HERE'S LOOKING AL YOU de Harvey Townshend, Boria Ediciones

 




SINOPSIS:

[…] el padre del abuelo ralph miraba las bombas desde la azotea había una trampilla al entrar en la cocina el botón de la quinta planta descansaba boca abajo el niño quedó postrado en una silla de ruedas paul mc archer colocó un gusano entre sus dientes joe carrot esperaba junto a la tienda de máquinas de escribir el cobalto no funcionó para tío joseph…
Aquella noche, Harvey llevaba rato sentado cuando entré por la puerta del bar de Austin. Sobre la mesa, un bloc completamente atestado de notas escritas a mano. (…) son pensamientos escritos a vuelapluma. Imágenes, flashes que me han venido a la mente en estos diez últimos años. Mi manera de volver a trazar el camino desde el principio. De recoger del arcén los momentos importantes que quedaron olvidados. Mi segunda convocatoria, mi diario de redención. (…) Eso dijo Harvey.

[…] sonaba la radio a todas horas popeye era un imbécil el día que murió el payaso no pude dejar de llorar muñecas rusas en la casa de tía amelie la luz de una linterna rasgaba el polvo y las cabezas…

BIOGRAFÍA DEL AUTOR:


Harvey Townshend (Albert Lea, Minnesota, 1971) aprende, con apenas cinco años, a tocar de oído Red River Valley en una flauta Honner de madera de cedro. Este hecho, junto con el de no ser capaz de mantenerse erguido sobre unos patines, marca el devenir de buena parte de su infancia y adolescencia. Superada la educación secundaria, marcha a Boston y consigue una licenciatura en Literatura Inglesa por la Universidad de Massachusetts, tras la que pasa de puntillas por diversos trabajos de dudosa proyección, hasta verse envuelto en un escabroso suceso que no viene al caso. Hastiado de caminar sin dejar huella, decide regresar a su pueblo natal para establecerse de manera definitiva en la casa que perteneció a sus abuelos, no sin antes despedirse de la realidad underground, junto con Dean Moriarty, en un viaje de costa a costa del país, atravesando la práctica totalidad de estados norteamericanos. Es en el trascurso del mismo donde se inicia en el mundo de los viajes astrales.

Su carrera literaria, totalmente inédita, comienza a tomar forma precisamente en uno de esos desplazamientos incorpóreos, tras conocer a Javier Tortosa (España), persona afín a Harvey en devociones e inquietudes. Después de varios encuentros astrales, en los que terminan forjando una entrañable y confidente amistad, ambos reconocen sus limitaciones como literatos de manera individual y sellan un acuerdo tácito por medio del cual Harvey trasladará sus ideas y experiencias a la tinta y al papel de su alter ego en el otro lado del charco. Trazos en falso (2017, Boria Ediciones) y el presente Here’s looking at you son el resultado del citado acuerdo hasta la fecha.

PRIMERAS PÁGINAS

Albert Lea, diciembre de 2011

No hubo primavera en el noventa y cuatro. Al menos, yo no tengo constancia de ello. Sí del invierno. Duro, frío, áspero. Y del verano. Excesivo, abrasador, indecente. Fueron días difíciles, puedes jurarlo. Días sin nombre, sin calendario. Duros de digerir, imposibles de olvidar. Aquí siguen, a flor de piel. Como el roce de una ortiga, como labios cuarteados por el viento. Una ventana abierta en noche de tormenta, el eco de unos tacones desmontando el silencio... En el noventa y cuatro hubo invierno. Y verano. De la primavera, ni rastro.
El hígado de Bukow hizo aguas. Los sesos de Kurt saltaron por los aires. Nixon cruzó la puerta. Johnny Temple se fue por donde había venido. Despedidas, fin de emisión. No sé muy bien por qué pienso esto, por qué ahora, por qué no antes. Será que hace años que no piso las tablas, que bajé del escenario, que abandoné el plano secuencia y empecé a mirar a través del visor. Sentado en tu silla, con tu chaleco gastado, observando la escena, sujetando la red. Apuntando palabras olvidadas. Sí, probablemente ese sea el motivo. Los tiempos han cambiado, viejo, el enano me puso en tu lugar. Y he vuelto a bajar la ventanilla. Al camino de hierbas aplastadas, a la grava bajo los neumáticos. A los días de ruta, a las noches en guardia, a las tardes de menta, a la tierra batida. A todo lo que quedó pendiente. Al maldito tiempo perdido.
El noventa y cuatro se fue sin primavera. Nos la quitaron de cuajo, sin anestesia, ni previo aviso. Con alevosía. Y nocturnidad. No quisimos darnos cuenta, no pudimos, más bien. Costaba creer que todo aquello estuviera sucediendo. Mejor mirar para otro lado, taponar la herida, huir hacia adelante.
Más tarde llegaron las lluvias. Las brigadas de limpieza ocultaron el rastro, lavaron la ropa. Pero no, no fue un sueño, un mal sueño. Ocurrió de veras, nos la quitaron. La primavera. Para no devolverla. Acto seguido, ardieron las nubes. Cincuenta grados. El cielo crujía, el asfalto sudaba. Todas las calles quedaron cuesta arriba. Miro mi rostro en el espejo… es cierto, he tomado alguna curva de más. Y bastantes rodeos. Pero aquí estamos. De nuevo, de siempre. En cierto modo, los pasos que no damos también nos enseñan el camino. Eso creo. Y, sí, lo sé, te debo una. No me olvido, viejo, no pienso hacerlo. Nos ha costado, pero nunca es tarde. Qué diablos...

*****


[…] el balón subía cien metros y faraday remataba de cabeza mary wave nació de madrugada josephine nos prohibió beber en el lavabo del baño el vestido del bolsillo en el pecho en aquella balsa no había ranas el abuelo ralph limpiaba mis zapatos una luz roja en la mesilla de noche el sabor amargo al estampar las cartas alquitrán en el patio del colegio el silbido al abrir la puerta las manos de tía mary…

*****
kilómetro cero

es confuso el momento
en el que dejaron de crecer
las piedras
sobre nuestra carretera


fue
fundiéndome en sepia
rodeado de flashes que surgen
de cientos de rincones clandestinos

los recodos cobran vida
se difumina el dibujo
de los neumáticos
y todo acontece a nuestro paso
árboles
casas
serpientes vacías
iglesias cerradas
perros somnolientos
viejos inmortales

adivino tu mirada a través del retrovisor
y respiro aliviado
consciente
de que en cada parada
tomarás mi hombro
cuidarás mis pasos
y yo te veré
te seguiré viendo-
enorme

puertas selladas marcan el rumbo
hasta llegar al umbral
donde una dama de negro
nos sale al encuentro

afila sus iris
atrapa los míos
y muestra descarada sus perlas
de oro macizo

las postales se suceden
fluyen como agua
sobre cantos rodados
el viento se esfuerza en agitar
a imagen
pero todo permanece inmóvil
en un mismo fotograma
en un único intervalo
de espacio-tiempo

afuera está oscuro
el motor se incorpora al silencio
y yo reconozco la casa

cuento los días para la siguiente ruta
sé que la llave descansa en mis manos

ya nada puede sucederme


nada
nada
nada
 
Fragmento: https://casabukowski.com/poesia/harvey-townshend/

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