DE PERFILES, VÉRTICES, PLANETAS, CUERPOS, ÁRBOLES Y ESCENARIOS

miércoles, junio 15, 2016

"Buenos días, las hojas en blanco te esperan aquí."




Beatriz Pérez no precisa  definiciones o preámbulos o aclaraciones porque su voz es definitoria en sí misma, sin alardes semánticos, sin estructuras de ingeniería poética, sin más puente que el que se establece entre los versos y el lector.
¿Entrañable? Sí. ¿Sinceramente desnuda? Sí. ¿Obra pictórica? Sí. ¿Fotogramas de una o mil vidas? También, pero sobre todo, para mí es sencillamente honesta. Y bajo el auspicio de esa honestidad primigenia, el lector se encuentra abrazado a singularidades tan directas como esta:
Sigue olvidando,
puede que amanezca la luna
desde el suelo de una noche transpirada”.
 Y la magia impregna, como lo hace siempre con la buena poesía, todo átomo, toda capacidad sensorial y toda atención. Su voz poética rapta los ojos del lector, es un hecho.

“A veces, te despedías de todo para siempre”, dice la poeta en “La gravedad”, y la gravedad se hace más grave si cabe, se agranda el vacío y la página, de repente, es inmensa. Así de llano es el camino de Beatriz, así de palpitante, con la rotundidad de las palabras justas para decirlo todo sin aspavientos.
Nebulosas, universo, planetas, son continentes que subrayan los versos de Beatriz Pérez, como si la palabra pudiera reinventarse en los silencios, en los espacios sin tiempo, y tras la experiencia de la lectura de De perfiles, vértices, planetas, cuerpos, árboles y escenarios  puedo asegurar que sí se puede.

Por supuesto hay códigos personales de la autora en los poemas.  En Numb, la espera sostenida por ejemplo, toda una ciudad interior repleta de espacios flotantes que se interrelacionan, suben, bajan, se hablan y susurran, conforman una suerte de fluidos que nos visten, o mejor dicho nos desvisten, permitiendo al lector hacer de ellos sus paisajes particulares, emprender con ellos nuevos viajes o pintar escenarios diversos. Esa es, justamente, la virtud necesaria para que un poema abandone a su progenitor y trascienda, crezca y se convierta en un adulto universal, es decir en poesía.
Marian Raméntol

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DE PERFILES, VÉRTICES, PLANETAS, CUERPOS, ÁRBOLES Y ESCENARIOS

miércoles, junio 15, 2016

"Buenos días, las hojas en blanco te esperan aquí."




Beatriz Pérez no precisa  definiciones o preámbulos o aclaraciones porque su voz es definitoria en sí misma, sin alardes semánticos, sin estructuras de ingeniería poética, sin más puente que el que se establece entre los versos y el lector.
¿Entrañable? Sí. ¿Sinceramente desnuda? Sí. ¿Obra pictórica? Sí. ¿Fotogramas de una o mil vidas? También, pero sobre todo, para mí es sencillamente honesta. Y bajo el auspicio de esa honestidad primigenia, el lector se encuentra abrazado a singularidades tan directas como esta:
Sigue olvidando,
puede que amanezca la luna
desde el suelo de una noche transpirada”.
 Y la magia impregna, como lo hace siempre con la buena poesía, todo átomo, toda capacidad sensorial y toda atención. Su voz poética rapta los ojos del lector, es un hecho.

“A veces, te despedías de todo para siempre”, dice la poeta en “La gravedad”, y la gravedad se hace más grave si cabe, se agranda el vacío y la página, de repente, es inmensa. Así de llano es el camino de Beatriz, así de palpitante, con la rotundidad de las palabras justas para decirlo todo sin aspavientos.
Nebulosas, universo, planetas, son continentes que subrayan los versos de Beatriz Pérez, como si la palabra pudiera reinventarse en los silencios, en los espacios sin tiempo, y tras la experiencia de la lectura de De perfiles, vértices, planetas, cuerpos, árboles y escenarios  puedo asegurar que sí se puede.

Por supuesto hay códigos personales de la autora en los poemas.  En Numb, la espera sostenida por ejemplo, toda una ciudad interior repleta de espacios flotantes que se interrelacionan, suben, bajan, se hablan y susurran, conforman una suerte de fluidos que nos visten, o mejor dicho nos desvisten, permitiendo al lector hacer de ellos sus paisajes particulares, emprender con ellos nuevos viajes o pintar escenarios diversos. Esa es, justamente, la virtud necesaria para que un poema abandone a su progenitor y trascienda, crezca y se convierta en un adulto universal, es decir en poesía.
Marian Raméntol

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