en él una sola  moda escrita para dar gusto. Aquí no encontrarás una muchachita transformada en arrabal, con el pie agrio y hermana de las húmedas piedras.

La condición humana de Antonio Pastor Gaitero pone de manifiesto que esta poesía queda también cerca del lector o del oyente con la sencillez y la espontaneidad de la expresión. Y estas no se logran de una manera inconsciente sino a través de una poética al alcance de muy pocos, pero que aparece siempre en la larga carrera de Antonio.

En “El musical acento de tu nombre” no hay un solo gramo de poesía circunstancial sino la inspiración renovada en el hecho cotidiano, en la vida.

Y de ahí parte Antonio Pastor Gaitero hacia una poesía cultivada, yo creo que preocupado por individualizar cada poema, con la argamasa de una materia poética amplia, variada  y cuantiosa en un temario que gira sobre sí mismo como una emoción sostenida en un canto siempre en movimiento.

En este libro tampoco se encuentran vaivenes o desmoronamientos, sino la secular prolongación del lenguaje, temas y técnicas que siempre han caminado faenas sencillas, ya sean oceánicas familiares o surcos en las montañas amigas.

A Antonio Pastor Gaitero hay que reconocerle muchas cosas. Entre otras, que jamás trastoca el lenguaje en una sucesión de metáforas entrelazadas. Su poesía -la de este libro también- tiene un lugar destacado por la extrema sensibilidad, la pureza de las palabras, el ritmo y la musicalidad.

Tiene el poemario una construcción intelectual bien diseñada, que se corresponde con una concepción, tan apacible como impetuosa, de la vida sentimental.

Parece que en “El musical acento de tu nombre” no hay una alegría alborozada, pero está, aunque el propio autor no lo vea. Es lo que tiene ser un buen poeta: que entra en la poesía como Pedro por su casa.

Y esa alegría nos la trae el aire del libro a los ojos de los obreros.

https://www.youtube.com/watch?v=JsiMmSH-nGc